El cambio en el sonido de Two Door Cinema Club ha sido notorio, pero también muy necesario y honesto. Y es que aunque el trío proveniente de Irlanda del Norte siempre mantuvo un bajo perfil y no dar detalles de su vida, es a través de su música donde nos cuentan lo que pasa por su mente.

Basta con ver en retrospectiva y notar lo optimista que puede ser el Tourist History (2010), disco con el que la banda dio a conocer cuando sólo eran unos adolescentes de 19 años. La seriedad e incertidumbre de Beacon (2012) no tiene comparación, y fue en este álbum en el que Alex Trimble, Sam Halliday y Kevin Baird, comenzaron a ver lo duro que es entrar a la edad adulta y darse cuenta de que las cosas no son tan buenas como nos lo hacen creer.

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Foto: Cortesía

Ni qué decir de la ironía de Gameshow (2016), un álbum que llegó en el momento más crítico de la banda, el cual pudo culminar en una separación pero que, al final, los ayudó a dar un mensaje sobre el consumismo en nuestros días y la felicidad que muchos creamos para no darnos cuenta de lo críticas que están las cosas allá afuera.

Si algo hay que aplaudirle a Two Door Cinema Club es que no les da miedo probar nuevos sonidos , tampoco reinventarlos, y sin duda, es False Alarm el disco que nos prueba rotundamente la capacidad de Alex Trimble y compañía de hacer cosas diferentes.

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Foto: Cortesía

Desde que comienzan los primeros minutos de “Once”, la pista número uno de este disco, te das cuenta del cambio musical de la agrupación: una bocanada de optimismo que se debe, tal vez, al estado de ánimo de los integrantes de la banda. Ya están casados, comprometidos, y  “simplemente” se han percatado de que la vida no es tan difícil conforme vas madurando.

Two Door Cinema Club / Billboard

False Alarm es una producción que nos lleva por una montaña rusa de géneros en donde domina el electropop, pero en el que también podemos encontrar algo de eurodance, hip hop -un género que Alex Trimble siempre había querido probar en sus canciones y que aquí marca su primera colaboración-, y hasta unos pequeños toques de indie rock característicos de la banda.

De los cuatro discos de Two Door Cinema Club, no cabe duda que es False Alarm el que ha tenido mayor planeación. Desde la portada, aparece por primera vez el trío (algo que no habían hecho antes) hasta otros pequeños detalles como la promoción que la banda le hizo a este disco a través de sus redes sociales y eventos  programados (por ejemplo, la pequeña convivencia que hicieron en la CDMX hace unas semanas), la introducción de Kevin y Sam a unos coros más marcados dentro de algunos tracks –como es el caso de “Satellitle”–, o bien, la vibra refrescante que te deja escuchar este disco.

Otro punto considerable dentro de este nuevo álbum, es la sensación de libertad que te brindan los sonidos de las canciones, algo que puede se debe (y agradece) al cambio de un sello grande a una disquera independiente como Prolífica Inc.

Sin embargo, Two Door Cinema Club no deja atrás su costumbre de dar mensajes contundentes de la realidad en la que vivimos, como en “Dirty Air”, en donde el trío irlandés nos cuenta cómo la tecnología puede hacernos la vida más fácil, pero no es un signo de progreso, al contrario, los avances de este tipo parecen llevarnos de vuelta a lo más básico de nuestros instintos.

False Alarm no es un disco que vaya a llegar al número uno de varias listas de popularidad, pero para Alex Trimble, Sam Halliday y Kevin Baird, eso no parece ser un problema en lo absoluto, mucho menos para sus fans, que pueden no ser muchos pero que si algo los caracteriza, es la fidelidad que tienen a la banda, su filosofía, concepto y música.

Los integrantes de Two Door Cinema Club, finalmente, están conscientes de que crecer significa cambiar formas de ser y pensar; madurar implica a veces tener que reinventarse, y no hay nada de malo en ello. En el caso de Two Door Cinema Club ha sido notorio, y aunque también han comprendido que el mundo no es color de rosa, lo mejor es verlo desde diferentes perspectivas y no amargarse la existencia pensando en lo que no funciona, al contrario, siempre es mejor reírse y hablar al respecto.