Lo que necesitas saber:
La alcaldía Iztapalapa es una de las que conservan sus tradiciones a través de varios siglos de historia. Sus pueblos originarios se distinguen por su colorido y sus festividades religiosas.
Iztapalapa no es solo la alcaldía más poblada de la CDMX, dentro de ella conviven pueblos originarios con siglos de historia, tradiciones vivas y hasta gobiernos comunitarios que sobreviven pese al crecimiento descontrolado y la modernidad. Estas comunidades conservan sus hábitos y costumbres mediante fiestas patronales y otros rituales comunitarios.

En esta alcaldía tenemos el mítico Cerro de la Estrella, lugar donde se realizaba la ceremonia prehispánica del Fuego Nuevo, considerada como la más importante, dedicada a la renovación del ciclo solar, cada 52 años. También en este lugar se lleva a cabo la representación de la Pasión de Cristo desde 1843, como una promesa y agradecimiento al Señor de la Cuevita por detener una fuerte epidemia de cólera. Hoy esta tradición es Patrimonio Cultural Inmaterial de México.

Sus 15 pueblos originarios se encargan de conservar mucho de sus orígenes prehispánicos con un fuerte arraigo comunitario y un importante sincretismo cultural que combina la herencia mesoamericana con el catolicismo colonial. Iztapalapa tiene un colorido que no encontramos en casi ningún otro lugar de la capital y sus comunidades conservan su autonomía cultural y tradiciones ante el paso del tiempo.
El pasado prehispánico de Iztapalapa
El nombre de Iztapalapa viene del náhuatl Iztapallapan, que significa “sobre la losa de agua” y tiene una historia que se remonta a más de 9 mil 400 años, según el hallazgo de los restos del Hombre de Aztahuacan, y con el tiempo se convirtió en una poderosa ciudad lacustre y en una importante línea de defensa para el imperio mexica.

Llegó a ser un señorío perteneciente a Culhuacán vinculado a la Triple Alianza, que más tarde quedó subordinado al imperio mexica de Tenochtitlan. Su gobernante más famoso fue el tlatoani Cuitláhuac, hermano de Moctezuma Xocoyotzin que dirigía al pueblo desde los palacios y bellos jardines de Iztapallapan, para más tarde ser emperador de la capital del imperio mexica por un breve tiempo y dirigir la resistencia contra las tropas de Hernán Cortés.

Aun así, gran parte de la población con sus templos y palacios fue arrasada tras la victoria de los conquistadores, la región se dividió bajo el sistema de encomiendas y se integró a la Ciudad de México, para ser usada como fuente de recursos y mano de obra. Los frailes franciscanos y agustinos la dividieron y construyeron diferentes templos con santos patronos católicos para evangelizar a los sobrevivientes, y así se crearon diferentes pueblos y barrios.
El Señor de la Cuevita
Con la llegada de la colonización y la evangelización y se hizo fuerte la tradición religiosa dedicada al Señor de la Cuevita, una efigie de Cristo que en 1687 llevaban a la Ciudad de México desde Oaxaca, pero los que lo transportaban pararon a descansar una noche cerca de una cueva de Iztapalapa, y al día siguiente, el Cristo pesaba tanto que no pudieron moverlo, así los habitantes locales lo adoptaron y le construyeron una capilla a la entrada de la cueva.

A este Cristo se le dedicó el primer viacrucis por realizar el milagro de erradicar la epidemia de cólera que azotó a la región en el siglo XIX, y como sabemos, la tradición sigue vigente. Actualmente, su capilla es la Catedral de Iztapalapa, conocida como el Santuario del Señor del Santo Sepulcro de Jerusalén, ubicada en el corazón de la alcaldía y es una figura central en la devoción de las diferentes comunidades.

Además de la Pasión de Cristo de Semana Santa, al Señor de la Cuevita se le dedican otros homenajes como las fiestas de mayo, en las que toda la población conmemora su llegada y la fiesta de septiembre, en la que los pobladores y mayordomías locales colocan portadas florales monumentales en afuera del templo.
Los pueblos originarios de Iztapalapa
Los asentamientos o pueblos originarios que encontramos en esta alcaldía son de los más antiguos de la CDMX. En el pasado, la región, ubicada junto al lago de Texcoco, tenía alrededor de 10 mil habitantes y dos terceras partes de sus edificaciones estaban construidas sobre chinampas. Muchas de las calles actuales corresponden a los viejos canales.

Con la conquista y la evangelización, la zona se dividió en diferentes comunidades, las que hoy conocemos como sus pueblos originarios. Entre los principales y más conocidos están: Culhuacán, que corresponde al antiguo señorío tolteca del mismo nombre, ubicado en las faldas del Cerro de la Estrella; San Lorenzo Tezonco, con su famoso panteón y un importante pasado chinampero; Santa Martha Acatitla, un gran tesoro histórico con festividades tradicionales y Santa María Aztahuacán, famoso por sus fiestas religiosas y su organización comunitaria tradicional.
Así también tenemos: Aculco, Los Reyes Culhuacán, La Magdalena Atlazolpa, Mexicaltzingo, San Andrés Tetepilco, San Andrés Tomatlán, San Juanico Nextipac, San Sebastián Tecoloxtitla, Santa Cruz Meyehualco, Santa María Tomatlán y Santiago Acahualtepec, cada uno muy arraigado a sus tradiciones.

Asimismo, el centro de Iztapalapa se divide en 8 barrios tradicionales: San Lucas, San Pablo, San Pedro, San Juan, San Ignacio, Santa Bárbara, San Miguel y La Asunción. Visitar los pueblos y barrios de esta alcaldía es como dar un viaje al pasado. Es un tesoro histórico ubicado al oriente de la CDMX y si tienes la oportunidad, merece darle una visita.

