Hace casi dos meses publicamos una nota sobre el “tirito” que un anciano galés se echó con un tiburón para salvar a un grupo de niños en una playa australiana. A causa de esta pelea, este hombre fue despedido de su chamba.

¿A qué se debe que un hombre que arriesgó su vida por unos niños, y adquirió fama y reconocimiento mundial, fuera corrido de su chamba?

La historia es así: Paul Marshallsea, de 62 años, se encontraba paseando junto a su esposa, su hija y varios amigos por las costas australianas. Ahí, asoleaba sus carnes blancas y ya nada firmes, cuando se dio cuenta que un tiburón se acercaba a la zona en la que jugaba un grupo de niños. Entonces, sin reparar en el peligro, este sexagenario personaje entró al agua, forcejeó con el escualo y lo alejó del lugar.

Veamos nuevamente uno de los muchos reportajes que le hicieron:

Tras esto, Marshallsea obtuvo sus cinco minutos de fama. Lo malo es que todo se acaba, incluida su suerte. Al volver a Gales, fue despedido de la compañía donde trabajaba, debido a que se le había permitido ausentarse de su chamba por una supuesta baja médica, y no para que se tomara unos días “de vacación”.

Hay quienes aplican eso de “fingirse enfermos” para faltar un día al trabajo, pero este hombre de plano abusó y en vez de faltar un día mejor se fue a broncear hasta el otro lado del mundo.

Como su imagen fue difundida en los noticieros de todo el mundo, el buen Paul ya no pudo inventarse alguna excusa para justificar que en plena incapacidad fuera visto peleando con tiburones australianos.

Para su desgracia, esta noticia no ha sido tan difundida como su acto heroico. Ahora, muy acongojado, Paul se preguntó al ser entrevistado “¿dónde podré encontrar un nuevo trabajo? Aquí no hay mucha demanda para los que luchan contra tiburones”.

¿Alguien le quiere dar chamba a este señor, experto en ponerle sus cates a un tiburón?