Lo que debo de saber
Hemos seleccionado 8 comienzos de novelas clásicas que parecen haberse escrito en el 2026.
No ha terminado el primer mes del 2026, y pareciera que ya llevamos décadas viviendo en este año que promete ser todo menos aburrido. Entre tantos acontecimientos, la mente necesita un descanso de la información, para abstraer y analizar el presente desde una mejor perspectiva, y nada mejor que la literatura y las novelas para darle paz y certeza a nuestros pensamientos. Obras de arte que desde el comienzo hasta el final son capaces de explicarnos el tiempo.
Y es que algunas piezas narrativas de largo aliento son mucho mejores que los noticieros para ofrecernos un espejo y una descripción de nuestra realidad. Basta leer las travesías del Quijote en la Mancha para comprender que la locura es bella y trágica al mismo tiempo, o adentrarse en la descripción del Soma, para sentir la fatalidad de los delirios en un Mundo Feliz.

A propósito de esto, y para que todos transitemos el bullicio de este año desde la serenidad de la lectura, hemos juntado el inicio de algunas novelas indispensables. Ocho relatos sobre la soledad, el miedo, la ansiedad del futuro, la melancolía enterrada en el pasado y la imposibilidad de vivir en un mundo que siempre avanza, a veces sin nosotros.
Las novelas como espejo de nuestra realidad
Sin importar en qué año hayan escrito sus obras de arte, los buenos novelistas son aquellos que logran capturar en sus textos el zeitgeisto el “espíritu de la época”, es decir, aquellos que a través de sus palabras y personajes transmiten la atmósfera del momento y nos invitan a entender cómo se sienten las actitudes, las modas, los deseos y las contradicciones de una época.
En ese sentido, las novelas son algo más que simple literatura entretenida; son un vehículo para humanizar el tiempo y el espacio. Podemos leer en un libro de historia sobre los eventos terribles de la Segunda Guerra Mundial, pero solo nos involucraremos emocionalmente con una época si seguimos la vida de un humano normal que de pronto escuchó afuera de su casa una bomba y su vida cambió.

La ficción nos permite tener una visión más profunda sobre la sociología y la psicología de la realidad. A través de la lectura continuada de novelas podemos entender la esencia de los grandes conflictos sociales, la necesidad de abrazar a las minorías y hasta las contradicciones del sistema en el que vivimos.
Por otro lado, si nos enfocamos en aquellas obras que pertenecen al género utópico o distópico, encontraremos que algunas novelas son laboratorios de realidades posibles. Al exacerbar los problemas y las necesidades de la sociedad, obtenemos un diagnóstico sobre los posibles escenarios que podemos vivir si seguimos uno u otro camino.
8 principios de novela que predicen un poco la locura del 2026
Dicho lo anterior, aquí les dejamos una breve, pero muy significativa colección de inicios de novela que nos permitirán analizar desde la infinita profundidad de la literatura no solo nuestro presente, sino nuestras propias emociones respecto a la existencia. La recomendación, obviamente, es leer todas y atravesar las cosas buenas de este año en la compañía de un libro.
1- La historia de las dos ciudades
Charles Dickens, 1959
“Era el mejor de los tiempos y era el peor de los tiempos; la edad de la sabiduría y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero nada teníamos; íbamos directamente al cielo y nos extraviábamos en el camino opuesto…”

2-1984
George Orwell, 1947
“Era un día luminoso y frío de abril y los relojes daban las trece. Winston Smith, con la barbilla clavada en el pecho en su esfuerzo por burlar el molestísimo viento, se deslizó rápidamente por entre las puertas de cristal de las Casas de la Victoria, aunque no con la suficiente rapidez para evitar que una ráfaga polvorienta se colara con él…

El vestíbulo olía a legumbres cocidas y a esteras viejas. Al fondo, un cartel de colores, demasiado grande para hallarse en un interior, estaba pegado a la pared. Representaba sólo un rostro de más de un metro de anchura: la cara de un hombre de unos cuarenta y cinco años con un gran bigote negro…”
3. El extranjero
Albert Camus
“Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé. Recibí un telegrama del asilo: “Falleció su madre. Entierro mañana. Sentidas condolencias”. Pero no quiere decir nada. Quizá haya sido ayer.”

4. Asfixia
Palahnuik, 2001
“Si vas a leer esto, no te preocupes. Al cabo de un par de páginas ya no querrás estar aquí. Así que olvídalo. Aléjate. Lárgate mientras sigas entero. Sálvate. Seguro que hay algo mejor en la televisión. O, ya que tienes tanto tiempo libre, a lo mejor puedes hacer un cursillo nocturno. Hazte médico. Puedes hacer algo útil con tu vida. Llévate a ti mismo a cenar. Tíñete el pelo. No te vas a volver más joven…”

5. Fahrehneit 451
Bradbury, 1953
“Constituía un placer especial ver las cosas consumidas, ver los objetos ennegrecidos y cambiados. Con la punta de bronce del soplete en sus puños, con aquella gigantesca serpiente escupiendo su petróleo venenoso sobre el mundo, la sangre le latía en la cabeza y sus manos eran las de un fantástico director tocando todas las sinfonías del fuego y de las llamas para destruir los guiñapos y ruinas de la Historia…”

6. Si una noche de invierno, un viajero
Ítalo Calvino, 1979
“Estás a punto de empezar a leer la nueva novela de Italo Calvino, Si una noche de invierno un viajero. Relájate. Recógete. Aleja de ti cualquier otra idea. Deja que el mundo que te rodea se esfume en lo indistinto. La puerta es mejor cerrarla; al otro lado siempre está la televisión encendida. Dilo en seguida, enseguida: «¡No, no quiero ver la televisión!» Alza la voz, si no te oyen: «¡Estoy leyendo! ¡No quiero que me molesten!»”.

7. La metamorfosis
Kafka, 1915
“Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto.”

8. El hombre invisible
Ellison, 1947
“Soy un hombre invisible. No, no soy uno de aquellos trasgos que atormentaban a Edgar Allan Poe, ni tampoco uno de esos ectoplasmas de las películas de Hollywood. Soy un hombre real, de carne y hueso, con músculos y humores, e incluso cabe afirmar que poseo una mente. Sabed que si soy invisible el invisible, tan sólo, a que solo ente se niega a verme. Soy como las cabezas separadas del tronco que a veces veis en las barracas de feria…”


