Las plantas de energía solar flotantes presentan una oportunidad única para una transición de combustibles fósiles a fuentes renovables.

Si hacemos a un lado por completo el problema de la crisis ambiental, actual y futura. O si nos despreocupamos del embrollo que implica una transición energética hacia energías renovables y “limpias”. Incluso si de plano hay quien no quiera creer en el cambio climático. O si hay quien genuinamente siente un apego feroz al uso de la gasolina para impulsar su automóvil. En todos esos escenarios, hay una verdad inescapable. Si seguimos utilizando combustibles fósiles al mismo ritmo que el actual, se calcula que se habrán terminado para el año 2060. Eso implica que, incluso aunque se encuentren más reservas—que sucederá probablemente—, se tiene que pensar en un cambio tanto en la forma de producir como de consumir energía. Y de eso no habrá vuelta atrás ni escapatoria. 

Ahora bien, la realidad es que el problema de los combustibles fósiles—como el carbón, el gas y la gasolina—sí va más allá de que se van a terminar. Su uso despliega Gases de Efecto Invernadero (GEI), algo que lleva a que la Tierra se acerque cada vez más a pasar la barrera de temperatura de 1.5ºC más en relación con niveles preindustriales. Ese cambio climático tiene el potencial de modificar por completo las formas en que vivimos los seres humanos de casi todas las partes del planeta. Se vuelve fundamental encontrar formas en las que se dé una transición hacia la producción y consumo de energías renovables. Todo esto con miras a llegar a lo que se conoce como el ideal de “cero neto”; es decir, que los GEI se reduzcan completamente a 0 en emisiones. O que se balanceen con su remoción mediante plantas o aspiración

Energías renovables: ¿hay una tecnología ideal?

Entre las opciones de energías limpias que más se barajan para alcanzar estos objetivos se encuentran la solar y la eólica. Se trata de formas de producción y consumo de electricidad con un impacto cercano a cero en términos de impacto ambiental. Sobre todo en la medida que puedan ser implementados en otras industrias de alto consumo de combustibles fósiles, como es el caso de la automotriz. Su problema suele estar en que es difícil—y básicamente imposible—que su instalación, ya sea de plantas o de las redes eléctricas necesarias para su distribución, sea de hecho amable con el medio ambiente. Por otro lado, su eficiencia es relativamente baja; sobre todo, si se considera que son energías renovables que requieren de ciclos de luz y viento para funcionar adecuadamente. Además, necesitan de espacios ENORMES para poder ser montadas las plantas de este tipo de electricidad.

Al decir ENORMES no es una exageración. Una granja de energías renovables—ya sea eólica o solar—puede ocupar más del equivalente a 50 canchas de fútbol, simplemente para satisfacer las necesidades de electricidad de una ciudad. Sin embargo, poco a poco se han buscado alternativas para poder implementar este tipo de tecnología sin que sea a expensas de territorio que bien puede ser utilizado para reforestar un bosque o mantener cultivos agrícolas. Una de ellas que comienza a ganar tracción en todo el mundo es lo que se conoce como plantas o granjas solares flotantes. Básicamente, lo que se hace es construir una red eléctrica con paneles solar sobre agua. Esto atiende ambas problemáticas de este tipo de energía.

Desarrollo e ingenio: la única salida

El pensar en plantas solares flotantes crea una salida interesante para la transición generalizada hacia energías renovables. Por un lado, el espacio físico para establecer las plantas ya no es un problema. Sólo con cubrir 10% de las reservas mundiales de hidroenergía con este tipo de granjas solares sería suficiente para alcanzar los mismos niveles de consumo energético de combustibles fósiles actuales. Además, los niveles de eficiencia de la tecnología (hasta en 16%) son considerables; el agua ayuda a que los sistemas se mantengan a una temperatura ideal en todo momento. Y aunque se trata de una implementación de tecnología cara, en el largo plazo los beneficios tanto para el medio ambiente como para muchas industrias serían enormes. 

A pesar de que la crisis ambiental que se nos viene es preocupante, cada vez más son los esfuerzos que se llevan a cabo para tratar de mitigarla, detenerla y hasta revertirla. Pian, pianito, el ingenio y el desarrollo de tecnologías que puedan ser replicadas ayudarán a que el planeta siga siendo, de hecho, habitable en las próximas décadas.

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