CuadroXCuadro: ‘Kids' de Larry Clark de 1995.

CuadroXCuadro: ‘Kids’, una película que dice más de quien se ofende

La década de los 90 terminó (temporalmente hablando) hace 20 años, pero aún seguimos viviendo destellos de lo que alguna vez se convirtió en una de las etapas de apertura más grandes que ha experimentado el ser humano como individuo y como ser social. La cultura de los 90 se diversificó de tal forma, que nos preparamos para un nuevo milenio dirigido por los avances tecnológicos definidos, asimismo, por una necesidad de inmediatez más allá de la comunicación misma. 

En el mundo ocurrieron eventos decisivos a nivel político, económico, social y cultural. La URSS terminó y devino una crisis económica para algunos países que formaban parte, incluso aquellas naciones que sólo dependían del sistema comunista como Cuba, por ejemplo. Lo mismo sucedió con el territorio conocido como Yugoslavia, que tras la separación de sus estados, trajo como consecuencia una guerra que a la fecha sigue predicando discursos de odio. 

Albaneses reciben comida en un refugio en 1998 en Kosovo, Yugoslavia. / Getty Images

En Latinoamérica, la economía se convirtió en un tema a debatir, y la sociedad se vio obligada a participar en la crisis internacional maquillada de un supuesto desarrollo económico y neoliberal. Para los países de América Latina, los problemas crecían en una región demasiado rica como para ser bien dirigida. En México, los 90 dieron paso a la ruptura de la llamada dictadura perfecta que, para bien o para mal, provocó un cambio que ya se había negado desde hace muchos años. En los 90, la libertad, o la idea de libertad, tuvo un costo muy alto. 

Estados Unidos se cuenta aparte. Sin duda, podríamos llamar a este país como aquel que define el curso de la cultura popular en Occidente en varias de sus industrias como los discursos políticos, las corrientes artísticas, la música y el cine. Bill Clinton, un sujeto agradable y sencillo que tocó el saxofón en un talk show, se convirtió en presidente de la nación más poderosa del mundo. Nirvana y bandas similares como Pearl Jam y Alice in Chains, cantaron y musicalizaron letras con las cuales una generación completa se pudo identificar. 

Disney vivió una época conocida como “renacimiento” donde salieron filmes animados que ahora son clásicos como La Bella y la Bestia, Pocahontas, Tarzán, Mulan, El jorobado de Notre Dame, entre otras. A la mitad de la década, Pixar llegaba al mundo de la animación (para cambiarlo completamente) con Toy Story. La ciencia ficción se mezcló con la acción en una de las películas más importantes en la industria, The Matrix de las hermanas Wachowski. Quentin Tarantino tuvo su debut como director con Perros de reserva, M. Night Shyamalan se convirtió en el amo y señor de los finales más sorprendentes con Sexto sentido

El nihilismo se convirtió en la premisa completa de una película como The Big Lebowski de los hermanos Coen, las chick flick adolescente se volvieron la fórmula de éxito de una parte importante de Hollywood y la televisión y un grupo de escoceses drogadictos plantearon una ideología de inconformidad en Trainspotting.

Y sólo en una época como esta, fue que Larry Clark pudo haber hecho una película como Kids. El año era 1995 y el presupuesto era poco. Y con eso, con prácticamente nada, Clark y Harmony Korine cambiaron la forma en que el sexo, las drogas y la juventud se presentaba en la pantalla grande. Pensamos en película como American Pie, donde la sexualidad se aborda desde una mirada cómica y chusca que fue importante, que demostró que los jóvenes empezaban a vivir su sexualidad desde la escuela y que tenían la capacidad de disfrutarla sin complejos ni construcción de tabúes. 

American Pie es una película noble. Kids no lo es sino todo lo contrario: Kids es una película peligrosa. Esta cinta nos presenta a Telly, “interpretado” por Leo Fitzgerald, un adolescente que pasa su tiempo con un grupo de skaters que consumen drogas. Telly se dedica a desvirgar niñas porque considera es más limpio hacerlo con mujeres que no hayan tenido relaciones sexuales. Además, plantea el personaje, no hay riesgo de nada pues se trata de su primera vez (el uso del condón y el grado de placer siempre ha sido un tema). 

Kids comienza con una larga secuencia de Telly besándose con una chica para convencerla de tener relaciones sexuales. Luego, Telly le cuenta a su amigo Casper lo que sucedió con esta nueva víctima, así como sus intenciones de quitarle la virginidad a Darcy, hermana de uno de los tipos del grupo. 

Del otro lado están las chicas, quienes aparecen en pantalla platicando de sus experiencias sexuales (vaginales, orales y anales) sin protección. Ruby ha tenido varios encuentros sexuales mientras Jennie sólo ha tenido sexo con Telly. Ante la incertidumbre de haber contraído una enfermedad, Ruby convence a Jennie de hacerse pruebas de VIH. El vuelco de la historia se da cuando Jennie descubre que es positivo… 

Lo que significa que Telly es portador del virus y lo ha transmitido a las chicas que han accedido a tener sexo con él. En los 90, el sexo seguí siendo un tema de rechazo ante la idea de que sólo un grupo específico de comunidades lo podía contraer. Kids planteó la premisa que todos temían desde una mirada cruda, realista y poco satisfactoria. 

El mismo título de la película sugiere demasiado en una época en  la que la gente estaba abierta a discutir más temas, pero evitaba a toda costa asumir la culpa de los problemas que atravesaba la juventud como la libertad sexual desmedida, la falta de interés y el consumo de drogas. 

Kids es la ópera prima de Larry Clark, un señor que en 1995 tenía ya 52 años y tenía cierta fama dentro del mundo de la fotografía. Clark se paseaba con su cámara por el Washington Square Park cuando se encontró con Harmony Korine, quien pretendía ser un cineasta y cargaba con sus VHS por todos lados. Cuando vio a Clark con su cámara, le preguntó que era lo que buscaba: filmar una película. 

Ambos dieron en el clavo. Korine tenía aproximadamente 22 años y se juntaba con skaters que dormían en los techos de edificios. Escribió un guión que no parecía uno y creó personajes que no podrían pertenecer a ninguna ficción. Justin Pierce, quien da vida a Casper, era un skater, no un actor. Lo mismo sucedió con Leo Fitzgerald y un caso similar entre Rosario Dawson y Chloé Sevigny (Ruby y Jennie). 

El secreto de Kids para ser tan impactante a un nivel cultural y emocional, es que fue escrita por un chico que podría haber sido un personaje más (y lo fue). Es una de las películas más controvertidas de la década de los 90, y a pesar de tener 24 años, sigue siendo vigente, peligrosa y preocupante.

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