Por Beatriz Acevedo
La alimentación en México y sus consecuencias

En México, las consecuencias de una dieta con un alto contenido en alimentos ultraprocesados repercuten directamente en problemas de salud pública. Irónicamente, lo que resulta contradictorio es que, con la riqueza biocultural y gastronómica de México, los problemas de obesidad y desnutrición que enfrentamos no deberían existir.

Mientras en México se consumen en promedio 214 kg. por persona al año de alimentos ultraprocesados, la comida típica mexicana es apreciada y altamente valorada internacionalmente; sin embargo, internamente las prácticas agroculinarias regionales han sido desvalorizadas, estigmatizadas y obstaculizadas por políticas públicas inadecuadas. Estas son actividades comerciales que benefician sólo a unos cuantos. Se ven afectadas por una publicidad invasiva y engañosa, que se asocia a un estilo de vida que resulta atractivo y que es vendido como el resultado de consumir algunas marcas de alimentos y bebidas carbonatadas.

La riqueza alimentaria en México tiene un origen mesoaméricano; es fruto de una biodiversidad culturalmente creada mediante el intercambio y la selección sistémica. Aun en nuestros días, son las comunidades indígenas, campesinas y agricultoras, quienes auténticamente siguen aportando sus conocimientos y prácticas amigables con el medio ambiente, preservando así la riqueza biocultural y  gastronómica de México.

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Foto: El Bonito Tianguis

Utilicemos como ejemplo de esta gran riqueza gastronómica a la comunidad p’urhépecha de Cherán de Michoacán. Allí existen por lo menos 18 especies comestibles de hongos, cocidos en tamales, corundas, nacatamales, atapakuas, tacos, guisos y asados. Dan testimonio de la riqueza de los platillos y sabores disponibles sólo en una comunidad emplazada en los bosques comunitarios de la región.

La realidad es que no estamos lastimosamente ni acostumbrados ni familiarizados con este tipo de alimentos de altísimo valor nutricional en las grandes ciudades. Es verdaderamente triste que a nuestras cadenas productivas y de distribución comercial se les haga tan difícil acercarnos a este tipo de productos. Alimentos que bien inclinarían la balanza a favor de una mejor condición de salud pública.

Frente a esta realidad no debemos desanimarnos, existen en nuestra inmensa Ciudad de México personas que han recorrido el país por iniciativa propia y con sus recursos para conocer, degustar y traer hasta nuestras manos los manjares fruto del esfuerzo cientos de agroproductores. Con sus iniciativas microempresariales, y esquemas de producción netamente familiares, sacan adelante productos sensacionales, 100% mexicanos.

alimentación
Es el caso de Enrique Cervantes, un emprendedor y líder de una gran familia llamada “El Bonito Tianguis.”

Un proyecto ya con más de 10 años de experiencia que ha deleitado el paladar de propios y extraños ofreciendo una variedad única de productos frescos y en conservas, sin aditivos químicos, provenientes de las más recónditas regiones de México, tierra grande por su gente y su cultura.

Hoy en esta colaboración relatamos los orígenes, sucesos y retos de este gran proyecto, de la mano de su creador y director Quique Quelite.

Platicando con Enrique Cervantes

Adentrado en la danza clásica y contemporánea y en la práctica del yoga, su vida dio un vuelco total al interesarse por el origen y procedencia de las frutas y verduras de un productor local. Allí empezó a valorar el trabajo de la tierra; igualmente, el esfuerzo que representa sacar la producción de una cosecha hasta las manos de los posibles compradores.

Acercar y reducir la distancia entre productores y consumidores, que a la par se interesan mutuamente por el cuidado del medio ambiente, le permitió a Quique Quelite visualizar una manera de reconstruir el tejido social con tendencia a la paz. Además, ayuda a buscar el mejoramiento de la calidad de vida de las cientos de familias que dependen de la venta de sus productos.

Los tropiezos en el camino y los retos actuales

Al igual que a muchos sectores de la economía, la pandemia dejó sus consecuencias en El Bonito Tianguis. Luego de contar con 100 expositores en cada edición, la feria cayó hasta en un 70%. Trabajar con sólo 30 expositores implicaba el mismo esfuerzo, pero con un margen de utilidad muy por debajo de lo necesario para sostener el proyecto.

Trabajar de la mano de quienes han puesto su confianza en él, y el proyecto, representó un trabajo enorme. De ello nace lo que hoy representa su principal reto: volver a conjuntar el mismo número de expositores con los que se trabajaba previamente.

el bonito tianguis

Asimismo, un cuestionamiento frecuente en los consumidores son los precios de los productos. Su respuesta ha sido una sola; una que ha sido realmente aceptada por sus cientos de seguidores: la del valor del comercio justo. Es decir, dar un precio acorde a las dimensiones del trabajo que fue necesario para traer a la exposición esa rica diversidad de productos únicos en el mercado.

Una alianza estratégica con Huerto Roma Verde

El espacio del Huerto Roma Verde es la sede donde mensualmente se llevan a cabo las distintas ediciones de El Bonito Tianguis. Los objetivos en común de la generación de una economía biosocial y amigable con el entorno, en beneficio de los productores locales, hacen de ésta una alianza estratégica entre ambos proyectos.

Entre las actividades de El Bonito Tianguis se incluyen talleres, conferencias y prácticas demostrativas de temas que nos acercan a la importancia de preservar los conocimientos de los pueblos originarios, como patrimonio y riqueza intangible de nuestro México.

En la medida que ambos proyectos trabajan en conjunto, se agrega el atractivo visual a los visitantes de cada edición. Con sólo entrar se quedan encantados con este oasis en medio de la ciudad capital; vida verde en plenitud, de tal suerte que la suma de voluntades verdaderamente unen lo útil a lo agradable. En ese sentido, un sustento económico se reinvierte en pro del cuidado del medio ambiente.

¿Y con qué reflexión nos quedamos?

La mejor de las reflexiones compartidas por Enrique en una breve pero muy amena platica fue su afirmación de que, con una mejor inversión en lo que comemos, estamos más cerca de un mejor México, aquel que se supone todxs queremos.

La satisfacción de sacar adelante un proyecto siendo sólo 10 personas en su equipo de trabajo es invaluable; en verdad, no tiene precio. Detenerse frente al stand de exhibición de cualquier expositor de El Bonito Tianguis, y comparar el precio de venta con el trabajo que ese productor durante meses tuvo que realizar, nos reeduca a todxs en lo que verdaderamente tiene valor.

Si estamos acostumbradxs a gastar muchas veces en cosas que no nos aportan ningún beneficio a la salud, entonces, con mayor razón, la gama de productos que se exhiben en este proyecto nos da la seguridad de invertir en calidad, salud y dignificación de quienes más lo necesitan.

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Beatriz Acevedo es geógrafa, especialista ambiental, promotora de la cultura ambiental, a través del arte, la cultura y el cine documental.

Twitter: @ConSentidoVerde

Referencias

Gómez D., Yeniffer y Velázquez R., Elisa B. (2019). Salud y cultura alimentaria en México.

Navarro, María Fernanda (2020). Desnutrición o sobrepeso, problemas alimentarios de los niños mexicanos.

Revista Vértigo Político (2020). Recuperar riqueza alimentaria para superar obesidad y diabetes en México.

Zepeda, Susana (2019). Quique Quelite reivindica la alimentación con productos locales como eje de paz.

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