No necesitamos que un superhéore se sienta humano, no tiene sentido. Se puede ver como uno, hablar como uno, pero nunca actuar como humano; es decir, dejarse llevar por el egoísmo y la lujuria propia de un individuo que ha vivido su vida atado a las limitantes de la mortalidad y la finitud de su propio universo.

Un superhéroe, con cualidades fuera de la comprensión terrenal, tiene la responsabilidad de sacrificarse todo el tiempo sin mirar atrás. ¿La razón? No hay nada en su pasado. No hay un hogar, mucho menos una vida en familia. No hay nada, absolutamente nada, que lo haga dudar a la hora de ofrecer su poder y vida a favor de una causa mayor. Nuevamente: No necesitamos a un héroe de cómic que se equivoque, huya y ponga en una balanza las dos partes.

Sin embargo, hablamos en pasado con un “no era necesario”. Ahora las cosas son distintas, y el cambio se dio hace 10 años cuando arrancó el universo cinematográfico de Marvel con Iron Man en 2008. Una sola película, una simple identidad redefinida para la pantalla grande, dio paso a un mundo que cambió la forma en que se concibe la industria taquillera del cine, las adaptaciones fílmicas, pero sobre todo, la forma en que debemos comprender los filmes de superhéroes.

Fueron 10 años y 21 películas las que hicieron falta para que esos superhéroes (quienes fueron incluso malvados en los cómics, mas nunca en las películas) se convirtieran en algo nuestro, y con esto, en algo humano. Tony Stark y/o Iron Man se equivocaron cientos de veces cegados por el egocentrismo de un genio; Thor se pensó superior fuera de Asgard y en un planeta que había dejado de creer en él; Capitán América volvió a un mundo desconocido tras perder al amor de su vida y creer que el sacrificio era sinónimo de heroísmo.

Black Widow, una mujer invencible que nunca tuvo un hogar ni un lugar al que pertenecer; Hawkeye con una identidad poco definida que atendía las necesidades de los “verdaderos” superhéroes; y por último, Hulk y Bruce Banner, quienes se avergonzaron de su yo más fuerte y más inteligente.

Ellos seis arrancaron con el MCU para, en un principio, mostrar al mundo las posibilidades de la fantasía y la imaginación como armas de un mundo globalizado (también desde la ficción, no importa). ¿Y qué sucedió después? Una cachetada a las audiencias para voltearles la cara y vieran lo contrario: viven, se equivocan como nosotros y también pierden en grande.

Avengers: Infinity War de 2018, fue el momento cumbre del universo fílmico de Marvel. Mucha acción cumplidora por un lado y justificada del otro; risas patrocinadas por los protagonistas para enfrentar la incertidumbre; y lágrimas por los que se fueron. Los espectadores llevan un año procesando la partida de Black Panther (a quien habíamos conocido dos meses atrás), Spider-Man, Star Lord, Groot, la Bruja Escarlata…

Anthony y Joe Russo no tuvieron miedo de hacerlos ver vulnerables. A esos papás del MCU (Tony, Steve y Thor) les fue mal y perdieron a la mitad de la humanidad y todo ser vivo del universo cuando no pudieron derrotar (por separado ) a Thanos, una criatura violenta cuyas formas nos alejaron de un objetivo comprensible (aunque este se someta a interpretaciones) pero que buscaba llegar a su fin de las peores maneras.

Los Avengers, los seis primeros en conjunto con sus nuevos integrantes, lucharon al mismo tiempo pero por separado, y todo por culpa del orgullo y la capacidad de mando que construyó la historia de Capitán América: Civil War. Iron Man en Titán con un niño de secundaria, un mago que cedió el máximo poder y un grupo de individuos de distintos planetas que parecen esforzarse por hacer graciosa la situación. Del otro lado, Capitán América con un nuevo colega de Wakanda y sus ya conocidos y fieles seguidores. Perdieron y no había de otra.

Con una historia así detrás, era obvio y casi necesaria la llegada de Avengers: Endgame para mostrar que los superhéroes son “humanos, demasiado humanos” y que es eso lo que los hace aún más poderosos. No hay necesidad de spoilers, sólo de hablar de detalles e ideas presentes en la película para reforzar este planteamiento.

En Avengers: Endgame hay encuentros y reencuentros y sacrificios que concluyen con una historia individual y una primera etapa que da paso a un MCU mucho más sincero y divertido. Endgame es sombría y cansada. Por primera vez se sienten las tres horas de la cinta a diferencia de Infinity War que es emocionante y se construye en el camino a la acción. Endgame apela todo el tiempo a las emociones y la empatía que sentimos por sus personajes. Sí, hay acción y una batalla final que no se compara con nada, pero son las emociones las que juegan un papel determinante. Y no está de más, era momento de decirles adiós a muchos de ellos.

Christopher Markus y Stephen McFeely, guionistas de Avengers: Endgame, supieron dar en el clavo, y resulta increíble la capacidad que tuvieron de hacernos llorar y reír al mismo tiempo. Especial mención para Rocket Racoon, Ant-Man y War Machine como tres personalidades que no habíamos descubierto del todo y que tuvimos la oportunidad de conocer aquí con todo y su dualidad.

Por supuesto, Avengers: Endgame está llena de detalles que, a un nivel muy personal, están fuera de lugar y no le hacen justicia a personajes complejos cuyo cierre es incierto. Parecían necesarios o indispensables, pero al final sólo aparecieron en momentos pequeños que dieron paso a otros más grandes. Quizá esto tuvo toda la intención y nuestra interpretación deja de ser válida; sin embargo, también es necesario decir que hubo errores, por no llamarlo de otra forma, que podrían dejar por primera vez sin respuestas a más de uno.

Endgame es el cierre del Santo Grial de las franquicias fílmicas en la actualidad precedido por la trilogía de El señor de los anillos de Peter Jackson, es justo decirlo. Hay quienes dudan que en 100 años se supere el impacto cultural del MCU, pero aún así, con todo lo impresionante e inesperado, Endgame falló en algunas cosas que debemos reconocer para comprender su importancia, trascendencia y el porqué el fin llegó en este momento, el cual parece ser el indicado.

Avengers: Endgame, de este modo, se equivoca como sus personajes y los representa en cada aspecto que la construye. Y qué bueno que lo hace, qué bueno que no es perfecta y que deja muchas dudas. Nadie podría estar preparado para un final como el de esta cinta, pero en realidad ningún final sería ideal cuando nos despedimos de los más grandes personajes del nuevo milenio. Y con esto, surge una contradicción que intentamos plantear, quizá sin éxito, aquí:

Endgame es grandiosa e impresionante, pero exagera varios detalles y con muchos personajes. No en cuestiones de tiempo ni continuidad cuando los Russo entraron al complicado mundo de los viajes en el tiempo para concluir con esos primeros héroes. Endgame se “equivoca” (pero no falla) en la interpretación de algunos de los superhéroes favoritos, lo que la hace humana, (in)creíble y nuestra.