Noam Chomsky siempre ha hablado de Estados Unidos de América como el principal estado terrorista del mundo, y no sólo a partir de que el país norteamericano sufriera un ataque a principios de milenio (aquel que cambió el rumbo de la historia política en el mundo), sino desde antes, desde que Estados Unidos con la administración de Reagan hablara de una “guerra contra el terror” que poco a poco cambió su título a “guerra contra el terrorismo”. 

Para Chomsky, esta retórica es una hipocresía por parte del Estado, el cual ha contribuido a la difusión del concepto de terrorismo bajo sus propios parámetros y bajo sus propias reglas. De este modo, una “guerra contra el terrorismo” resulta “ridícula” y ofensiva contra las víctimas reales de las políticas exteriores del país (desde el niño africano sosteniendo un arma de alto calibre, un hombre llorando tras perder a su familia en un bombardeo, hasta la crisis migratoria en la frontera entre México y Estados Unidos). 

Noam Chomsky / Getty Images

Para el pensador, hay distintos tipos de terrorismo, y el más conocido es la islamofobia, el temor que la sociedad en general siente hacia esa minoría étnica que utiliza la religión como base de violencia. No negamos de ninguna manera su existencia; sin embargo, como mencionamos, existe y ha crecido por una razón: es apoyada por el gobierno de Estados Unidos en un intento de mantener su poderío y presencia en Medio Oriente. 

Las teorías alrededor del fundamentalismo islámico son variadas, pero muchas apuntan a la premisa de arriba. África y países de Latinoamérica, sobre todo del centro de nuestro continente, han vivido sus propios ataques, sus 9/11, patrocinados por el país más poderoso del mundo, pero nadie dice nada. 

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Durante décadas se ha negado la realidad actual de la sociedad americana y el terrorismo que viven patrocinado, irónicamente, por ellos mismos (y aquí no podemos asegurar que sea de forma inconsciente). La violencia con armas y las masacres no son nuevas para Estados Unidos, y sorprendentemente van de la mano con las políticas de terror de su gobierno a partir de un discurso bastante sencillo: somos la nación más poderosa del mundo, todos quieren lo que nosotros tenemos y debemos cuidarlo a como dé lugar. Si es necesario, los ciudadanos han de estar armados y listos para defenderlo de manera individual. 

El discurso político en este aspecto, no es tan variado entre demócratas y republicanos. Ambos partidos entienden y abrazan el poder, sólo que de un lado y de manera más cínica, nos atrevemos a decir, también se apropian del odio, de la ignorancia del racismo, la discriminación, así como la histeria y el hartazgo colectivo. Y con esto, todos los terrorismos se relacionan. 

Tiroteo en Las Vegas Nevada

Foto: David Becker/Getty Images

La islamofobia se sustenta con base en su estatus de nación líder, de ser los “policías del mundo” que podrán perder guerras con hombres, pero no con ideas. La amenaza de una guerra nuclear incrementa con el tiempo. El mismo Chomsky ha dicho que es un “milagro” que no se haya desatado el conflicto mundial con el poderío tecnológico en manos de países como Estados Unidos, pero también Israel, Rusia y Corea del Norte. 

Y es ese constante temor de ser atacados e invadidos, lo que ha provocado que la violencia se haya desatado a un nivel que resulta imposible controlar. Como mencionamos, la violencia con armas de fuego y las masacres no son nuevas. Los primeros registros de este tipo de situaciones son mucho más viejas que Columbine en 1999. Esta no fue la primera, pero sí la que reveló el problema a un nivel cultural y la que generó todo un discurso relacionado. 

Masacre de Columbine.

¿La razón? Los medios de difusión masiva y su papel en “crear” lo que se conoce como  la generación Columbine. El 20 de abril de 1999, a grandes rasgos, dos estudiantes en Littleton, Colorado, mataron a 12 compañeros y un profesor. Los jóvenes, considerados marginados, utilizaron distintas armas de fuego y explosivos para atacar su escuela. La historia se relata en Elephant de Gus Van Sant, la mejor película sobre el hecho y sobre el tema. 

En 2003, Gus Van Sant recibió el premio de Mejor Director y la Palma de Oro en el Festival de Cannes por esta cinta, la cual pretendía ir más allá que presentar la perturbadora historia de dos jóvenes que terminado su acto, decidieron quitarse la vida. Elephant quería revelar el rompimiento de una rutina, de la cotidianidad de un estudiante por un acto de violencia. 

‘Elephant’ de 2003.

Actualmente, algunas producciones han querido abordar el mismo tema desde distintas perspectivas y con un radar mucho más amplio considerando la presencia de las redes sociales y la era digital. Series como 13 reasons why de Netflix habla de depresión, suicidio, abuso, violencia sexual. Euphoria de HBO es un poco más profunda al tratar los traumas de una juventud que vive inmersa en lo digital, pero debe afrontar los problemas en una realidad que no comprende: adicciones, difamación y más violencia (porque la peor no es la que se genera con las armas). 

La década de los 90, antes de Columbine y Elephant, algunos directores exploraron las deficiencias ideológicas en las generaciones más jóvenes. Y es aquí que hemos de nombrar a uno de los directores más interesantes y directos. Se trata de Larry Clark, quien a los 52 años se convirtió en director de cine con Kids (1995) después de una larga carrera como fotógrafo de lo real y lo cotidiano. El guión era de un joven llamado Harmony Korine

Lisa y Marty en ‘Bully’.

En 2001, Larry Clark comenzó la producción de su tercer largometraje titulado Bully. Esta cinta está basada en el libro Bully: A True Story of High School Revenge de Jim Schutze, el cual a su vez retoma hechos reales del asesinato de Bobby Kent en manos de siete adolescentes. 

La película nos presenta a Bobby, un joven encantador e inteligente frente a los adultos, pero que en realidad es un abusador y una persona sumamente violenta. Su mejor amigo es Marty Puccio, un joven de ascendencia italiana que es víctima de Bobby. Constantemente, Marty llega a casa con moretones y heridas. Todo transcurre con normalidad hasta que Marty conoce a Lisa y su relación comienza a ser cada vez más importante. Lisa se da cuenta que Bobby es un bully, y pide a su novio terminar con la relación. Sin embargo, Marty se niega a hacerlo y permite que, incluso, Bobby ataque sexualmente a Lisa. 

La relación se complica más en Bully cuando entra en juego Ali Willis, amiga de Lisa y quien se convierte en novia de Bobby, pero sólo por un periodo corto de tiempo en el que es violentada sexualmente por el protagonista. Harta de los abusos y la violencia, Lisa crea un plan para asesinar a Bobby…

No hay spoilers en esta historia. Bobby Kent fue asesinado en julio de 1993 en Florida, y su cuerpo fue abandonado en un pantano para que los cocodrilos lo comieran. Las cosas no resultaron y el cuerpo fue hallado. Cada uno de los involucrados (algunos conocieron a Bobby la noche del asesinato), fueron condenados a distintas sentencias. Marty fue condenado a muerte, pero en 1997 se cambió a una sentencia de por vida. 

Bully es considerado un filme de culto y una de las películas más importantes de Larry Clark. El filme provocó distintos tipos de reacciones, y generalmente fueron negativas y de rechazo. Kids en el 95 estaba basado en vivencias reales, y a pesar de que la visión de Clark y Korine era presentar la realidad tal cual es, Bully supera a su predecesora.

Kids muestra sin filtros las relaciones sexuales entre niños y adolescentes sin dejar de lado las adicciones. Bully integra a su historia estas dos, pero con el agregado de la violencia sistemática, es decir, aquella que forma parte de su estructura social (a nivel escolar, laboral, familiar). 

Brad Renfro dio vida a Marty Puccio junto a Nick Stahl como Bobby Kent (quien en realidad era de ascendencia iraní). Los dos aciertan en darle cierto vacío a sus personajes (llevan en el filme una relación de codependencia), pero hay un error en Bully: el adolescente está lleno de ideas y deseos sexuales, sí, pero también es una montaña rusa de emociones, sentimientos como el amor, odio, lástima, indiferencia y más. ¿Por qué minimizarlas si son parte de lo que los llevó a cometer el crimen? 

A veces, Clark muestra cierta empatía hacia sus personajes principales, y justifica su relación de abuso. En este caso, tendríamos que comprender (que es muy distinto a analizar) a cada uno de los adolescentes que ha perpetrado un acto de violencia por “mínimo” que sea. Desde un ataque sexual a su pareja, el abuso físico hacia un compañero, hasta un tiroteo escolar. Esa es la falla de Bully, pero no quita que actualmente sirva como un pretexto para reflexionar sobre la violencia sistemática en la que los jóvenes se ven obligados a vivir con tal de formar parte de una nación que lucha contra todo, contra todos y contra sí mismos. 

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