Black Mirror nos presentó desde su primera temporada, un conjunto de historias que presentaban posibles futuros para la humanidad una vez que la tecnología comandara nuestras vidas. Lo interesante de esta antología distópica, como su nombre lo indica, es la conjunción entre tecnología y humanidad, inherente una a la otra si consideramos que dependen de sí misma: la tecnología como una creación humana y un paso más en la evolución del hombre y la mujer.

Las historias de Black Mirror tenían un giro inesperado y aterrador por ser real y el hecho de que se ajusta a nuestra realidad inmediata. Mientras Charlie Brooker nos mostró a un hombre bloqueado en su totalidad por haber cometido un crimen, nosotros actualmente podemos rechazar la personalidad en las redes y perfiles de alguien; la presión social e íntima de las plataformas sociales; el racismo controlado y las políticas de terror manipuladas; los statements artísticos; la ruptura de la construcción amorosa convencional; el desafío de la muerte; la realidad virtual.

El año pasado, Brooker y su productora ejecutiva, Annabel Jones, nos sorprendieron a todos con Black Mirror: Bandersnatch, una película interactiva en la que la audiencia tenía la capacidad de elegir el destino trágico del protagonista. Grandes actuaciones, producción y una historia que valía la pena contarse. ¿Qué podía seguir para Black Mirror?

La quinta temporada llegaría a nosotros a menos de un año de Bandersnatch con tres episodios, un formato similar al de las primeras dos entregas de la serie. Sin embargo, ahora que se han estrenado, hemos de decir que no hay nada (o muy poco) de Black Mirror en la quinta temporada de Black Mirror.

Las tres historias, tecnológicas y humanas, presentan una premisa interesante que pone como centro la sexualidad, el amor, las interacciones sociales y los preceptos comerciales, pero no son innovadoras o algo que no hayamos visto antes y con mayor anticipación. Los tres episodios están bien escritos, bien producidos y sobre todo, bien actuados. Topher Grace y Andrew Scott en “Smithereens” destacan de entre los demás con Miley Cyrus sorprendiendo a sus detractores. Ni qué decir de Anthony Mackie y Yahya Abdul-Mateen II.

“Striking Vipers”, el primer episodio de la quinta temporada, nos presenta a Danny y Karl, dos amigos que siguen vidas distintas. El primero tiene un maravilloso matrimonio con Theo mientras el otro disfruta de jóvenes mujeres y relaciones fugaces. Los amigos se reencuentran en el cumpleaños 38 de Danny donde recibe un videojuego de realidad virtual. Cuando ambos se conectan con sus avatares (un hombre para Danny y una mujer para Karl). En lugar de pelear (al estilo de Mortal Kombat), se besan, comenzando una relación sexual/virtual que podría trascender hacia la realidad.

Este es el episodio más fuerte de Black Mirror, pero sigue siendo flojo. Las posibilidades en cuanto a las relaciones humanas y amorosas no es nuevo en la serie, pero sí la pregunta si una infidelidad en la realidad virtual es real. ¿Acaso es como la pornografía y esa necesidad de fantasear con objetos fuera de nuestro alcance?

Para el segundo, “Smithereens”, el discurso se desarrolla con mucho dinamismo, pero nunca llega a nada. Pareciera que este episodio pretende ser la tesis central de Black Mirror, pero ni siquiera llega a la mitad de su concepto o finalidad. Se ven las intenciones de Brooker con los personajes principales, que es demostrar la hipocresía de la cultura empática de Silicon Valley, pero ni siquiera cierra. “Smithereens” nos presenta a Chris, un conductor de transporte privado con problemas de ansiedad que busca un pasajero que trabaje en Smithereens, la empresa más grande de redes sociales.

Cuando finalmente lo logra, lleva a cabo su plan: secuestra al empleado, lo amenaza con una pistola y pide hablar con el creador de la empresa, el Jack Dorsey de nuestra realidad. Sin embargo, el empleado es un simple becario, pero la tensión lo lleva a hablar con el creador (quien debe ser Dios algunas veces), a quien le revela el foco de su soledad y ansiedad: la muerte de su novia en un accidente “provocado” por una interacción en la red.

“Rachel, Jack and Ashley Too” es el último y el que más expectativas ha causado por Miley Cyrus. Aquí, una chica llamada Rachel con problemas sociales agravados por la muerte de su madre. Rachel vive con su hermana Jack y su padre, un exterminador de ratones que no le pone atención. El ídolo de la adolescente es Ashley, una estrella pop juvenil que en realidad vive medicada bajo la presión de su tía/manager, quien no la ve como un humano sino como mercancía.

Ashley lanza al mercado el robot Ashley Too, la cual tiene la capacidad de responder como Ashley lo haría; sin embargo, después de un accidente, el robot toma la capacidad cerebral total de la cantante, dirigiendo a sus fans para liberarla. El punto de este episodio es que Ashley puede ser reemplazada por un holograma, una versión digital de la cantante que no se enferma, no se cansa y puede estar en cientos de lugares a la vez. Fin de la historia.

La quinta temporada de Black Mirror es innecesaria, pero hizo tanto en el pasado (sus dos primeras temporadas siguen siendo insuperables), que todavía queremos ver algo de ellas en, agradecemos, sólo tres episodios. Si todavía hay algo de Bandersnatch, “The Entire History of You”, “Be Right Back” o “White Christmas”, por mencionar algunas, entonces Black Mirror en una siguiente entrega debe seguir.

Nos hizo falta la lección fatal que cada episodio nos entregaba, ese miedo fugaz (pero presente) al mismo dispositivo en el que vemos la serie, y esa posibilidad de perder nuestra humanidad con la inmersión de la tecnología.