Entrando a los años 80, Paul McCartney pasaba por una etapa muy extraña. Se había separado de Wings y había empezado una exitosa carrera en solitario, lanzando los álbumes McCartney II y Tug Of War. A nivel profesional no podía pedir nada más, pero había algo que no lo dejaba tranquilo, la muerte de su compañero en The Beatles y gran amigo, John Lennon.

Para intentar salir del bache que fue para él lo de Lennon e intentar volver a actuar como en A Hard Day’s Night, Help! y Magical Mystery Tour, a McCartney se le ocurrió una genial idea: grabar una película. ¿Qué podría salir mal? Ya era una leyenda, y no tenía nada que perder.

La verdad es que Paul le estaba apostando todo a este proyecto, ya que contaba con 9 millones de dólares como presupuesto y muchas ganas de volver a estar en los cines. Para grabarla, contó con el apoyo de su mujer Linda, y de su eterno amigo Ringo Starr junto a su esposa, la estrella de cine Barbara Bach. La idea era muy similar a la de Let It Be, un documental que contaría la vida del músico mientras grababa un nuevo disco; pero de pronto la idea fue descartada, porque realmente Paul McCartney quería actuar.

Así que, en lugar de ser cono Let It Be, el argumento se empezó a tornar más como A Hard Day’s Night. Para ello, contrató a dos guionistas renombrados, Tom Stoppard y Willy Russell, que en ese momento habían hecho grandes películas como Shakespeare in love Educando a Rita respectivamente. Aunque con ellos a bordo todo pintaba bien, McCartney decidió que sus ideas no eran lo que buscaba y prefirió hacerlo todo él solito. Así es, pudo más el ego de Sir Paul y ahora palomeó otra palomita más en un CV; guionista. 

La historia fue muy distinta, ya que se trataba de un músico –que obviamente era Paul–, al que le robaban las cintas finales de su nuevo álbum justo antes de que empiecen a fabricar todas las copias. Y si, como lo adivinan, McCartney tiene que hacer de todo para recuperarlas, pasando por cosas graciosas y presiones de la disquera. A lo largo de la película, el músico empieza a experimentar sueños que lo hacen tener flashbacks del pasado. La expectativa por esta historia era inmensa.

El resultado fue Give My Regards to Broad Street que se estrenó el 23 de octubre de 1984 y, lamentablemente fue un fracaso enorme. Las críticas la hicieron trizas, llamándola “lo más parecido a una no-película” y la taquilla fue cruel; ya que sólo recaudó 1,4 millones de dólares a nivel mundial, por lo que fue retirada antes de lo esperado de la cartelera.

A pesar de que fue un fracaso en taquillas y la crítica la destrozó, el soundtrack de la cinta fue todo un éxito, entró a las listas de los más vendidos en Reino Unido y hasta estuvo nominado a los Globos de Oro y los premios BAFTA. En esta banda sonora, McCartney incluía reversiones de canciones clásicas de The Beatles, Wings y un tema nuevo, “No More Lonely Nights” que contaba con la participación del guitarrista de Pink Floyd, David Gilmour. Por si fuera poco, el productor de cabecera del cuarteto de Liverpool, George Martin, estuvo a cargo de la producción y hasta tuvo un pequeño papel en la película. 

Después de esta experiencia, Paul ha hecho cameos en algunas películas, como Piratas del Caribe: La venganza de Salazar; donde interpretaba a uno de los tíos de Jack Sparrow, pero ya no se ha aventurado a dirigir un proyecto del tamaño de Give My Regard Broad Street.

Recientemente decidió volver a la actuación pero, ya no con una producción enorme, pero si dentro de sus videos musicales, ya que estrenó el video de “Who Cares” donde actúa como un terapeuta mágico junto a Emma Stone. Esperamos que Paul McCartney aparezca en películas por diversión y que no se lo tome tan en serio. Mejor nos deleite con sus canciones y no con sus dotes actorales.