«Prieto», «pobre» y «puto», estas son algunas de las palabras que utilizamos los mexicanos para tratar de ofender a la gente y hacerla sentir menos, estos «insultos» encierran no solo prácticas racistas, sino que además están atravesadas por un clasismo, un machismo o hasta un lookismo (dar preferencia o hacer menos a alguien por su apariencia), pero no son solo las palabras, muchas de las actitudes y prácticas que realizamos los mexicanos son marcadamente racistas ¿por qué decimos esto?

Los mexicanos no nos atrevemos a aceptar y combatir abiertamente las actitudes racistas de nuestra sociedad e instituciones, en vez de eso, nos abrazamos y nos gratificamos de no ser racistas al estilo estadounidense o nazi. Pero ser racista no es solo matar a alguien de otro color o insultarlo, es hacer una serie de prácticas que exilian de oportunidades y de actividades sociales y económicas a varios sectores de la población y en este sentido, políticas públicas del gobierno también serían racistas.

De este modo, es racista, desde el no juntarnos, cuando somos niños, con el prietito o el indito del salón o molestarlo solo porque es más oscuro, hasta las políticas públicas que excluyen, en la práctica, a sectores vulnerables como el indígena o las localidades afromexicanas, o el constante acoso que sufren los pueblos originarios por parte de los policías, quienes abusan de ellos solo porque traen sus trajes típicos (muchos hemos oído de casos en los que no dejan entrar a indígenas a lugares por el hecho de traer sus ropas locales, como si, por eso, fueran menos ciudadanos que los demás).

 

¿Cómo es el racismo a la mexicana?

Hay tópicos que encierran la actitud racista en el país, como la utilización de frases (y prácticas) del tipo:

«Hay que mejorar la raza»

¿Qué significa esta frase? Para empezar que hay razas mejores y razas peores y que deberíamos inclinarnos a mezclarnos con las superiores (igual y se nos pega algo… lo cual es una tontería).

Y así, preferimos la amistad con el«güerito» y juntarnos con la «gente bonita» o la «gente bien». Todas estas expresiones indican tanto una actitud racista de exclusión, como prácticas clasistas de discriminación (y que no tienen ningún sentido, un güero, un moreno y un negro tienen la misma posibilidad tanto para ser unos genios con corazón de oro, como para ser unos idiotas que se comportan como cretinos).

Además decimos expresiones como «los mexicanos son guadalupanos», «los mexicanos son ‘morenitos’», o «todos los mexicanos hablan español», entre otras generalizaciones, que invisibilizan a todos los individuos tan diversos que viven en nuestro país y los obligan a dejar atrás sus propias identidades para poder «aspirar» a ser aceptados en la sociedad dominante.

La Jornada publicó el día de hoy varios artículos acerca del racismo en México, en uno de ellos cita a Emiko Saldívar, profesora del departamento de Antropología de la Universidad de California en Santa Bárbara:

«El racismo en México es de asimilación, no de segregación. Se piensa que es más benigno porque te dice “si te pones abusado, haces alguna alquimia y te adaptas, ya no vas a ser víctima de discriminación”, cuando el verdadero problema es que eso sea una opción»

Es decir, el racismo mexicano no divide a las razas sino que da preferencias a una características sobre otras y los individuos con características menos privilegiadas tienden a imitar a los más privilegiados, aunque eso signifique discriminar a la gente que es igual a ellos.

Otra característica del racismo mexicano es que, a diferencia de otros países donde la división es más clara, en nuestro país las posibilidades de combinación son muy grandes, lo que da como resultado que la misma persona que es discriminada en un contexto, discrimine en otro. Así lo explica Mónica Moreno Figueroa, académica del área de Sociología y Política de la Universidad de Newcastle, Inglaterra:

«En un contexto eres el güero del grupo, en otro el más moreno y en uno distinto eres igual que los demás. Esa relatividad nos permite pasar de víctimas a victimarios, en una dinámica en la que una persona puede quejarse de que la dejan entrar a un antro porque es morena, pero al mismo tiempo se cambia de banqueta si ve a alguien más moreno que él»

Por ejemplo, es muy común que entre homosexuales se discriminen por color de piel, posición social o afeminamiento, y pasan de ser víctimas a victimarios según el contexto en el que estén y las características que posean.

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No estamos felices con nuestro color de piel

Según la Encuesta Nacional sobre Discriminación en México 2010 que realiza la Conapred, el 20% de nuestros paisanos no están felices con su color de piel (lo cual lanza la pregunta ¿por qué no estás a gusto con tu color de piel? ¿qué te han hecho, dicho o que has visto en la sociedad mexicana que te hace desear cambiarte de color?), por otro lado, el 24% de los mexicanos se han sentido discriminados «por su apariencia física».

En México SÍ hay negros, son muchos y son parte de nosotros desde la Colonia

En nuestro país hay habitantes con afroascendencia desde la Colonia. Tanta era su visibilidad en la cultura novohispana que existían varias ‘castas‘ que tenían que ver con estos individuos, desde los mulatos, los moriscos, lobos, jíbaros, cambujos, hasta los zambiagos, entre otros.

El problema surgió después de la Independencia. La figura del negro en México desapareció y dejó de tener relevancia para el Gobierno. Para los pensadores independentistas, el plan era hacer de la sociedad mexicana una sociedad homogénea, se hizo un ensalzamiento del mestizaje, y hubo una igualdad legal. Pero la igualdad ante la ley no se tradujo en una igualdad social, y hasta la fecha los afromexicanos no existen para los mexicanos, para el pueblo mexicano solo hay 4 negros: Kalimba, Johny Laboriel, Memín Pingüin y el Negro Durazo, de ahí en fuera, todos los demás somos prietos, algunos más y otros menos.

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Pero afromexicanos ilustres hemos tenido a muchos, siendo uno de los primero Gaspar Yanga, líder de uno de los primeros movimientos americanos que buscaban la libertad para los esclavos. También se sabe que Vicente Riva Palacio tenía ascendencia negra, así como Vicente Guerrero, entre muchos otros mexicanos.

Aquí, una fotografía con algunos afromexicanos.

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Nuestros indígenas, los que más sufren

México se la pasa vanagloriándose de su pasado indígena, pero a los herederos directos de esos pueblos no solo no les hace caso, además hay injusticias tan grandes como la siguiente: según un estudio hecho por Gillete Hall y Harry Patrinos sobre la pobreza y el desarrollo de los pueblos originarios de América Latina, en México un ciudadano indígena en 1995 con estudios de licenciatura ganaba 3 mil pesos mensuales, mientras que un ciudadano no-indígena con los mismos estudios ganaba más del doble, es decir, no importa si estudiaban y se esforzaban (más que los ciudadanos no indígenas, pues ellos hablan otras lenguas como Zapoteco o Náhuatl y vienen de lugares marginados), de cualquier forma estaban condenados a ganar menos que los demás.

Además, un estudio hecho por la Universidad de Texas en 2010 indicó que los mexicanos con piel más oscura tienen 57 % menos oportunidades de ir a la universidad en comparación con los mexicanos con tez blanca, por lo que sus opciones de trabajo se limitan a actividades como empleados domésticos, obreros, choferes y guardias de seguridad.

No se denuncia (es más, en algunos estados no es delito ser racista)

Como los mexicanos no se consideran racistas y ven como «natural» las practicas de exclusión y comentarios que realizan, no hay denuncias y, peor, no hay mecanismos legales que castiguen a los infractores ¿Por qué? Bueno, la Conapred solo puede sancionar a organismos públicos (lo cual ya es algo bueno), pero no tiene facultades para sancionar a individuos o empresas particulares (siendo estos los que son más propensos a tener actitudes racistas).

Por si esto no fuera terrible, en algunas entidades del país la discriminación racial ni siquiera es un delito (como en Nuevo León, Sonora, Jalisco y Morelos).

México firmó en 1975 la Convención para la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial, pero desde ese año y hasta 1996 negó que en el país hubiera racismo (como se ve que nunca vieron una telenovela mexicana, ahí sí que hay racismo y clasismo al por mayor).

Además el racismo permite que hagamos menos a la gente por su apariencia física, creamos que son peligrosos, los culpemos por su pobreza y hasta los despojemos de sus tierras y sus recursos naturales (no olvidemos nunca Wirikuta o la carretera que quería poner el gobierno de Guanajuato y que atravesaba los lugares sagrados de una comunidad otomí) o los despojemos de sus derechos básicos (como las mujeres indígenas que han tenido que dar a luz en el exterior ya que nadie quería atenderlas).

¿Qué podemos hacer?

Campañas de educación intercultural, hacer una política de medios que no solo exalte el modelo occidental de belleza (por ejemplo, que no todos los modelos de anuncios sean blancos con pelo rubio, ya que la mayoría de los consumidores de nuestro país no son así) y, sobre todo, hablar del tema, hablarlo mucho y hacerlo visible.

Saldívar expresó:

 «Parte de la solución es exponerlo [el tema del racismo], abrir espacios donde la gente hable de sus experiencias, ponerle palabras a lo que vives, porque una de las claves para tolerar el racismo en México es poder negarlo, asumirlo como algo natural y de esa forma justificar el privilegio y la desigualdad social»

¿A qué aspiran nuestros hijos?

¿Se acuerdan de la Barbie humana y sus adorables y soberanamente estúpidas ideas racistas de que el mestizaje hacía fea a la gente? Se podrá ver como una exageración, pero ¿al final del día, no es este el cuerpo, esta la cara y este el contenido mental al que aspiramos? Si los individuos son diferentes ¿por que no solo aceptar y respetar esas diferencias?

El mayor problema con nuestras ideas es que creemos que las diferencias se deben traducir en desigualdades, pero cualquier persona que sea versada en genética les podrá explicar que no existen las «razas humanas» y que los fenotipos no se determinan de la manera que popularmente creemos (nuestras creencias son muy parecida a la manera de pensar de los españoles de hace 500 años… así es, nuestras ideas sobre el color de la piel y el comportamiento de la gente, además de su lugar en la sociedad, tienen más parecido con las prácticas racistas de la Colonia, que con algún conocimiento científico actual).

Para un racista, esta es «la gente bonita» o la «gente tipo bien».

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Otro tipos de racismo mexicano

No solo los mexicanos con piel oscura sufren por las prácticas racistas, tal vez ellos estén limitados económicamente y socialmente, pero también los otros colores de piel sufren de discriminación. A los «güeros» se les extirpa la nacionalidad en su propio país, muchos de ellos tienen que soportar que comerciantes les quieran ver la cara por considerarlos «extranjeros». Del mismo modo, recuerdo a un amigo afromexicano (él prefiere que le digan negro… o mejor, que lo llamen por su nombre), todo el tiempo le preguntaban que de qué país venía, como si por ser negro no pudiera ser mexicano.

Ya es hora de aceptar y respetar que en nuestra nación viven varias culturas, desde los pueblos originarios, hasta las comunidades coreanas, judías o libanesas y que todos los individuos son mexicanos por el hecho de haber nacido aquí, sin importar su religión, idioma, apariencia física o posición social.

La cosa no solo es que la gente comience a respetar a los otros, también hay que ver la manera en que las políticas públicas pueden reparar la marginación de tantas generaciones que han limitado las oportunidades de crecimiento de tantos sectores de nuestra población.

@Filosofastrillo

***Vía La Jornada