Por Diego Castañeda

Entre economistas las palabras crecimiento y desarrollo suelen ser usadas de forma intercambiable. El incremento en la calidad de vida suele aproximarse con el crecimiento del PIB per cápita; por tanto, el crecimiento es considerado un sinónimo del desarrollo. En una visión más amplia de lo que es el desarrollo, el crecimiento es un factor importante. Es una condición necesaria aunque no suficiente. 

No sólo importa (e importa mucho) que la economía crezca. Es la única forma de generar empleos, porque en principio pone más recursos en manos del Estado para proveer bienes públicos, etcétera. Sin embargo, importa también cómo ese crecimiento es distribuido. Que éste se pueda sostener en el tiempo; es decir, no sólo que un año se crezca al X% y luego la tasa caiga.

desarrollo

Foto: Shutterstock

 En México los retos del desarrollo en relación con el crecimiento son dobles. Primero, porque desde hace casi 40 años se crece a una tasa pequeña. México no está convergiendo con los países más ricos. Está en lo que algunos llaman la “trampa de renta media”; algo que llamo, haciendo un símil con lo que pasaba en la India entre los años 50 y 80, “la tasa mexicana de crecimiento”. Un crecimiento que ronda poco más del 2 por ciento anual en promedio y que en términos per cápita apenas llega al 1 por ciento y a veces está por debajo, una tasa de crecimiento premoderna. Además como si casi no crecer no fuera suficiente, existe un fuerte problema distributivo.

México es sumamente desigual, el 1 por ciento más rico concentra más del 20 por ciento del ingreso y las ganancias del poco crecimiento quedan capturadas entre pocas personas. 

Para que México alcance un mayor nivel de desarrollo hay que corregir estos problemas de forma simultánea. Crecer más y distribuirlo mejor. ¿Puede México crecer a tasas asiáticas? Hoy se antoja muy poco probable. El PIB potencial del país es apenas de 2.6 por ciento, para crecer a tasas asiáticas, pensemos más del 6 por ciento de forma sostenida en el tiempo, hace falta elevar la productividad del país de forma sustancial

La parte buena del problema es que arreglar los problemas distributivos del país y sus problemas de productividad en muchos sentidos van de la mano. Invertir más en educación, salud e infraestructura, sobre todo en el sur, además de promover formación de capital humano y por lo tanto productividad futura, también implican un esfuerzo redistributivo. El problema de la desigualdad en México es también un problema de capital humano. Es también un problema de productividad. Así pues, está estrechamente relacionado con el problema del crecimiento.

Cuarta Transformación

Imagen: Shutterstock

Reducir el número de monopolios y oligopolios no sólo disminuye la proporción del ingreso que se concentra en algunos lugares, también destapa cuellos de botella a la inversión, hace más rentable invertir en el país; con ello, mejoraría la productividad. Invertir en infraestructura tiene impactos directos en productividad y tiene impacto directo en acceso a mercados laborales, de factores y bienes en las regiones con más atraso en el país.

Todo esto tiene impactos directos en la distribución del ingreso y en el potencial de crecimiento del país. 

La agenda de crecimiento económico, un crecimiento mejor distribuido, inclusivo, debe ser la agenda de desarrollo del país. Se deben ver como condiciones necesarias para alcanzar los niveles de vida que deseamos que toda la población del país tenga. No se puede pensar en niveles mayores de desarrollo sin pensar en que el sur del país debe crecer más y convergir con el resto del país. No se puede pensar que eso sea posible sin redistribuir recursos de las partes más ricas del país hacia el sur.

desigualdad

Foto: Shutterstock

La política fiscal, económica y de desarrollo del país están íntimamente relacionadas. Si las tres no trabajan en sincronía, México va seguir en la tasa de crecimiento mexicana, con un país individual y regionalmente muy desigual. Sin opción de un día ser un país rico. 

*****

Diego Castañeda es economista por la University of London.

Twitter: @diegocastaneda