En abril de 2021, el ejército ruso comenzó a posicionar tropas a lo largo de su frontera con Ucrania; particularmente, en la región de Crimea que fue anexada por Rusia en 2014. En aquel momento, se hablaba de cerca de 80,000 soldados desplegados en puntos estratégicos en el río Dniéper y el Mar Negro. Los movimientos sorprendieron y alarmaron a la comunidad internacional. Y aunque las cosas han estado complicadas, por el momento no ha habido un enfrentamiento militar abierto, aunque podría estar en camino. Sin embargo, las tensiones entre el gobierno de Vladimir Putin y el de Volodímir Zelenski, así como con el resto de Europa y Estados Unidos, han escalado considerablemente a últimas semanas.

Con peras y manzanas: ¿qué está pasando en Rusia y Ucrania?

Se trata de un conflicto que lleva ya varios años sin resolverse, al grado que especialistas lo han llamado “La guerra que Europa olvidó”. Es una pelea que ha dejado más de 14,000 muertos en menos de una década y que tiene en constante jaque tanto a Rusia como a Ucrania; además, por supuesto, a Estados Unidos y Europa con temor. En 2014, básicamente lo que sucedió fue que el gobierno ruso apoyó a comunidades rusoparlantes de lo que se conoce como la región del Donbas para poder independizarse de Ucrania.

Curiosamente, el conflicto que comenzó en 2021, y que todo parece indicar que alcanzará puntos álgidos en este 2022, no ha tenido razones claras y abiertas sobre por qué Putin ha decidido escalar las tensiones en estos momentos. Se suelen barajar tres hipótesis que tienen que ver con control de suministros de agua por parte de Rusia, la posible adherencia de Ucrania a la OTAN y un discurso simbólico del pasado soviético que comparten ambas naciones.

¿Probable invasión?

Aunque no quedan claras las razones detrás del despliegue militar ruso, la realidad es que es un tema que no cesa. Por un lado, Rusia ha movilizado desde diciembre de 2021 a todavía más tropas a la frontera con Ucrania. Ahora se habla de más de 100,000 soldados (aunque el 26 de diciembre pasado se retiraron alrededor de 10,000 después de algunos simulacros y entrenamientos). Por ello mismo, no es alarmista pensar en una posible invasión a territorio ucraniano que comenzaría con la llegada de tropas a los territorios de Donetsk y Lugansk

Por otro lado, aunque el tema estuvo un poco congelado a lo largo de 2021, el gobierno ruso—y particularmente Putin—ha enfatizado constantemente que Ucrania en realidad es parte de una gran Rusia que se desmoronó con la caída de la Unión Soviética. Es decir, se ha reforzado un discurso que gira alrededor de la idea que rusos y ucranianos en realidad son un mismo pueblo que, que de alguna forma u otra, tendría que estar unido. Esto responde a lo que a los ojos del Kremlin es una “occidentalización” de Ucrania, misma que es ampliamente notoria por sus relaciones con Europa y Estados Unidos, así como por su interés en pertenecer a la OTAN.

Este último punto es uno que sí ha sido abiertamente mencionado por Putin a últimas fechas; es decir, que no planean desescalar las presiones en la región hasta que no haya una negativa completa de la OTAN a adherir a Ucrania al organismo multilateral. Sin embargo, no hay claridad sobre si ese hecho por sí solo podría apaciguar las ansias de Rusia por anexar más territorio ucraniano a sus fronteras. Aunque todo parece indicar que la historia de Crimea se repetirá.

Cambios de balances

A pesar de lo anterior, no debe desestimarse que las acciones de Rusia se dan en un contexto en el que Estados Unidos se encuentra más bien con el ojo puesto en China. El anuncio de un boicot diplomático a los Juegos Olímpicos de Invierno de Pekín 2022, por parte del gobierno de Biden, ha sido sólo el más reciente ejemplo de una guerra comercial que poco a poco parece más una guerra fría entre ambos países. Con esto en mente, es relativamente sencillo para Putin tratar de mostrar el músculo político y económico de los rusos frente al mundo para obtener lo que le plazca.

Seis meses después de la primera reunión entre los presidentes de Rusia y Estados Unidos, Biden y Putin sostuvieron una videollamada el pasado jueves 30 de diciembre para hablar sobre la crisis en la frontera con Ucrania. En ella, Biden dijo que de continuar la avanzada rusa, se impondrán sanciones económicas fuertes entre los aliados de la OTAN contra Rusia; por su parte, Putin respondió que, de ser el caso, romperían completamente las relaciones diplomáticas con Estados Unidos. El problema de este tipo de sanciones es que Europa depende fuertemente de Rusia en cuestiones de suministro de gas natural; en pleno invierno, es difícil imaginar que algo así se pueda llevar a buen puerto.

El 2022 va a empezar con todo

A principios de 2022, Biden habló también con Zelenski para hacerle saber que la OTAN entrará al quite con Ucrania si es que Rusia comienza una invasión. Pero este tipo de apoyo a medias se lee con frecuencia desde el Kremlin como simbólico y rara vez ese tipo de amenazas detienen a Putin. 

Será un comienzo de año intenso para el tablero internacional. Más allá de lo que se negocie en las mesas oficiales, muy probablemente Rusia estará a la expectativa de cualquier movimiento en falso para avanzar.

Sin duda, 2022 viene con todo. 

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