Discos para escuchar de principio a fin (Vol. 1)

Desde hace varios años, el concepto de disco como obra uniforme donde cada canción pesa, cada vez va tomando menos significado. Vivimos en la era de la compresión musical, de la baja calidad en el audio; de Spotify, YouTube y tu iPod; y a pesar de que tenemos más música a nuestro alcance que en ninguna otra época, parece que el pasar del tiempo y nuestras “vitales” obligaciones sociales, nos han dejado fuera de la cancha para sentarnos y escuchar atentamente la obra de un artista.

Para los aferrados que aún disfrutan de la música como un concepto de exploración y autodescubrimiento – algo parecido que leer un libro – y no como mero pasatiempo, escucha estas obras. Seguro ya te las sabes, y si no, toma nota.

David Bowie – Low (1977)

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Sólo pon a la aspiradora de influencias y vampiro más astuto del pop después de descender de una montaña de cocaína y una obsesión insana con el ocultismo en Los Ángeles. Quítale las drogas de tipo A, pero ofrécele alcohol. Mándalo a grabar algo a Château d’Hérouville en Francia y Hansa Studios en Berlín con otro pervertido del sonido llamado Brian Eno y con Carlos Alomar – un guitarrista de la escuela de “menos es más.” Low es Bowie en su lado más experimental, oscuro, pensante y avant-garde. ¿Acaso “Subterraneans” es la canción más triste de la historia?

Robert Johnson – The Centennial Collection (2011)

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Dicen que todos los caminos llevan al blues. Por lo tanto, todos los caminos llevan a Robert Johnson ¿Y por qué no empezar (y terminar) con su colección que celebra 100 años desde que el músico más influyente y aún infravalorado de la historia de la música popular visitó este planeta? No hay otro lugar a donde ir cuando se buscan referencias a los Stones, Zeppelin, The Who y una infinidad de artistas que se dicen precursores. El rey goethiano del delta blues que vendió su alma al diablo es el camino para empezar y terminar el viaje. No hay más. Si escuchas “King Hearted Woman Blues” o “Love In Vain” y no sientes nada, probablemente estás muerto por dentro. Puro feeling, desfachatez y honestidad embellecidas con una guitarra diabólica que no vale nada e inmortalizadas en lo-fi por un afroamericano y genio marginado. Brillante.

Nico – Chelsea Girls (1967)*

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¿Existe algo más triste que la separación de Nico en The Velvet Underground? Así es. Sólo descubre la discografía solista de esta teutona para pensar que no existe un mejor mañana. Su debut pseudo warholiano podrá ser la menos sombría de su indispensable trilogía del 67 al 74, pero es cuestión de escuchar su voz fundida en arreglos de sus ex compañeros y Jackson Browne para entrar al mundo de desolación de esta trágica artista. Sin percusiones, embellecido por la viola de Cale y otros temas de la autoría de su ex banda, esta oscura y conmovedora entrega junto con su bello cover a Dylan y la macabra, “It Was A Pleasure Then”, fácilmente pondrían a temblar a Siuoxsie Sioux.

*No apto para todo público

Bruce Springsteen – The Rising (2002)

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Toma como escenario el caótico y desesperanzado momento post 9/11 como inspiración de esta obra que desborda tristeza y nostalgia en los días en los que el pánico y la psicosis eran el pan de cada día. En The Rising, Springsteen toma como referencias días desolados, el cielo gris neoyorquino después de la hecatombe, una ciudad en ruina, pero también la esperanza de un mejor mañana en un disco musicalizado magistralmente. Uno de los mejores de El Jefe.

Neil Young – Le Noise (2010)

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¿Qué pasa si pones a Neil Young sin ningún otro músico a jugar con pedaleras y guitarras después de treinta y dos discos de estudio a su nombre? Producido brillantemente por Daniel Lanois, este disco es uno de los mejores del siglo embellecido por la melancólica voz de padrino del grunge y sus relatos autobiográficos. Desde momentos perversos que relatan la paranoia de Young a causa de la cocaína hasta temas con guitarra acústica que pasarían entre canciones de cuna y marchas fúnebres. Vaya que suena enojado nuestro granjero favorito que a sus casi 70 años, pone a los “rockstars” del momento a llorar en sus casitas de cristal. Obra maestra para los fetichistas de las seis cuerdas y las posibilidades que éstas ofrecen.

Por: Alejandro De Luna
@thesenseofdoubt