Lo que necesitas saber:
La famosa Casa de los Azulejos es uno de los lugares más importantes del Centro Histórico. Representa un viaje al pasado y aquí tenemos algo de su historia y sus leyendas.
Además de ser uno de los lugares más emblemáticos de la CDMX, la Casa de los Azulejos es una digna representante del encanto arquitectónico que conservan las calles del Centro Histórico. Es un lugar que recibe cientos de visitantes cada día, con una historia que comienza en los tiempos coloniales. Conocida en un principio como la Casa de los Condes del Valle de Orizaba y también como el Palacio Azul, hoy es uno de los edificios más representativos de la capital.

Famosa por su cantera y sus bellos azulejos de talavera poblana que han visto siglos de historia capitalina, el lugar tiene un origen curioso e incluso cuenta con su propio fantasma, visto por sus trabajadores, visitantes y comensales. Este pequeño palacio es considerado como una joya de la arquitectura barroca novohispana, está lleno de anécdotas y leyendas y forma parte de nuestro patrimonio cultural.

Construida como un desafío familiar, pasó de ser residencia novohispana de distintas familias a sede del Jockey Club, alojó la Casa del Obrero Mundial y más tarde, se convirtió en la casa matriz de las tiendas Sanborns, como hoy la conocemos. Aloja hermosas obras de arte y la podemos considerar como un lugar que conserva tiempos pasados y los trae al presente.
El curioso origen de la Casa de los Azulejos
Parte del terreno donde hoy tenemos esta famosa casona del corazón de la CDMX, en las calles de Francisco I. Madero y Cinco de Mayo y casi en la esquina de Eje Central Lázaro Cárdenas, le fue otorgado a Antonio Burgueño por Hernán Cortés. Más tarde fue adquirido por doña Graciana Suárez Peredo y don Luis Vivero, segundo conde del Valle de Orizaba y pariente de los primeros virreyes de la Nueva España.

Ahí hubo una construcción original en el siglo XVI que estaba conformada por la unión de dos casonas coloniales de la entonces calle de Plateros que incluían la antigua Plaza Guardiola, lo que hoy es el edificio Guardiola del Banco de México. Esta famosa casa adquirió sus azulejos y sus trabajos de cantera tiempo después, en el siglo XVIII, en los tiempos en que la familia Vivero eran los propietarios.

Cuentan que don Luis y doña Graciana tenían un hijo conocido por juerguista e irresponsable, encargado de darle disgustos frecuentes a sus padres. Un día, al ver que su hijo ponía en riesgo la fortuna familiar, don Luis le dijo: “Nunca llegarás lejos, ni harás casa de azulejos”, entonces, decidido a mostrarle a su padre de que era capaz de cambiar y madurar, realizó la construcción de la Casa de los Azulejos.
Así sería que en 1737 la casa quedó revestida de azulejos de talavera poblana, acabados de cantera en diseño churrigueresco, barandales mandados a hacer en Japón, fuentes interiores y una hermosa fachada estilo mudéjar, original de las construcciones musulmanas hechas en España durante la Edad Media.
El paso del tiempo
Para 1871 los condes de Orizaba vendieron la casona a Rafael Martínez de la Torre, famoso por construir la colonia Guerrero. Ya durante el porfiriato, en 1891 el pequeño palacio se convirtió en la sede del Jockey Club de México, una sociedad exclusiva fundada por la élite del país, dedicada a las carreras de caballos y la equitación.

En tiempos de la revolución, en 1915, un piso del lugar se ocupó como sede de la Casa del Obrero Mundial y más tarde la casa fue adquirida por el señor Francisco Yturbe, que en 1917 la rentó a los hermanos californianos Walter y Frank Sanborn para que instalaran su negocio de droguería, ampliado con tienda, fuente de sodas, cafetería y tabaquería.

Los hermanos Sanborn ya habían abierto su primer local en la entonces calle de Filomeno Mata, hoy Tacuba, con el nombre de Sanborn American Pharmacy. Para abrir esta nueva sucursal hubo dos años de remodelaciones. José Clemente Orozco pintó el mural “Omnisciencia” en parte de las escaleras de la casa y tiempo después, el artista húngaro Pacologue pinto el mural “Pavorreales” en el primer nivel del patio principal. Las dos obras se conservan hasta el día de hoy.
Leyendas de la Casa de los Azulejos
Tiempo antes de convertirse en tienda y restaurante, un trágico suceso marcó el lugar, cuando el oficial Manuel Palacios asesinó a puñaladas a uno de los entonces propietarios del lugar, el ex conde Andrés Diego Suárez de Peredo, justo al pie de las escaleras del salón principal, supuestamente por que el ex conde se oponía a que Palacios tuviera una relación con una joven de la familia. Otros dicen que el asesinato fue por motivos políticos.

A Manuel Palacios se le condenó y se le ejecutó frente a la Plaza Guardiola y la leyenda cuenta que el fantasma del asesinado Andrés Suárez vaga por el lugar como una sombra y más de una persona lo ha visto.
También cuentan que la viuda del ex conde asesinado enfermó durante la epidemia de cólera que cayó sobre la ciudad en 1833. Sus familiares y sirvientes la creyeron muerta y llevaron su cuerpo al convento de San Diego, frente la Alameda Central, donde hoy tenemos el Laboratorio Arte Alameda.

La viuda había sufrido un ataque de catalepsia y durante su velorio se oyeron ruidos desde el ataúd. De pronto, la caja se abrió y la condesa salió algo confundida para irse caminando por la avenida del Calvario, hoy avenida Juárez, hasta llegar a su residencia, el entonces llamado “palacio azul”. Sus sirvientes tardaron en abrirle ante la impresión y cuando años más tarde murió, su familia esperó algunos días antes de sepultarla para que la anécdota no se repitiera.
El siglo XX y la actualidad
Este edificio fantástico perdió casi 100 metros cuadrados de su extensión cuando se abrió la avenida 5 de mayo en 1904. Ha sido sede de tertulias y reuniones importantes y visitado por los ejércitos zapatistas y villistas durante la revolución. En 1979 lo compró la compañía Sanborns Hermanos para convertirlo en su casa matriz.

Se le declaró como monumento nacional de México el 9 de febrero de 1931 y hoy está entre los lugares más visitados del centro de la capital mexicana. La eterna Casa de los Azulejos causa una gran impresión con su bello exterior y sus interiores que nos llevan a una época antigua, ubicada entre edificios modernos y otras construcciones de otros tiempos.
Dirección: Francisco I. Madero 4, Centro Histórico de la Ciudad de México

