Sleigh Bells impone su reino del terror en El Plaza Condesa

Reseña y Fotos: SLEIGH BELLS Martes, 15 de abril El Plaza Condesa México, DF EL CONCIERTO Sleigh Bells se presentó por segunda vez en nuestro país (y entre sus dos fechas de Coachella) en la gira de promoción de su más reciente álbum, Bitter Rivals.

Reseña y Fotos: SLEIGH BELLS

Martes, 15 de abril
El Plaza Condesa
México, DF

EL CONCIERTO

Sleigh Bells se presentó por segunda vez en nuestro país (y entre sus dos fechas de Coachella) en la gira de promoción de su más reciente álbum, Bitter Rivals. De izquierda a derecha en el escenario: Derek Miller en la guitarra; Alexis Krauss en los vocales. El duo además contó con el apoyo de Chris Maggio en la batería y Ryan Primack en la segunda guitarra. ¿Alguien preguntó por un bajo? Aparte de un telón de fondo que consistía de franjas horizontales en blanco y negro, el escenario estaba adornado con amplificadores por todas partes. A los costados de la baterías había ocho Marshall Amps acomodadas como si fueran un muro. Me encanta cuando le dan un toque estético a esas cosas.

SETLIST:

1. Minnie
2. Comeback Kid
3. Tiger Kit
4. Crown on the Ground
5. Bitter Rivals
6. Love Sick
7. Kids
8. Demons
9. Born to Lose
10. You Don’t Get Me Twice
11. Riot Rhythm
12. Infinity Guitars

ENCORE:

13. Young Legends
14. Sing Like a Wire
15. A/B Machines

OPINIÓN:

Quince canciones y un encore. Ok. Nadie puede acusar a Sleigh Bells de quedarse corto, pero muchos se quedaron con la impresión de que el tiempo pasó de volada al dispararnos con metralletas de luces y sonido. Antes de que nos diéramos cuenta, Alexis ya se estaba despidiendo al final de “Infinity Guitars”, y cuando revisamos nuestros relojes, apenas habían transcurrido 40 minutos. ¡Pero hey! Al mismo tiempo, ya habían tocado doce rolas para entonces.

Es obvio que Sleigh Bells nunca van a retar a Bruce Springsteen o a Robert Smith para ver quién tiene la sesión maratónica más larga. Pero es obvio que este tipo de conciertos no se miden por la cantidad de rolas que tocaron sino por la intensidad de su desempeño. Cuando la banda tomó el escenario, su actuación era tan explosiva que era como ver un mosh pit entre los dos guitarristas y la diosa cantante sin que nadie se pegara. Alexis giraba, bailaba y corría como si fuera una pelota de pinball pero sin la necesidad de hacer contacto con alguna superficie (a excepción de una vez que casi se le queda el cabello enredado en el cuello de una guitarra). Es obvio que los integrantes terminan extasiados después de 50 minutos de aerobics intenso.

La pregunta relevante es… ¿Logra la banda transmitir esa intensidad al público? A decir verdad, tenía miedo de que El Plaza no se fuera a llenar ni cerca de la mitad, pero junto antes de que arrancara el concierto, se logró juntar un público de tamaño considerable. Así que fue un alivio encontrar que este excelente grupo tuviera una base de fans en México después de todo (un alivio compartido por Alexis, según confesó a mitad del set). Por lo tanto, fue agradable ver a tanta gente bailar y responder a las invitaciones de la cantante. Cuando se bajaba a las vallas de seguridad para saludar al público, todos querían ponerle las manos encima como Cristo entre los leprosos… ¿Y quién no lo haría?

El noise po de Sleigh Bells no es fácil de digerir para varios que no se dejaron llevar por los encantos de Treats o Reign of Terror. Las texturas de las guitarras metaleras de Miller acentuadas por los vocales dulces de porrista es un gusto que puede ser adquirido de inmediato o que se va desarrollando paulatinamente. El carisma de la banda ayuda. Seguro no fueron pocos los que no fueron tanto por la música, sino para darse un taco de ojo con la sabrosura imponente figura de Alexis Krauss. Vestida con sus ya famosos shorts de mezclilla y unas pantimedias de red, el resto de la banda desaparecía de nuestro punto de vista para enfocarse en un par de piernas que se desplazaban por todos lados.

La repartición de canciones en el setlist estuvo bien equilibrada entre los tres discos de los neoyorquinos. Quizás algunos salieron decepcionados por la omisión de algunos éxitos, pero tampoco estamos hablando de un one-hit wonder. Sleigh Bells goza de bastantes méritos para dejarnos satisfechos con las canciones que interpretaron esta noche. Además, tengo la sensación de que si hubieran terminado por tocar la hora completa, mi tímpano hubiera reventado. Estos tipos le suben a todo lo que da.

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DURACIÓN: 53 minutos
FOTOS: Diego Figueroa (@halofive)
RESEÑA: Mr. Alexis Krauss (@ShyTurista)
RILL RILL: ¿Eso qué? ¿¡Dónde quedó el crowd surf!?

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