Por: Emmanuel Gutiérrez

Hace 20 años, un disco lucía en el anaquel con una portada con cinco chicos en la portada tomando un baño de sol o asistiendo a un pic-nic; Richard Ashcroft, Nick McCabe, Simon Tong, Simon Jones y Peter Salisbury crearon una joya llamada ‘Urban Hymns’ que vendió más de 10 millones de copias en el mundo y que hasta se llegó a vender en 69 pesitos en tiendas de discos mexicanas en los últimos años.

La banda inglesa ya había debutado en 1993 con ‘A Storm in Heaven’, pero fue hasta ‘Urban Hymns’ que alcanzaron el estrellato y millonarias regalías. De ahí se desprenden las clásicas ‘The Drugs Don’t Work’, ‘Lucky Man’ y ‘Bitter Sweet Symphony’. Esta última fue un éxito rotundo y le dio la vuelta al mundo en un día para aparecer en todas las estaciones de radio hasta el hartazgo.

En el video que salía al menos 30 veces al día en MTV y Much Music, Ashcroft es un clásico chico rebelde londinense que camina derecho, empuja gente, se rehúsa a cambiar de dirección, era el inicio del YOLO, el que según los millenials es lo in de ahora.

¿Un plagio de otro plagio?

La letra de ‘Bitter Sweet Symphony’ fue escrita en su totalidad por Richard Ashcroft, pero la música en realidad es un fusil a ‘The Last Time’, canción de The Rolling Stones que grabaron junto a Phil Spector y que fue número 1 en el Reino Unido y el noveno en EE.UU. en 1965. Fue aplaudida por la intrepidez y lo notable de la composición, pero resulta ser que Mick jagger y Keith Richards a la mera hora hora también eran unos plagiadores y fue más que descarado.

Había una banda de gospel y soul llamada The Staple Singers conformada por un pastor de nombre Roebuck, sus hijos Cleotha, Pervis, Marvis e Yvonne que interpretaron una rola llamada ‘This May Be The Last Time’ que era muy famosa entre la comunidad afroamericana en los campos de algodón del bayou, pero ellos la hicieron reconocida en el disco Swing Low de 1961 (ya la tocaban desde tres años atrás) y que seguramente llegó a oídos de Mick y Keith, para que casual, hicieran su propia versión y nunca dieron crédito al pastor cristiano ni a sus crías por darles la idea millonaria.

El dinero es dinero…

Pero como el dinero es dinero, cuando vieron que The Verve comenzó a tener éxito y la rola hacía que los billetes corrieran como agua, un gandalla llamado Allen Klein demandó a la banda por usar un sample de la canción de los Rolling. Ashcroft dijo que habían llegado antes a un acuerdo para usar algunas partes de la canción pero según el manager de los Rolling, usaron más tiempo del que se había pactado.

Entre tanto chisme de lavadero, Klein continuó la demanda junto con Abkco Records y de pasó, se le unió al pleito Andrew Loog Oldham (primer manager de los Rolling y quería también su mochada), que son los dueños de los derechos de todo el material de los Stones desde 1960. Debido a la presión, careos, amenazas y demás linduras, The Verve decidió ceder los derechos de la canción a Jagger y Richards y así aparecen en los créditos del disco. Aparte, The Verve no puede recibir un solo dólar por ganancias de la canción.

Nos dijeron (en un principio) que iba a ser 50 y 50 para cada uno, pero luego vieron lo bien que sonaba y decidieron que querían el 100% de los derechos o retirar la canción de las tiendas. No nos dejaron otra opción”, explicó Simon Jones al terminar el pleito.

En 1999, la canción fue nominada a un Grammy pero como habían cedido los derechos, los nominados no fueron The Verve sino Jagger y Richards (WTF?). Una verdadera novela fue la que vivieron los integrantes del grupo durante tres años y que terminó con un sabor agridulce al final, tal y como la canción.

Como Bonus Tracks y para quitarte el mal sabor de esta historia, aquí te dejamos algunos de los covers más notables a la rola de The Staple Singers, o más bien será de los Rolling Stones o quizá de The Verve.