El cine contemporáneo mexicano se ha encargado de mostrar la diversidad cultural del país y las distintas realidades sociales, incluso, de una misma ciudad. Hemos de entender que no necesariamente, el buen cine mexicano se enfoca en historias cuyos escenarios son se definen por la decadencia, la pobreza, delincuencia y donde la desesperación y violencia se heredan. Sin embargo, son las que más impacto tienen en la sociedad porque se viven a diario, porque a veces nos identificamos, y porque nos hacen caer en cuenta que la realidad siempre supera la ficción. 

Desde la Época de Oro del cine mexicano, a través de dramas y comedias, se ha representado al individuo que nunca podrá salir de su realidad como consecuencia de un entorno repetitivo. Los olvidados de Luis Buñuel de 1950 es el mejor ejemplo de esta condición fílmica mexicana, pero también se agrega a la lista la trilogía de Ismael Rodríguez conformada por Nosotros los pobres de 1947, Ustedes los ricos de 1948 y Pepe el Toro de 1952. 

Pedro y El Jaibo en ‘Los olvidados’ de 1950.

Para la década de los 70, el cine mexicano se convirtió en un medio de protesta que encrudeció sus historias y a sus personajes. Felipe Cazals con la trilogía de 1975 y 1976 de  Canoa, El apando y Las Poquianchis, Arturo Ripstein con El castillo de la pureza de 1973, Raúl Araiza y más pusieron su cámara al servicio de la denuncia. 

Todos estos filmes dieron paso a los grandes títulos internacionales que representan a México en sus formas más crudas como Amores perros de Alejandro González Iñárritu para principios de milenio, la trilogía de Luis Estrada que sumó un título más con La dictadura perfecta (La ley de Herodes, Un mundo maravilloso y El infierno) y la gran cantidad de producciones en relación al narcotráfico como Heli de 2013 de Amat Escalante o Cómprame un revólver de Julio Hernández Cordón, entre otras. 

CuadroXCuadro: ‘El apando' de Cazals y el cine mexicano en servicio de la cruda realidad

José Carlos Ruiz como ‘El Carajo’.

Este 2019, con una temática social, llega CHICUAROTES, el segundo largometraje como director de Gael García Bernal que nos presenta a Cagalera y Moloteco, dos adolescentes que atrapados en su entorno de violencia, deciden salir del mismo con base en los mismos modelos. Cagalera trabaja como payasito de transporte público, pero la indiferencia de la gente lo lleva a asaltar los camiones mientras una promesa, lo motiva a salir de su pueblo, San Gregorio Atlapulco en Xochimilco, a como dé lugar. 

Cagalera vive con su padre, Baturro, un hombre alcohólico y violento que golpea a su madre, quien obedece con tal de no ver dañados a sus hijos. En la misma casa vive su hermana y su hermano, quien es homosexual y debe soportar los insultos de Cagalera. Este personaje es interpretado por Benny Emmanuel, un joven de poco más de 20 años con el que platicamos de CHICUAROTES, la industria fílmica mexicana y los Cagaleras de México. 

CHICUAROTES hace una “invitación a practicar la empatía. Refleja una realidad que sucede aquí y en cualquier parte del mundo… Es una historia de búsqueda y superación de dos chavitos que por desesperanza y sentir que ya no van a hacer algo más en la vida, toman las peores decisiones y se deben enfrentar a sus consecuencias”, dijo sobre la importancia del filme de Gael García en una industria que, como mencionamos, habla de este tema constantemente. El mensaje es muy claro. Pregunta qué es lo que pasaría si tomas malas decisiones y no te puedes librar de las consecuencias”.

Si no eres empático, no vamos a crecer como sociedad”, dice Emmanuel de forma categórica a unos días de llevarse un Ariel por su trabaja en De la infancia de 2010 de Carlos Carrera. En esta cinta, protagonizada por Benny Emmanuel y Damián Alcázar, nos presentan a Francisco, un niño que vive con su padre, un ladrón de poca monta que, además, violenta a su madre y sus hermanos. 

Para escapar de esa terrible realidad, Francisco ve o imagina, nunca se define, el fantasma de un ladrón que intenta protegerlo a él y a sus hermanos. ¿Cómo un niño puede superar la violencia con la que crece?, ¿acaso estas condiciones no se heredan hasta convertirse en un círculo de pobreza y desesperación? 

En CHICUAROTES, nueve años después, sucede casi lo mismo. “De la infancia’ es atemporal. Eso habla muy bien de la película pero muy mal de México… El origen (de ambas películas) es el mismo: la falta de amor, la falta de empatía, el crecer sin un núcleo familiar amoroso. Son historias poderosas que reflejan la realidad de México, es muy fuerte. Lo peor es que pueden ser atemporales en 15 años si seguimos cometiendo los mismos errores como sociedad”. 

Las referencias, en un contexto general de CHICUAROTES, van desde Los olvidados, hasta Peyote de Omar Flores Sarabia. “Gael nos puso a ver un par de películas. También nos dio un libro de referencia que se titula ‘Un hilito de sangre’ de Eusebio Ruvalcaba, y yo me eché otro libro que se llama ‘Picardía mexicana’ para poder construir al personaje en cuanto al léxico”. 

Benny Emmanuel es acertado como Cagalera y como todo un chicuarote (nombre con el que se denomina a los originarios de San Gregorio). El actor comprendió los tonos, las formas y las palabras con las que se dirige un joven reprimido hacia el mundo. Ni qué decir del desinterés por encontrar oportunidades reales, conformándose con lo que le llega. 

En la película participaron personas oriundas de Xochimilco como actores y en la producción. Gabriel Carbajal y Esmeralda Ortiz, Moloteco y la hermana de Cagalera en CHICUAROTES, audicionaron hace un par de años para participar en esta cinta. Esta clase de iniciativas se agradecen en un país que ha quedado mucho a deber con la inclusión. Sí, se habla de entornos violentos, pero no se involucran de ninguna manera. CHICUAROTES rompe con eso. 

El (buen) cine mexicano no necesita historias, le sobran en cada barrio, pueblo, colonia y alcaldía de la Ciudad de México y otros puntos del país. Hemos de dejar de lado, por el bien de nuestro cine, esos refritos comerciales que sólo muestran la incapacidad de muchos personajes involucrados de dar oportunidades, de escuchar realidades y de tomarse en serio su industria. 

He visto crecimiento… Se filman cada vez más películas a pesar de las trabas a las que se enfrentan los realizadores”, dijo Benny Emmanuel. “Han encontrado este equilibrio entre el cine comercial y el cine de autor, por así decirlo, para poder contar las dos historias y que las dos se vean. Lo difícil ahora es que la gente entre al cine”. 

Grandes películas llegan a los festivales de cine más importantes a nivel internacional, y apenas si los espectadores se enteran. “En México se está haciendo cine comercial, independiente, de autor, de varios tipos. Ahora falta que los mexicanos se involucren con su cine para tener esta identidad nacional y crezca el interés por ver estas películas… Hay que ver las que abarcan estos temas sociales”. 

CHICUAROTES se encuentra actualmente en cines.