¿Por qué me interesa?
Mientras los equipos que juegan en el Azteca, se quejan de la altura, vale la pena preguntarnos ¿qué tanto nos afecta este fenómeno a los Chilangos?
Cuando decimos que la CDMX no se parece a nada en el mundo, no es solo un acto patriótico, sino una aseveración absolutamente respaldada por la ciencia. Y es que, gracias a su ubicación, la capital mexicana es dueña de una serie de atributos físicos que determinan su altura, clima, un entorno natural fascinante y sí, hasta el rendimiento de los deportistas cuando vienen a competir a esta urbe.
Y es que la atmósfera de la CDMX se encuentra a aproximadamente 2,2240 metros de elevación sobre el nivel medio del mar, lo que la posiciona como la novena ciudad más alta del planeta y la número siete si nos centramos en su densidad poblacional, es decir, en la cantidad de personas que viven en un entorno en el que el clima es más fresco y el aire es más fino.
La altitud de la Ciudad de México es todo un fenómeno que se ha estudiado desde hace siglos, no solo por las posibles implicaciones que puede tener en sus habitantes, sino porque es una de las razones que explican la belleza nítida de los paisajes de la urbe: cielo azul, montañas poéticas y diferentes tipos de verdes. La claridad de los horizontes es tal que cuando Humboldt llegó habló de la “región más transparente” que había visto en su vida.
Asimismo, en estos días de Mundial, la altura de la ciudad ha sido motivo de controversias, ya que, según estudios científicos, para que un deportista de buen rendimiento pueda adaptarse plenamente a las molestias que genera un cambio precipitado de altitud, se necesitan casi dos semanas, mucho menos tiempo del que tienen los equipos para prepararse como es debido.
Pero empecemos por el principio…
¿Pero por qué la Ciudad de México es tan alta?
Para entender esta rareza, nos tenemos que remontar a hace millones de años, cuando en la cuenca de un mar vacío, la placa tectónica de Cocos colisionó con la de Norteamérica. El choque frontal hizo que hubiera en la atmósfera una gran presión, que terminó por levantar el suelo del centro de México para que aparecieran la Sierra Madre Occidental y Oriental.
La presencia de montañas en nuestro territorio, sumada a los sedimentos que estas expulsaban, erigió una barrera natural que impidió el flujo del agua. Esto generó un ecosistema único: una cuenca completamente sellada por una muralla volcánica donde el agua de lluvia comenzó a estancarse y se dio origen a un vasto sistema de lagos.
Tras el paso de miles y miles de años, dicha acumulación masiva y el depósito continuo de cenizas terminaron por rellenar el fondo del valle. Estas características formaron el suelo de la actual Ciudad de México está a una imponente altitud de 2,240 metros sobre el nivel del mar.
.¿Qué provoca la altura de la Ciudad de México a los turistas?
La altura de la Ciudad de México es un fenómeno geográfico fascinante, que, además de regalarnos el clima fresco que tenemos, es motivo de preocupación para los turistas, ya que si no se está acostumbrado, genera reacciones inmediatas en el cuerpo.
Y es que a medida que nos alejamos del mar y nos metemos entre montañas, la cantidad de oxígeno disponible disminuye; en el caso de la Ciudad de México, aproximadamente un 25% menos en cada bocanada. Lo anterior se explica no porque haya menos volumen de este gas esencial, sino porque la presión atmosférica es más baja y las moléculas del viento están más dispersas entre ellas y rinden menos.
Entonces, al respirar menos oxígeno por bocanada, algunas personas, sobre todo deportistas acostumbrados a entrenar al nivel del mar, pueden padecer el “mal de montaña”, un trastorno que se caracteriza por la presencia de síntomas molestos como: dolor de cabeza, mareos, falta de aire, falta de apetito y agotamiento físico extremo.
¿Qué tanto nos afecta la altura a los que vivimos en la CDMX?
Vivir en la Ciudad de México es en sí mismo un deporte de alto rendimiento. Nuestro organismo lidia con grandes cantidades de contaminación y con una altura desmedida, a la que, si bien nos hemos acostumbrado, sí tiene efectos en nuestro organismo como alergias y problemas respiratorios.
Asimismo, los cuerpos de las personas que viven en esta metrópoli han sufrido un inmenso proceso de adaptación para que la altura no les afecte; el más importante es que producimos mayor cantidad de glóbulos rojos. Esta especie de carritos sirven para que el oxígeno se mueva a mayor velocidad y nuestro cuerpo tenga el aire que requiere.
Asimismo, al nacer o vivir aquí, nuestro centro respiratorio se ha reajustado y, sin darnos cuenta, inhalamos y exhalamos más profundo y más rápido que otras personas. Como en la CDMX hay menos oxígeno disponible, el cerebro manda una señal a los quimiorreceptores (encargados de medir el gas esencial) y súbitamente (mejor dicho, milagrosamente) nuestro diafragma se abre.
Finalmente, sería importante destacar la labor de nuestro sistema cardiovascular. Al vivir en las alturas, el ventrículo derecho de nuestro corazón, encargado de bombear sangre a los pulmones, se vuelve más eficiente para que podamos manejar la presión del aire sin cansarnos.
