¿Por qué me interesa?

En el Ajusco hay una casa con jardín y laberinto que parece sacada de un cuento medieval.

Entre montañas, bosques, senderos y formaciones rocosas, el Ajusco esconde un rincón alucinante, un laberinto cuyos muros hechos de árboles que nos obligan a perdernos en la naturaleza. Se trata de un lugar muy particular inspirado en un jardín inglés en el que los protagonistas son la geometría, la belleza del paisaje y visitantes que quieran sentirse dentro de un cuento medieval, sin salir de la CDMX.

Ubicado en la alcaldía de Tlalpan, este laberinto oculto nos invita a vivir una experiencia única, y es que desde la entrada sentimos que estamos paseando por un bosque profundo donde hay muchos verdes y muchas texturas; un sitio surreal en el que pareciera que la niebla de un día lluvioso baja a saludarnos y donde aprendemos, entre caminatas, el verdadero significado de una de las metáforas más valiosas de la existencia: perderse en quizá el principio de encontrarse.

Bienvenidos a un parque donde perderse es parte de la regla. /imagen Laberinto del Ajusco Facebook

El laberinto del Ajusco es tan divertido como confuso. Salir de ahí puede tomarnos poco más de cincuenta minutos. Esto se debe a que sus muros superan los dos metros de altura y a que el recorrido está lleno de pasillos angostos, corredores secretos que engañan a los que se sienten más listos y a la presencia de caminos mentirosos que solo nos conducen a callejones sin salida. La intención no es otra que engañarnos y hacer que no pensemos en otra cosa que encontrar la salida.

Por si todo lo anterior fuera poco, además del paseo en el laberinto, el predio nos ofrece otras aventuras, y es que una vez que superamos la prueba del laberinto, nos espera una réplica de un castillo inglés que, además de tener quizá una de las mejores fachadas de la capital, es también la sede de un museo curioso en el que cada pieza es una máquina del tiempo, una donde la gente pasaba sus horas entre libros y ventanas.  

La historia del Laberinto del Ajusco

Este singular parque se construyó en 1999 gracias a las obsesiones del historiador Ignacio Figueroa, que quiso transformar su propiedad en una oda a las campiñas inglesas, caracterizadas por el diseño lúdico de los jardines y por sus inmuebles con techos inclinados a dos aguas.

Figueroa, además, quiso que su aventura inglesa se enriqueciera por el poderoso ecosistema que hay en Tlalpan tras la erupción del XitleEl clima soleado y lluvioso de esta parte de la CDMX es perfecto para que crezcan las especies de árboles que integran el muro de contención natural del laberinto. Por su parte, el suelo volcánico de Tlalpan está lleno de nutrientes que alimentan todas esas capas de verde que hay en el espacio.

Este parque se construyó en 1988./imagen Laberinto del Ajusco Instagram.

En lo que se refiere a arquitectura, el oasis de Ignacio nació gracias a un viaje que hizo a Europa en 1988. Durante su estancia en el condado de Kent en el Reino Unido, se maravilló no solo con los jardines temáticos que tenían laberinto, sino también con el Castillo Hever, una fortaleza militar que era propiedad de la familia Tudor y fue la casa donde vivió Ana Bolena, una de las tantas sufridas esposas del rey Enrique VIII.

Tras su travesía europea, decidió que quería construir algo parecido en México. Entonces, se internó en los pulmones verdes del Ajusco y consiguió una propiedad perfecta para recrear sus fantasías.

Un terreno rodeado de pinos y encinos en el kilómetro 14.5 de la carretera Picacho-Ajusco. En ese paraíso, y con la ayuda de tres arquitectos diferentes, se construyó a sí mismo su propia villa con aires de aristocracia británica.

De casa residencial a museo natural de la CDMX

En la actualidad, el espacio sigue perteneciendo enteramente a Ignacio Figueroa y, aunque parezca increíble, todavía es su residencia privada. Sin embargo, el historiador del arte decidió abrir las puertas de su jardín y de una parte de su casona al público, entre otras razones por su importancia arquitectónica y porque quería compartir su gran amor por las campiñas inglesas. Desde esos días hasta ahora, si uno visita el parque, es muy común encontrarse al dueño y a los jardineros entre los patios.  

Además del laberinto, el sitio ofrece otras atracciones igual de divertidas. Hay, por ejemplo, adentro de una cabaña estilo inglés que sirve como un museo donde se exhibe la íntima colección de antigüedades de Figueroa. Aquí hay banderas, tableros de ajedrez, pequeñas obras de arte y hasta un sillón cómodo que da a la ventana donde se puede uno sentar a simplemente ver el paisaje y soñar que estamos en el medievo.

El espacio cuenta con un museo que es como un viaje express al campo británico. /imagen El Laberinto del Ajusco Instagram

Si da hambre, en la propiedad hay también un pequeño, pero encantador, restaurante campestre que ofrece un menú perfecto para ese clima nublado y el frío de la montaña. En el establecimiento destacan las pizzas horneadas de diferentes ingredientes, cortes de carne y hasta una buena variedad de vinos, para los que quieran relajarse al máximo.

¿Dónde, cómo y cómo?

Se recomienda llegar temprano, para disfrutar la experiencia. /imagen El Laberinto del Ajusco Instagram

Dirección: Camino Viejo al Maninal Número 13, a la altura del kilómetro 15 de la carretera Picacho-Ajusco.

Precio de la entrada: El acceso general cuesta $100 pesos por adulto y $50 pesos para niños menores de 12 años. Incluye el laberinto, los jardines y las salas de la casona.

Hay posibilidad de acampar por $250 la noche.

Horario: lunes a domingo de 9:30 AM a 7:00 PMPara mayor información, consulta su cuenta en Instagram

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