La historia está destinada a repetirse si se olvida, como si quisiera manifestarse de cualquier manera y en cualquier lugar. México es un país que se repite a sí mismo y de manera constante. Los episodios de violencia que se han vivido en el norte de nuestro país son, en parte, el reflejo de cada uno de los episodios que hemos olvidado con tanta indiferencia y que construyen la realidad actual de nuestro país.

Uno de los mejores ejemplos es la matanza de chinos que se dio en Torreón, Coahuila, en 1911. De acuerdo con los pocos documentos que hay sobre el tema, La Laguna comenzaba a crecer a pasos acelerados como parte del sueño primermundista de Porfirio Díaz; sin embargo, ante el incremento del comercio y la clase media, también crecía la población pobre, la cual se alimentaba de la presencia de una comunidad china ubicada en Torreón que se volvió en el centro de una masacre “justificada” por la época revolucionaria.

Revolucionarios alrededor de cadáveres de chinos en 1911. / Foto: Vía El Universal / SMU LIBRARIES

¿Los chinos les robaban el trabajo a los mexicanos?, ¿acaso no es el mismo discurso de antiinmigración que se vive en la frontera de México y Estados Unidos? En mayo de 1911, los federales y los “maderistas” se enfrentaron en la ciudad de Torreón, y quienes pagaron las consecuencias de los enfrentamientos fueron los civiles, especialmente los chinos quienes fueron, por no decir menos, torturados y exterminados. Esta no fue la primera expresión de racismo hacia la comunidad china en el país, pero sí la más violenta… y lo peor es que nadie se acuerda y hay pocos documentos y archivos sobre el tema.

La historia se repite, no de maneras exactas (a veces), pero sí lo hace. Estados Unidos no ha escapado de su amnesia frente a los episodios que construyen su historia. El 31 de mayo y el 1 de junio de 1921, durante 18 horas, cientos de afroamericanos fueron asesinados en una masacre poco conocida en Greenwood de Tulsa, Oklahoma, y otros tantos quedaron sin hogar y sin trabajo. Los motivos detrás de este mal llamado disturbio, son raciales, y quizá es la misma razón por la que los estadounidenses lo han dejado en el olvido.

Y ahora, este episodio oscuro y olvidado, ha vuelto al imaginario de la población con el estreno de Watchmen, la nueva serie de HBO. Pero, ¿qué tiene que ver una con otra? En una entrevista con Damon Lindelof, creador de Watchmen en su adaptación para la televisión, habló sobre cómo retomó la mascare de Tulsa para argumentar una de las historias de cómic más destacadas que se salen de la línea convencional, o al menos la que todos conocemos dentro del imaginario de los superhéroes.

Lindelof es estadounidense, pero sólo lleva cuatro años siendo consciente de lo sucedido en 1921. La información llegó a él a través del ensayo “The Case for Reparations” de Ta-Nehisi Coates, un periodista y escritor afroamericano que escribe para The Atlantic. “Ese ensayo cambió completamente mi pensamiento y me educó sobre la historia de los Estados Unidos de una manera que nunca antes había visto… En ese ensayo, mencionó a Black Wall Street y la masacre de Tulsa de 1921. En ese momento, no tenía idea de qué era eso“, dijo.

Lindelof entró a Google y descubrió la documentación en relación al tema y cómo hubo intentos de enterrar la historia. ¿Por qué? “Literalmente, una generación eliminada de la emancipación. Todo fue completamente diezmado en 24 horas. El gobierno federal voló biplanos y lanzó bombas sobre esta ciudad y aún se desconoce el verdadero número de muertes. Mientras más aprendía, más me avergonzaba de que no solo no supiera nada sobre lo que sucedió durante la Masacre de Tulsa, sino que nunca antes había oído hablar de eso“.

Cuando le ofrecieron hacer Watchmen, el creador vio la oportunidad perfecta, como hombre blanco “avergonzado“, de contar esta historia: una serie, una obra de entretenimiento, un motivo para incluir un tema social en la cultura pop. Y así fue como nació la premisa de Watchmen, la cual deja la idea original de Nueva York para contarla en un lugar que no suele aparecer en la pantalla. “Hay cosas peligrosas pasando fuera de Nueva York y en todo el país. Entonces ese fue mi primer instinto. ¿Quiénes son los superhéroes en los mercados fuera de marca que no se han mudado a Nueva York?“.

Watchmen se estrenó el domingo 20 de octubre en HBO, a poco más de dos años de los eventos de Charlottesville que revelaron ante el mundo las tensiones raciales en Estados Unidos, sobre todo a partir de la llegada de Donald Trump a la presidencia.

Definitivamente no habíamos escrito el piloto antes de Charlottesville, pero creo que la idea de ‘Watchmen’ lidiando con la raza lo precedió. Y simplemente sentía, y sigo sintiéndome así ahora, cada vez que veo las noticias, la historia trata sobre la raza de alguna forma. Ya sea directa o indirectamente. Y sé que incluso en medio de una investigación de destitución masiva, la historia del policía blanco que le disparó al hombre negro en su propio departamento es una historia principal, y la dinámica racial está crujiendo por todos lados, como debería“.

Watchmen arranca con un episodio piloto brutal, la interpretación visual de Lindelof de lo que fue Tulsa para seguir con las secuelas de la masacre y los testigos que sobrevivieron a un ataque directo que respondía a un discurso racista alimentado por los siglos de esclavitud. Quizá 1921 suene muy lejano, estamos a dos años de cumplir un siglo de aquella tragedia, pero las diferencias siguen aquí, y se han mostrado más fuertes que nunca a través de las plataformas sociales y la inmediatez con la que el discurso viaja.

Y es aquí donde surge una nueva pregunta en relación a la importancia de conversar sobre la violencia del racismo a través de series como Watchmen. ¿Es válido, acaso, utilizar una serie para generar conversaciones sociales que dividen a la población? “Eso es volver a la idea de la serie en general, que es definir ¿qué escondes, qué revelas, qué ves? Y creo que una de las ideas más amenazantes para nosotros, una de las cosas con las que luchamos culturalmente, es si pueden ambas cosas coexistir“.

Para Lindelof existe una responsabilidad como creador de contenidos, y la importancia de Watchmen no se pone en duda cuando retoma una historia original disruptiva en relación a las tensiones no sólo raciales, sino culturales y económicas:

Creamos una relación simbiótica entre la audiencia y los personajes. Entonces, los espectadores experimentan las cosas de los personajes. Ellos no saben que están en un programa de televisión inventado; esas cosas son muy, muy reales para ellos. Cuando las personas comienzan a percibir al programa de televisión como real, que sucede en la realidad -si un personaje está triste, comienzan a sentirse tristes-, es cuando disparas con toda la artillería“.

Watchmen se encuentra disponible en los canales de HBO y HBO GO. La noche del domingo 3 de noviembre, se estrenó el tercer episodio, así que todavía están a tiempo para que se echen una de las series que más conversación, hacia el final, va a generar, y no sólo sobre la manera tan original en la que presenta una premisa conocida en la realidad, sino por su increíble narrativa visual y las metáforas que explota Lindelof para hacernos caer en cuenta que todos estamos en la misma situación, y que todos somos, potencialmente, víctimas de Tulsa, o de Torreón.