Dentro de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), NAZA es el acrónimo de nezek agavi, “daño colateral”; es decir, el número estimado de civiles que podrían morir durante un ataque contra un objetivo militar.
Puede haber un NAZA de 1, 20 o hasta 500, de acuerdo con los testimonios de militares y oficiales de inteligencia que, de manera anónima, revelaron en el documental NAZA los mecanismos y el uso de inteligencia artificial detrás de la ofensiva israelí en Gaza, calificada como genocidio por organismos como la Comisión de Investigación de la ONU y Amnistía Internacional.
Cabe recordar que Israel rechaza esa acusación.

Documental NAZA
NAZA, les decíamos, es el nombre que los directores israelíes Yuval Abraham y Rachel Szor le dieron a su nuevo documental, el cual llega dos años después de su aclamado y devastador No Other Land.
El documental fue filmado en Tel Aviv, en las azoteas de enormes edificios. Los rostros de los soldados no son visibles y nos aseguran que tanto sus imágenes como sus voces fueron alteradas por motivos de seguridad.
Las entrevistas son uno a uno con Abraham en las azoteas de dichos edificios, iluminados por las luces de los departamentos de enfrente.
Conforme los soldados hablan, el documental se “ilustra” con imágenes de los habitantes de esos departamentos en sus casas, viendo las noticias. Unos están acostados, otros hacen yoga, otros cocinan; pero todos ven las noticias.
Estas imágenes son una suerte de contraste obvia: personas cómodas en sus casas mientras nos cuentan cómo los grupos de inteligencia de las FDI trazan mapas y edificios y contabilizan pisos y departamentos en Gaza para eliminar objetivos.
Es sólo hasta el final que los directores nos dejan ver algunas de las consecuencias de lo que se describe. Es una secuencia única, de un video filmado con celular, de los cuerpos en medio de los escombros tras un bombardeo.

Las palabras que usamos para definir el genocidio
Creemos que la razón por la que el documental se sostiene casi por completo en la palabra es porque ahí radica buena parte de su discurso: en cómo nombramos lo que sucede.
Desde que el conflicto escaló con el ataque del 7 de octubre de 2023, una parte enorme de la discusión ha girado alrededor de las palabras utilizadas para describir lo que ocurre en Gaza.
Israel sostiene que su ofensiva parte de un derecho legítimo a defenderse y rechaza que sus acciones constituyan un genocidio. Entonces, lo que hace NAZA es meterse de lleno con las palabras con las que se describe a las personas que mueren.
En varios de los testimonios, hombres, mujeres y niños dejan de ser personas para convertirse en categorías: terroristas, objetivos, daño colateral. NAZA.
La narrativa que adquiere el documental es de horror al escuchar no sólo la forma en la que las tecnologías potencian la violencia. Lo más severo es descubrir la justificación de la deshumanización que existe detrás de ellas, y de la que parece no haber marcha atrás.
Uno de los testimonios es explícito con cómo el sistema convierte la muerte de personas como algo cercano a un videojuego en el que hay misiones y objetivos para completar. El soldado incluso describe lo que hacía como algo increíblemente divertido.

Black Mirror y La libertad del diablo
Mientras veía NAZA pensé en dos cosas. La primera es “Men Against Fire”, el episodio de Black Mirror en el que soldados, sin ser conscientes de que su percepción de la realidad ha sido alterada mediante tecnología, combaten monstruos que en realidad son personas pertenecientes a comunidades que el sistema quiere eliminar.
Y la otra es el documental La libertad del diablo de Everardo González, en el cual, con el rostro cubierto, víctimas y victimarios de la violencia en México hablan de sus experiencias, resultando especialmente atroz cuando hablan de la muerte de niños.
En NAZA no hace falta presentar, insistimos, material gráfico que soporte lo que los soldados revelan. Han sido tres años de ver la destrucción de Gaza, edificios y barrios enteros reducidos a escombros y miles de cadáveres. Lo hemos visto día con día.

74 mil víctimas en Gaza
Hay una declaración particularmente perturbadora en NAZA. Un joven soldado plantea que, si el Estado de Israel te quiere muerto, morirás. No hay otra posibilidad. Hasta ahora, las cifras registran más de 74 mil palestinos muertos en Gaza desde octubre de 2023.
Las FDI y el mismo Netanyahu han rechazado las acusaciones de NAZA y sostienen que el cálculo de daño colateral existe precisamente para estimar y reducir las muertes civiles antes de autorizar un ataque contra un objetivo militar.

Actualmente, Netanyahu ha pedido identificar e investigar penalmente a los 24 soldados y oficiales que aparecen de manera anónima en el documental. Mientras tanto, Yuval Abraham y Rachel Szor han enfrentado amenazas de funcionarios israelíes para retirarles la ciudadanía por su participación en la película.
Hacia el final del documental, en medio del silencio de una sala llena durante su premiere en el FICM 2026, pensé en que una herramienta creada para calcular el “posible” daño a civiles, casi como el único rastro de humanidad, en realidad existe para convertirlos en un número. Y en realidad, no importa cuál sea la cifra.
NAZA es un término, un concepto. Un NAZA puede ser 1, 20 o 500. Sólo que la diferencia entre esas cifras nunca ha sido relevante para quienes aprietan el botón.
NAZA, en ese caso, no mide el daño buscando reducirlo. Es absurdo. Lo que sí es que se convierte en un concepto que hace que las atrocidades sean tolerables para quien juega con la indiferencia.

