Lo que necesitas saber:
La lejana Edad Media nos puede dar buenos consejos para afrontar la era acelerada y automática precedida por la Inteligencia Artificial en la que vivimos.
Según la lógica, nada podría ser más contrario a esté presente de Inteligencia Artificial, exceso de datos y rapidez, que la vida casi artesanal de la Edad Media, una época donde todo el trabajo se hacía mano y se premiaba la lentitud. No obstante, en un mundo saturado de respuestas instantáneas y procesos automatizados, la devoción medieval por la lectura pausada, el esfuerzo intelectual meticuloso y el cultivo de la memoria interior nos ofrece un antídoto fundamental para devolverle a los humanos el valor real de la existencia.

Aunque a primera vista no lo parezca, entre estos dos momentos de la historia existe un vínculo más profundo de lo que sospechamos. No solo compartimos una incertidumbre voraz por el futuro, sino que también hemos caído en formas similares de ceguera: en aquel entonces se fomentaba la ignorancia bajo el dominio de la religión, mientras que en estos días estamos cada vez más cerca de una tecnología que quiere pensar por nosotros.
La sabiduría ante el paso del tiempo
Y aunque tenemos lazos que nos unen, es triste decir que hay muchas creencias y rituales que se han perdido en el camino. Sobre todo, esa pasión medieval por la sabiduría que hacía que el conocimiento fuera visto como un ritual lento capaz de templar el carácter y la vida de cualquier persona. No se trataba solo de leer más, sino de apreciar el tiempo que tomaba el aprendizaje de algo nuevo.

Esa forma poética de vivir fue mutilada por el tiempo. Y sin que nos diéramos cuenta, los humanos sustituimos la belleza de caminar los caminos por la prisa de llegar al destino. Cambiamos la prisa por el resultado, la paciencia del artesano por el consumo desmedido y la admiración a los grandes pensadores por una veneración digital que es más falsa que un billete de un peso.
¿Cómo era la vida medieval?
No se trata de glorificar una época ni de asegurar que el pasado era mejor porque no había computadoras, se trata de aprender constructivamente del pasado, de conservar lo que sirve y reaprender lo que hemos olvidado. Con esto en mente, claro que podemos decir que la vida entre los siglos V y XV no era fácil, pero sí era más templada y hecha a mano, dos virtudes que sin duda se extrañan en estos días.

Es verdad que la gente vivía en su mayoría en chozas de madera y barro, no había luz eléctrica, no había agua potable ni baños. La gente dormía en suelos llenos de paja y compartía todo con su familia, incluso las pulgas y los piojos. Lejos de las historias de caballeros y castillos, los hombres y mujeres comunes enfrentaban una realidad dura y austera, articulada en el ritmo directo de las estaciones y al trabajo manual.
No obstante, en esa misma crudeza florecía una belleza íntima: una vida arraigada al proceso y a una comprensión profunda del tiempo que hoy hemos olvidado. En esa existencia austera, cada trabajo por pequeño que fuera, desde moldear arcilla hasta cocinar un estofado, exigía una presencia absoluta en la que la mente y las manos caminaban al mismo ritmo. No había algoritmos para acelerar el aprendizaje; había maestros que enseñaban cómo dejar una huella en el tiempo.
Siete consejos de la Edad Media en la era de IA
Con esto mente, y en honor a que en los últimos días se ha debatido ampliamente sobre el poder, el alcance y las consecuencias de la Inteligencia Artificial, hemos confeccionado una lista con consejos de la Edad Media para desafiar a la tecnología y sobrevivir con dignidad a cualquier futuro de máquinas que nos espere.
1.Huertos comunales en la ciudad
En la Edad Media los campos eran gestionados colectivamente por un grupo de campesinos interesados en la supervivencia, no por individuos aparte. Organizarnos juntos para regresar a la tierra, significa escapar de las pantallas, tener autonomía alimentaria y desafiar el uso desproporcionado de recursos naturales como el agua dulce como hace la IA.

2.Aprender a coser
Si hay un oficio que representa la veneración a la lentitud y la apreciación por el detalle es el de cocer. Además de ser una actividad hipnótica que requiere toda nuestra atención y nos invita a ser creativos, la confección es una manera de desafiar a la industria textil que contamina tanto, y de anteponer la destreza manual frente a la de creatividad humana que tiene la IA.

3.Recuperar los espacios públicos
Ir a los parques, hacer reuniones callejeras, organizar exposiciones al aire libre, acudir a conciertos en jardines o recitar poesía en las explanadas son actividades necesarias en estos tiempos en los que se nos invita a encerrarnos. Y es que la IA acapara nuestra atención y nos aísla, ante esto solo nos queda la reunión.

En las ciudades medievales, la plaza del mercado era el corazón de la vida urbana; era un espacio dinámico y ruidoso donde los ciudadanos se encontraban cara a cara.
4.Entreguémonos a las fiestas populares
Ante la tecnología estática que vive de comportamientos predecibles y prefiere a la gente que sigue rutinas de consumo estables y solitarias, regresar a las celebraciones paganas de Edad Media es sin duda una forma de disfrutar nuevamente de la vida colectivamente. Nada más revolucionario que la locura de una noche con amigos y esa diversión espontánea que surge de conocer a alguien desconocido que súbitamente nos abre el alma.

5.Hacer una revista con amigos
Bienvenidos al acto más revolucionario de todos, dejar impresas nuestras ideas y creatividades. Hacer una revista física y artesanal es una manera poética de sabotear los planes del gran capital, que pretende acaparar oficios como el de la escritura y del diseño gráfico y que se basa en la premisa miserable de que, como la gente no lee, hay que darle toda la información comprimida por máquinas.

Hacer una revista a mano restablece lo que los medievales llamaban el Ars, el oficio de la fabricación. Doblar los cuadernillos, calcular los márgenes con una regla física, medir la tensión del hilo al encuadernar y escribir con caligrafía exige atención plena, paciencia y tolerancia al error.
6.Seamos herejes en el amor
Los algoritmos han intentado mercantilizar todo, incluso el amor. Las apps de citas y otras herramientas tecnológicas han tratado de guiarnos en el camino, diciéndonos a quién debemos de querer y cómo debemos quererlo. Como respuesta a esta realidad tras la pantalla, solo nos quedan el amor caótico, cursi y espontáneo del medievo.

En la Edad Media, los herejes se organizaban en comunidades, compartían textos prohibidos escritos a mano y se quedaban de ver en lugares secretos cerca de la naturaleza. No suena mal para iniciar un romance de otoño.

