Por Olympia Ramírez Olivárez

Narrador, periodista y escritor jalisciense, Bernardo Esquinca es hoy una de las figuras clave en la literatura fantástica y de terror mexicana. Ha publicado y participado en importantes medios de comunicación como Letras libres, Nexos, Milenio, Reforma, Tierra Adentro y en la radio de la Universidad de Guadalajara. En tanto a obras literarias encontramos Belleza roja (FCE, 2005), Los escritores invisibles (FCE, 2009), Los niños de paja (Almadía, 2008), Ciudad fantasma. Relato fantástico de la Ciudad de México (XIX-XXI) (Almadía, 2017) y, su más reciente novela, Las increíbles aventuras del asombroso Edgar Allan Poe (Almadía, 2018).

En el marco del Hay Festival 2019, conversé con Esquinca acerca de Edgar Allan Poe, de su última publicación, del terror real y del fantástico al igual que del proceso creativo de dicho subgénero.

Olympia Ramírez Olivárez: Hace poco publicaste Las increíbles aventuras del asombroso Edgar Allan Poe. ¿Por qué elegiste a este autor para reescribir su historia? Tenemos una imagen de él: decadente, el típico escritor romántico. ¿Por qué él?

Bernardo Esquinca: Fue el primer escritor que leí con mucha atención en mi adolescencia, entonces es mi héroe literario, es como mi maestro. Causó un gran impacto en mí, su influencia sigue siendo decisiva en lo que escribo. Quería rendirle un homenaje; no estaba preparado antes, pero en 2015, que escribí esta novela, sentí que ya tenía ciertas herramientas del oficio como para poder devolverle un poquito de lo mucho que él me dio como maestro indirecto al yo admirarlo, al leer las cosas que escribió con mucha devoción y el recibir esa influencia. Entonces eso era, devolverle un poquito de lo mucho que me dio. Tal cual, un homenaje.

En cualquier momento de nuestras vidas, como lectores, tenemos que enfrentarnos a Edgar Allan Poe. En ese enfrentamiento literario, ¿cómo fue que su obra te incitó a escribir?

Me gusta como lo dices: Tarde o temprano todos, en algún momento de nuestras vidas, si nos gusta la literatura, la literatura de terror, debemos enfrentar a Edgar Allan Poe; es una lectura obligada. Pero lo dices bien, hay que enfrentarlo porque su literatura no es fácil porque explora la mente atormentada, el alma atormentada. Entonces, para mí fue justo eso, tener que enfrentar. Lo que hace Edgar es enfrentar a tus propios demonios. Eso es muy importante para todo lector en formación o para todo lector experimentado: toparte con un autor que sí te va a hacer mirar a tu parte oscura. Pero mirar a tu parte oscura para abrazarla, no tanto para asustarte y rechazarla. Lo que hace la buena literatura de terror es enfrentarte a tus demonios, a tus miedos más profundos pero para abrazarlos, porque ésa es la manera en que puedes trascenderlos

¿Entonces Edgar Allan Poe es quien te motivó a escribir cuento y ficción de terror?

Bueno, es algo que yo ya traía desde muy pequeño. Pero sin duda, el encontrarme a él y ver como un espejo, una sensibilidad macabra con la que yo me identificaba profundamente, fue un estímulo muy importante de atmósferas, de climas, de técnicas, pero sobre todo de una sensibilidad macabra. Entonces yo dije “Éste va a ser mi maestro, mi gurú”, y sin duda fue fundamental para que yo siguiera el camino de la literatura de terror. Me mostró muchas maneras de poder narrar, sobre todo esta mirada de la mente y el alma atormentadas.

¿Crees que escribir literatura de terror, siguiendo la línea del alma atormentada, es un desahogo catártico?

Sí, totalmente. La literatura de terror es sumamente catártica, es como un exorcismo, yo creo que ésa es la palabra realmente indicada. Al hablar de nuestros miedos más profundos, uno los puede sacar desde lo más profundo. A veces esos miedos, esos traumas que todos tenemos, están guardados, están ahí como en el sótano de la mente causando un daño, que a veces no nos damos cuenta. Y justamente mediante la lectura de literatura de terror o la escritura de literatura de terror hacemos que abandonen ese sótano y salgan; se exterioricen, los podamos visualizar, enfrentar y superar.

Siempre me gusta decir que para mí la literatura de terror me ha salvado muchas veces del psicólogo, y a veces, otras, he tenido que ir al psicólogo pues porque es algo necesario. Pero sí, tal cual un exorcismo: tú puedes, justamente, procesar muchas experiencias de vida, muchos terrores que a veces uno carga desde mucho tiempo atrás y no se ha dado cuenta, gracias al proceso al que nos enfrenta la literatura de terror.

Ya vimos un poco la literatura de terror desde la perspectiva del autor, del creador, pero ¿cuál es el efecto de ese exorcismo en el lector?

Mira, a mí como lector de literatura de terror, lo que me ocurre es una mezcla de rechazo y de atracción, que eso es lo que tiene toda la parte morbosa del ser humano. Si yo leo algo de terror que me tiene al borde del pánico, no puedo parar. Entonces es una de las grandes paradojas y una de las grandes cosas que causa la literatura de terror. A mí me gusta eso. Yo creo que todos tenemos esa mezcla, incluso en las películas. A pesar de que nos estamos asustando mucho, no podemos parar. Esa dualidad, atracción-repulsión, es la base de toda literatura de terror, y lo que experimentamos como lectores o espectadores de terror es eso: sabemos que no queremos seguir mirando y no dejamos de mirar. Y entonces como narrador de terror, yo busco explotar eso, esa dualidad donde podemos jugar con nuestra emoción humana más antigua que es el miedo a lo desconocido.

Me gustaría platicar ahora un poco acerca de la antología de cuento supernatural que hiciste en compañía de Vicente Quirarte, Ciudad fantasma. ¿Cómo fue el proceso de selección de textos? En el prólogo mencionan que el crear esta antología de terror que hable de la Ciudad de México fue como cumplir una apuesta. ¿Qué fue lo que determinó la permanencia de estos cuentos?

Es un homenaje de Vicente Quirarte y mío a nuestro gran amor que es la Ciudad de México y a la literatura fantástica y sobrenatural que también amamos. Y ésa era la idea, rastrear el árbol genealógico de la literatura fantástica en México, que extrañamente no ha abundado. La literatura mexicana es recalcitrantemente realista, de la novela de la Revolución para acá; pero sí hay un camino que se ha recorrido y queríamos ponerlo ahí con el objetivo o parámetro muy claro de que la Ciudad de México tenía que aparecer como un personaje. A partir de ahí quedaron descartados muchos. Ése fue un parámetro que nos fue guiando y queríamos rastrearlo desde el siglo XIX hasta nuestros días; entonces hay clásicos, autores consagrados, autores jóvenes —en su momento Luisa Iglesias era inédita, que es la más joven de la antología y quien cierra el volumen—, entonces era eso.

Pero es una gran carta de amor a la Ciudad de México y a la mezcla que nos produce a todos los que la habitamos, los que la visitamos, etcétera, que es una relación de amor-odio que nos causa esta ciudad porque tiene un esplendor, una luminosidad, pero también tiene un lado oscuro muy fuerte. Y ése es un escenario ideal para la literatura fantástica y de terror por sus historias, sus leyendas, sus recovecos, sus personajes, es una ciudad con capas y capas de historia, es muy explotable, y hay cuentos que, la verdad, son icónicos como el cuento “La fiesta brava” de José Emilio Pacheco, que es el primer cuento sobre el Metro de la Ciudad de México. En fin, muchos otros que estaban desperdigados y que creo que al juntarlos acá se crea una Caja de Pandora a la mexicana.

El índice de lectores mexicanos es muy bajo. ¿Tú crees que este morbo, esta dualidad que mencionabas en la literatura de terror pueda aumentar el número de lectores en el país?

Es difícil el tema de la literatura en México porque es escasa, como se sabe, y hay muchos distractores, muchas veces incluso desde los programas de educación pública no se atiende adecuadamente el tema de la lectura. Pero la literatura de terror es una buena puerta para ganar lectores; lo he comprobado. La mente del adolescente siempre es más impresionable, más maleable, sobre todo más abierta a las posibilidades de lo imposible. Entonces gusta, particularmente, la literatura de terror en jóvenes con autores como Lovecraft, Edgar Allan Poe. Claro que gusta en adultos, pero, también, mucho en jóvenes. Entonces, la puerta del terror sirve para ganar lectores, formar lectores. Y yo creo que una antología como Ciudad fantasma puede captar lectores en este país, que nos urge subir los índices de lectura, que están tan bajos. La lectura salva, abre la mente. La lectura puede restituir el tejido social tan dañado en este país.

¿Cómo ese terror rompe o se diferencía con el terror real que se vive en México?

Es distinto. La literatura sobrenatural no es lo mismo que pasa en México, aunque a veces lo que pasa en México puede ser de película. Pero es una triste realidad. La literatura sobrenatural, aunque hable del mundo de todos los días, lo hace desde otro ángulo. Un ángulo que nos permite ahondar en otras profundidades y que nos permite entender por qué está pasando lo que nos está pasando. Si uno lee Ciudad fantasma, nos remitimos hasta la Llorona, hasta la época prehispánica, también aparece la Coatlicue, en fin… Pero finalmente esas violencias metafóricas del terror de la literatura sobrenatural están presentes de otra manera en el mundo real.

El ángulo de la literatura fantástica y de terror me parece muy interesante para no ser tan obvios para hablar de lo que hablan los noticieros, los programas de tele y de la radio, sino que, desde el ángulo de la literatura, entender la oscuridad.

¿Creerías, entonces, que en el caso de la literatura mexicana, lo fantástico es un escape  de la realidad en que vivimos?

Sí. No diría un escape, sino una alternativa. Si la literatura mexicana se decanta en su mayoría por el realismo, pero tenemos un país con una gran tradición de superstición, de pensamiento mágico, de pensamiento religioso desde la época prehispánica, pues es increíble que en la literatura no sea la que abunde la fantástica. Pero sí es una alternativa. La literatura fantástica y de terror, esto lo dijo Stephen King, nos mete en una caverna, nos refugia, donde ahí lamemos nuestras heridas para salir, listos, para la batalla más importante y terrible que es la del mundo real.