Por Olympia Ramírez Olivárez

La teoría literaria más simple establece que la estructura de una obra narrativa consiste de tres partes en el siguiente orden: inicio, nudo o conflicto, y desenlace. Si bien esto ha funcionado como una norma general, varias obras, a lo largo de los años, han jugado con dicha estructura. César Aira en Las noches de Flores (Penguin Random House) experimenta con cada una de estas etapas al igual que con la recepción en el lector.

Un matrimonio mayor se ve obligado a realizar un trabajo inusual: delivery de pizzas a pie. La historia relata, a partir de las caminatas nocturnas de la peculiar pareja, la crisis que a inicios de este siglo azotó Argentina. Los recorridos de Aldo y Rosa Peyró por el barrio clasemediero de Flores los hacen testigos de la nueva realidad que los sumerge y las alteraciones que la sociedad ha adoptado para sobrellevar dicho episodio. Esta pareja está en contacto con diferentes personajes que son el reflejo de la comunidad de esta zona privilegiada, por lo que se presenta el impacto de la inseguridad a partir del testimonio de quienes rodean a los Peyró. A ratos pareciera que este fenómeno escasea o afecta mínimamente el área; sin embargo, el seguimiento mediático del secuestro de Jonathan, un joven motociclista repartidor de pizzas, es el inicio de una serie de actos corruptos y criminales que, después de mucho tiempo, salen a la luz.

A partir de este desafortunado evento surgen distintas reflexiones acerca de los nuevos estilos de vida, creando un ambiente nostálgico de la tranquilidad y la estabilidad que antes reinaban en el barrio. La historia de Flores comienza a contarse en dos épocas: la de antes de Jonathan y la que nace a partir de su desaparición. Los secuestros y las extorsiones telefónicas no son sorpresa alguna para la población latinoamericana en la actualidad, pero en sus inicios sí lo fueron. Todos aquellos casos en los que se requería una negociación por el rescate de una persona se mantuvieron en la oscuridad al ser la no intervención de los cuerpos policíacos la primera condición que se imponía a los familiares de los rehenes; al no cumplirse el primer requisito, todo el proceso de negociación por el rescate del joven repartidor resulta en la aparición de su cuerpo desmembrado.

A partir de entonces, Flores cambia. Comienza la investigación de un delito, hasta ese momento inexistente para el ojo público. De la noche a la mañana los secretos ilícitos de la ciudad comienzan a brotar como si Jonathan hubiera sido la mano que destapó las aguas negras de la coladera. Todo lo que se mantuvo oculto, prohibido, comienza a salir por las calles sin intervención alguna más que la del fiscal constitucional Zenón Mamaní Mamaní, encargado de la investigación de Jonathan.

Y es ahí donde Aira introduce la sorpresa. Lo que ya parece una historia determinada de pronto toma otro camino y crea nuevos relatos. Aira demuestra con maestría que no existen ni un orden preciso ni los límites tajantes en las partes de una obra narrativa. Cada una de las etapas que se nos presentan están contaminadas de la que es su predecesora, o su sucesora para el caso, dejando así migajas de lo que aún no se sabe concretamente pero sí se intuye. Desde el inicio de la novela conocemos el final de la obra: la negociación del rescate no fue exitosa; sin embargo, con la alteración temporal de los eventos, Aira hace de esta narración una historia de suspenso: conocemos los extremos, el principio y el final, pero todo lo que acontece en medio se va descubriendo paulatinamente mientras se tejen historias paralelas al asesinato de Jonathan.

Sospechar de lo que se narra y la manera en la que se presentan los hechos es indispensable al momento de consumir este libro. Las noches de Flores genera tensión al no respetar el orden lineal de la historia al mismo tiempo que crea nuevas líneas narrativas involucradas en el caso de Jonathan. La novela de Aira retrata el comienzo de la nueva realidad de la clase media bonaerense y su espera por un devenir más benévolo y tranquilo. Nadie en esta obra queda libre de las consecuencias de la crisis, y cada quien, sin importar qué haga, deberá encontrar la manera de sobrevivir el desequilibrio nacional a su manera, así sea por medio de la imaginación o de las carreras en motocicleta.

Cesar Aira