Lo que necesitas saber:
El conflicto ya alcanzó a otros países de Medio Oriente y hasta a Chipre, en Europa.
La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán ya prendió las alarmas más allá de Medio Oriente. EU incluso lanzó una alerta de seguridad para sus ciudadanos y pidió evitar viajes a la región.
Y aunque el conflicto tiene a tres protagonistas principales, otros países ya recibieron ataques, albergan bases militares o tienen grupos armados involucrados. Para entender quién anda metido y por qué, acá va el mapa rápido.
Estados Unidos: el actor que abrió la nueva escaleta
El gobierno de Donald Trump ordenó los ataques contra Irán junto con Israel. Washington señala como objetivos el programa nuclear iraní, sus misiles balísticos y las fuerzas aliadas de Teherán.
Estados Unidos, además, tiene una importante presencia militar en Medio Oriente. Esa red de bases explica por qué países como Qatar, Bahréin, Kuwait, Irak, Jordania, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos terminaron expuestos a los ataques iraníes.
En otras palabras: aunque esos gobiernos no hayan declarado la guerra a Irán, sus instalaciones militares los convirtieron en parte del campo de batalla.
Israel: el otro protagonista
Israel coordinó la ofensiva con Estados Unidos y lanzó ataques contra objetivos iraníes.
El gobierno de Benjamin Netanyahu sostiene desde hace años que el programa nuclear iraní representa una amenaza para la seguridad de Israel. Ahora, además de los ataques contra Irán, Israel ha recibido una lluvia de misiles iraníes.
Y el conflicto tampoco se quedó en la frontera israelí: Hezbollah, grupo armado respaldado por Irán en Líbano, volvió a atacar territorio israelí, lo que provocó nuevos bombardeos israelíes contra posiciones del grupo en Beirut.
Irán: bajo ataque y contraatacando
Irán se convirtió en el principal objetivo de la ofensiva estadounidense-israelí.
Los ataques alcanzaron instalaciones militares y otros objetivos estratégicos, además de provocar la muerte de altos funcionarios iraníes, incluido el líder supremo Ali Jamenei, según reportes de los primeros días de la guerra.
Teherán respondió con misiles y drones contra Israel y contra países que albergan bases estadounidenses.
Su gobierno defiende su derecho a mantener un programa nuclear con fines pacíficos, mientras Estados Unidos e Israel consideran que ese programa representa una amenaza. Pero Irán tampoco pelea completamente solo.
Durante décadas, Teherán ha financiado y armado a grupos aliados en países como Líbano, Irak, Siria y Gaza.
Líbano: el frente de Hezbollah
Aquí aparece Hezbollah, una organización político-militar respaldada por Irán.
El grupo lanzó ataques contra el norte de Israel y, como respuesta, Israel bombardeó zonas del sur de Beirut donde Hezbollah mantiene su principal bastión.
Así, Líbano terminó involucrado, aunque el gobierno libanés no sea quien dirige la ofensiva contra Israel. El problema es que Hezbollah conserva armas y combatientes pese a las enormes pérdidas que sufrió durante la guerra anterior.
Arabia Saudita: enemigo de Irán, pero sin querer entrar en la guerra
Arabia Saudita mantiene una relación estratégica con Washington y alberga personal e instalaciones militares estadounidenses. Eso la convirtió en uno de los objetivos de los ataques iraníes.
Irán lanzó misiles contra instalaciones militares y el aeropuerto de Riad, de acuerdo con reportes de esos días. Los países del Golfo, además, condenaron conjuntamente los ataques iraníes y defendieron su derecho a responder ante ellos.
Aquí hay un detalle importante: Arabia Saudita e Irán habían avanzado en la normalización de sus relaciones durante los últimos años, después de décadas de rivalidad.
Jordania: atrapada entre sus vecinos
Jordania tiene una relación cercana con Estados Unidos e Israel y alberga una importante instalación militar estadounidense.
Durante la escalada, las autoridades jordanas dijeron que sus fuerzas derribaron misiles iraníes que se dirigían hacia su territorio.
El país, además, tiene una enorme población palestina, por lo que cualquier escalada regional puede tener consecuencias políticas y sociales dentro de sus fronteras.
Bahréin: sede de la Quinta Flota de Estados Unidos
Bahréin tiene un papel militar particularmente importante. Ahí se encuentra la Quinta Flota de la Marina estadounidense, responsable de operaciones navales en una zona que incluye el Golfo Pérsico.
Por eso Irán atacó instalaciones vinculadas con la presencia militar estadounidense. Bahréin también mantiene relaciones diplomáticas con Israel desde 2020, cuando firmó los Acuerdos de Abraham.
Irak: otro país con dos fuegos
Irak alberga varias instalaciones militares estadounidenses, pero también cuenta con milicias chiitas respaldadas por Irán.
Eso coloca al gobierno iraquí en una posición complicada: tiene presencia estadounidense en su territorio y, al mismo tiempo, grupos armados cercanos a Teherán operan dentro del país.
Durante la escalada se reportaron ataques contra instalaciones estadounidenses y bombardeos israelíes contra posiciones de milicias proiraníes. Irak, entonces, no es exactamente un actor externo: el conflicto ya ocurre dentro de sus fronteras.
Chipre: la guerra llegó a Europa
Aquí la cosa se puso todavía más delicada. Chipre pertenece a la Unión Europea, aunque no forma parte de la OTAN.
En la isla, el Reino Unido mantiene la base militar de Akrotiri, que fue atacada durante la escalada. El ataque llevó a varios gobiernos europeos a reforzar las defensas de Chipre.
La OTAN, por su parte, dejó claro que no participa directamente en la guerra, aunque su secretario general, Mark Rutte, advirtió que la alianza defenderá el territorio de sus miembros si fuera necesario.
Qatar: aliado de Washington, pero también mediador
Qatar alberga una de las principales instalaciones militares estadounidenses en Medio Oriente. La base de Al Udeid funciona como un centro estratégico para las operaciones estadounidenses en la región.
Pero Doha mantiene una posición diplomática mucho más complicada: también ha tenido comunicación con Irán y ha desempeñado un papel como mediador en las negociaciones relacionadas con Gaza.
Irán atacó instalaciones en Qatar durante la escalada, mientras las autoridades qataríes afirmaron haber interceptado misiles y drones iraníes.
Así que Qatar quedó entre dos mundos: es socio militar en Washington y, al mismo tiempo, uno de los países que ha intentado mantener abiertos los canales diplomáticos.
Kuwait: el gran nodo logístico de Estados Unidos
Kuwait alberga varias instalaciones militares estadounidenses y funciona como un importante punto logístico para las operaciones de Washington en la región.
Eso lo convirtió en otro objetivo de los ataques iraníes.
Las autoridades kuwaitíes informaron de ataques contra la base aérea Ali Al Salem, mientras sus defensas interceptaron los proyectiles.
El país no mantiene relaciones diplomáticas con Israel, pero su estrecha cooperación militar con Estados Unidos lo metió de lleno en la crisis.
Emiratos Árabes Unidos: aliado de Washington y de Israel
Los Emiratos Árabes Unidos también tienen una importante presencia militar estadounidense, particularmente en la base aérea de Al Dhafra.
Además, Abu Dabi normalizó sus relaciones con Israel en 2020 mediante los Acuerdos de Abraham. Durante la guerra, Irán lanzó ataques contra territorio emiratí.
Así que Emiratos se encuentra en una posición bastante particular: es aliado militar de Estados Unidos, mantiene relaciones con Israel y comparte religión con Irán.
Omán: el país que intentaba mediar
Omán es quizá uno de los casos más complicados. El país ha buscado mantener una política relativamente neutral y, antes de la guerra, participaba como intermediario entre Washington y Teherán.
Al mismo tiempo, mantiene acuerdos de cooperación militar con Estados Unidos.
Esa posición no evitó que el conflicto llegara hasta su territorio: las autoridades omaníes reportaron ataques con drones contra el puerto de Duqm.
Entonces, ¿todos están peleando?
No exactamente. Estados Unidos, Israel e Irán son los principales actores militares, mientras que otros países terminaron involucrados porque albergan bases, tienen alianzas con alguno de los bandos o recibieron ataques.
La OTAN, por ejemplo, ha dicho que no participa directamente en la guerra. Su secretario general, Mark Rutte, advirtió, eso sí, que la alianza defenderá cada centímetro de su territorio si fuera necesario.
Y ahí está el principal riesgo: si los países del Golfo pasan de defenderse a responder directamente contra Irán, el conflicto podría abrir nuevos frentes y extenderse todavía más.
