Lo que necesitas saber:
Elis Regina y Tom Jobim eran figuras opuestas en la música brasileña, algo que, quizás, hizo que se reflejara de mejor manera el espíritu de la canción en la que habla de la vida, muerte y renovación.
Compuesta en 1972 por el máximo representante del bossa nova, Antônio Carlos Jobim, “Águas de Março” ha sido versionada por diversos artistas, desde una primera por el propio Tom Jobim, pasando por Cibo Matto y David Byrne. Sin embargo, quedó inmortalizada en la voz de una de las figuras que, en su momento, más se le oponía: otra de las grandes glorias de la música de Brasil, Elis Regina.
Versión de Tom y Regina: una oposición de pasado y futuro
Es una canción cuya letra es un flujo de conciencia que no sólo plasma imágenes del cambio estacional, sino también la fugacidad de la vida y la trascendencia después de ella. Además de contraponer pasado y futuro… la promesa de uno. Y esto último más remarcado por la versión del disco Elis & Tom.
“¿Crees que con esta voz voy a susurrar?”, decía Elis Regina para bromear sobre su poco interés en el bossa nova. Desde chica (muy chica, a los poco más de 10 años ya cobraba por presentación) más interesada en el jazz y en otros ritmos, no se podía contener en la suavidad de la bossa nova, lo suyo era la entrega enorme en el escenario. Expresividad que la llevaba al llanto al interpretar ciertas canciones.

Nació en 1945 y a los 20 años ya era toda una figura de la música brasileña. Varios discos en corto tiempo y dándose el lujo de meter a su catálogo lo que quisiera. Tuvo que ceder y cantó bossa nova para internacionalizarse. Pequeña cesión que le permitió hacer giras por Europa, presentarse en el Montreaux Jazz Festival y llegar a ser colocada a la par de Ella Fitzgerald y Billie Holliday, aunque caracterizándose por su dominio de la técnica del scat, con el que su voz resaltaba como un instrumento más (y más valioso).
En 1974, para “celebrar” 10 años de contrato, Philips le propuso grabar un disco con Tom Jobim, la leyenda del bossa nova del que tanto intentó alejarse Elis. No sólo por no atraerle musicalmente, sino, como muchos artistas jóvenes de la época: por ofrecer una imagen “real” de lo que era Brasil: sólo playita, mujeres hermosas y, en general, sólo disfrutar…
Buena jugada de la disquera, ya que de lo que se trataba realmente era de acercar la bossa nova al público de ella: en plena dictadura, Elis Regina se politizó (intocable por su alta popularidad), además de hacer presente instrumentos electrónicos en varios de sus discos (no poca cosa para la época, sólo basta ver lo que pasó con Bob Dylan).
“Águas de Março” –y todo el disco Elis & Tom– es una mezcla entre lo clásico y lo moderno, musicalmente hablando. Aunque a Tom Jobim no le agradaba mucho (por no decir que le cagaba) el piano eléctrico, accedió a usarlo. No en el track inicial del álbum, en que el “elemento” disruptivo es la voz de Elis Regina, principalmente al final de la canción, donde se echa una divertida improvisación (puro scat) contraponiéndose a la clásica vocalización de Jobim.
Poesía del ciclo de la vida y la promesa de una constante renovación
“Palo”, “piedra”, “fin del camino”, “Sol”, “noche”, “muerte”, “lazo”, “misterio profundo”, “un quiera y no quiera”, “lluvia lloviendo”, “fin de la espera”, elementos lanzado –aparentemente– al azar para dar forma a una suerte de enorme haiku (otra contradicción): el momento en que finaliza del vigoroso verano, para dar entrada al otoño y su característico caer de hojas… las cuales son arrastradas por las torrenciales lluvias que se dan en marzo, como preparando la tierra para un futuro florecimiento: “la promesa de vida de tu corazón”.
El ciclo de la vida visto a partir de objetos cotidianos, elevados a imágenes poéticas por la destreza de Tom Jobim que, para en la versión de la canción en inglés, hizo algunas adaptaciones. Pues para que los gringos cacharan la metáfora de la renovación a través de la naturaleza representada en lo musical con las escobillas dándole a tarola y platillos para evocar la lluvia y el piano “goteando” notas a lo largo de toda la canción, como rocío cayendo después después del aguacero.
Pero, claro, toda la complejidad existencial se entiende mejor en la versión en portugués y más aún, en la interpretación de Elis Regina. Muchas ventas y todo lo que arrastre un tema como “Águas de Março”. Pero más que eso, queda de la versión de Elis y Tom la sensación de transición hacia algo nuevo. No sólo en lo musical y no sólo en Brasil. Algo universal… ¿qué? Eso ya depende del momento en que se escuche este temazo en voz de la inigualable Elis Regina.

