Lo que necesitas saber:
Tricky será parte del Corona Capital 2026. Una oportunidad imperdible de escuchar a uno de los artistas fundamentales de la música de los 90.
Como un fantasma. A inicios de los 90, junto con Massive Attack, Tricky dio forma al sonido representativo de Bristol, su ciudad natal. Un par de años después, lanzó su disco debut –Maxinquaye (1995)– que, según críticos, cambió por completo el pop. Y luego, “desapareció”… sólo manifestándose cada determinado tiempo, para seguir asombrando de diferentes maneras.

Un músico que tiene como meta hacer un buen disco… sólo eso
Pionero del trip-hop (una definición que rechaza), para luego llevar una sólida carrera y mantenerla con algo que no muchos tienen: credibilidad. Más de 15 discos de estudio y colaboraciones con artistas como Damon Albarn, Björk, Yoko Ono, PJ Harvey, Tool, Elvis Costello, Garbage, Nelly Furtado, Paul Oakenfold, Red Hot Chili Peppers… Bueno, hasta fue el único invitado de Beyoncé en su show de Glastonbury, en 2011… y actor en El Quinto Elemento (¿¿??).
Estas son algunas de las credenciales de Tricky, las cuales bastarían para considerarlo una superestrella, pero no lo es. Él mismo se ha encargado de huir de esa definición, artística y tácitamente: “Es una palabra estúpida”, le aseguró a Mark Fisher, en una entrevista de 2008 en la que reveló su único interés como músico:
“Cuando estaba comenzando, sólo quería hacer un buen disco. Quería hacer algo que nadie hubiera escuchado antes, no estaba interesado en ninguna otra cosa”… y así lo ha hecho, en repetidas ocasiones. Para luego desaparecer voluntariamente. Como un fantasma.

Colaborador de Massive Attack y creador de uno de los discos fundamentales de los 90
Adrian Thaws nació en Bristol en 1968 y lo que vivió en sus primeros años hacía improbable un futuro como el que ha forjando. Su padre abandonó a su madre cuando ésta se encontraba embarazada. Un par de años después, ella también abandonaría al pequeño, quitándose la vida. Adrian quedó bajo el cuidado de su abuela y sus tías, en el ambiente libre de un barrio multicultural en el que pudo ser presa de las pandillas (de hecho, a los 17 años fue arrestado)… sin embargo, el arte fue su fuga.
El camino de Tricky para convertirse en uno de los artistas más visionarios y creativos de la música británica empezó a mediados de los 80, cuando se vinculó con The Wild Bunch, el colectivo y sound system de Bristol cuyos integrantes tenían diversos intereses artísticos, como la música, el graffiti y otras artes visuales. En su obra, combinaron el reggae, punk, R&B y soul con el hip-hop que apenas estaba asomándose en Estados Unidos… los ingredientes de lo que más tarde se conocería como trip-hop. Por cierto, varios de quienes participaron en este colectivo a la postre fundarían Massive Attack.
En el disco debut de la banda de Bristol, Blue Lines (1991), Tricky fue coautor y prestó su voz en algunos temas. Tres años después, repitió como colaborador para el segundo disco de la agrupación, Protection (1994). Fue entonces que, animado por su amigo, Mark Stewart (líder de The Pop Group), emprendió su camino como solista. Un año después, llegó su aclamado disco Maxinquaye.
Un disco oscuro, sensual y fascinante. Así es como se puede describir al debut de Tricky, el cual también es entendido como la respuesta británica al hip hop de Estados Unidos, en el que el “rasp” fue el sello distintivo. Un trabajo colocado como una de las obras maestras de los 90 y que le valió a Tricky ser calificado como precursor del tan aclamado sonido Bristol… pero eso a él no le importó mucho. Y siguió su camino sin dejarse envolver por la fama.
“Para ser honesto, realmente no pienso mucho en eso porque siempre tengo en mente mi próximo disco. Una vez que mi disco esté mezclado, ya estoy haciendo planes para el siguiente disco. No soy de los que piensan en el pasado, porque no importa en el ahora”, confesó en entrevista para Sopitas.com publicada en 2014.
“La única vez que llego a pensar en [Maxinquaye] es cuando alguien lo menciona pero la vida sigue su curso. Hasta se me llega a olvidar que ocurrió. Sí me doy cuenta que ese álbum me dio una buena vida (…) Por ejemplo, si no fuera por Maxinquaye nunca hubiera viajado a México”.
Tricky representó la música ya reconocida (la que exitosamente conjugó con The Wild Bunch y, posteriormente con Massive Attack), pero acelerándola con lo que fue nuevo en los 90. A contracorriente de lo que estaba dominando en ese entonces en Reino Unido (Blur, Oasis y toda la oleada de britpop… música construida a partir del pop de los 60 y 70).
Los “otros” hablan a través de él
Tricky fue el “heraldo de un futuro de la música británica que nunca llegaría a materializarse”, señala Mark Fisher en un ensayo dedicado a tan fascinante y misterioso artista, incluido en el libro Los Fantasmas de mi vida, en el cual reflexiona sobre varios de los elementos que hacen de Tricky una figura “fantasmal” en términos hauntológicos… quizás el más notable: siempre buscar hablar “del otro”.
“Junto con Goldie la suya es una música que nunca demandó la inclusión en ningún tipo de normalidad. Busca identificarse con lo otro (no hablar por lo otro, sino que lo otro hable a través tuyo)”, señala Fisher. Y esa otredad, implica su desaparición… incluso cediéndole por completo la voz. Un hecho notable, Tricky casi no canta en sus discos, prefiriendo siempre las voces femeninas.
¿Ideológicamente adelantado a su época? Parece, pero lo de Tricky no fue planeado, sino algo lógico y natural, acorde con la vida que llevó. “Entonces veo las mujeres como personas fuertes. Ellas me alimentaban, me vestían. Mi abuela me enseñó a robar, mi tía a pelear, me mandó a boxeo cuando tenía 15 años (…) Si alguien se metía con nosotros, venían a defendernos a la escuela. Ningún hombre hizo eso por mí. Nunca estuvieron cuando los necesité. Sólo conozco a las mujeres”.
Otros elementos fascinantes en su arte son la predilección por el maquillaje y el travestismo (no novedoso, sino influencia del glam británico), así como hacer a las mujeres cantar desde la perspectiva masculina, como en “Black Steel”, donde se narra cómo un hombre (afroamericano, además) se niega a ser reclutado por el ejército.
Su obra también aborda la vulnerabilidad del hombre, los traumas familiares, la claustrofobia humana, la ambigüedad sexual… y, de hecho, la ambigüedad del humano. Es un artista varias veces dividido y, por lo mismo, ausente. Un fantasma que no siempre aparece, pero cuando lo hace sorprende y deja huella. Así ha sido por casi 40 años.

