El 3 de enero pinta para ser una fecha crucial en la historia de América Latina. Treinta y seis años después de la entrega de Manuel Noriega en Panamá —un 3 de enero de 1990—, la caída de Nicolás Maduro reabre las viejas heridas de la región.
El despliegue del ejercito estadounidense en Caracas no solo marca el fin de una era en Venezuela, sino que revive el fantasma de una doctrina intervencionista que floreció en América Latina durante el siglo pasado y que muchos creían haber dejado atrás.
Breve historia del intervencionismo de Estados Unidos en América Latina
Bajo el argumento de “frenar el comunismo” y “proteger la democracia”, durante gran parte del siglo XX Estados Unidos intervino de manera directa e indirecta en distintos países de América Latina.
Para las generaciones nacidas a partir del año 2000, este periodo puede parecer lejano o incluso prehistórico, pero es fundamental para entender la desconfianza histórica de la región hacia el gobierno de Washington y por qué eventos recientes, como lo ocurrido en Venezuela, reactivan viejas alertas.
El intervencionismo estadounidense se refiere a un conjunto de acciones políticas, económicas, militares y encubiertas impulsadas por Washington para influir —o decidir— el rumbo de gobiernos latinoamericanos, principalmente durante la Guerra Fría, cuando cualquier gobierno de izquierda era visto como una amenaza para la región.
Guatemala 1954: el golpe que sentó precedente

En 1951, el izquierdista Jacobo Árbenz fue elegido presidente de Guatemala tras las primeras elecciones con sufragio universal en la historia del país centroamericano.
El presidente anunció la implementación del Decreto 900, una amplia reforma agraria que afectaba directamente a la United Fruit Company, empresa estadounidense que poseía cerca del 40% de las tierras agrícolas del país y cuyo enorme poder económico y político llevó a que Guatemala fuera conocida como una “república bananera”.
En plena Guerra Fría, Estados Unidos acusó a Árbenz de ser cercano a la Unión Soviética y, con ese argumento, lanzó la operación conocida como PBSUCCESS, la cual combinó desinformación, presión militar y apoyo a fuerzas locales para derrocarlo del poder.
El 27 de junio de 1954, una serie de operaciones de la CIA desembocó en la dimisión del presidente Árbenz, obligado a buscar refugio en la embajada de México.
El gobierno electo fue reemplazado por una junta militar afín a Washington, encabezada por Carlos Castillo Armas, lo que marcó el inicio de una guerra civil que se prolongó casi 40 años, hasta su fin en 1996.
República Dominicana, operación Power Pack y el miedo a Cuba

Durante la Guerra Fría, Estados Unidos intervino militarmente en varios países de América Latina bajo la lógica de la contención del comunismo, y República Dominicana fue uno de los casos más representativos.
En 1962, Juan Bosch, del Partido Revolucionario Dominicano, fue elegido presidente tras años de inestabilidad marcados por el asesinato del dictador Rafael Leónidas Trujillo —quien había llegado al poder con apoyo de Washington— y un posterior golpe de Estado.
Sin embargo, Bosch fue derrocado apenas siete meses después, lo que abrió un conflicto entre sectores militares y fuerzas de izquierda que desembocó en una guerra civil en abril de 1965, cuando los llamados constitucionalistas tomaron parte de Santo Domingo para exigir su regreso al poder.
Ante la posibilidad de que Juan Bosch retomara la presidencia, Estados Unidos lanzó la Operación Power Pack, desplegando en pocos días a miles de soldados en la isla. La ocupación estadounidense, la segunda en la historia del país, se prolongó durante 17 meses y concluyó con la instalación de un gobierno anticomunista.

Esta intervención reflejó una de las doctrinas centrales de la política exterior estadounidense durante la Guerra Fría: impedir la expansión del comunismo en su zona de influencia, especialmente tras el precedente cubano con la llegada de Fidel Castro al poder, un escenario que Washington buscó evitar a toda costa en el Caribe.
Panamá, un país marcado por la intervención de Estados Unidos
Panamá tiene una historia profundamente ligada al intervencionismo de Estados Unidos desde su propio origen como país. En 1903, Washington envió buques de guerra para respaldar a los movimientos separatistas que buscaban independizarse de Colombia, lo que derivó en la creación de la República de Panamá y permitió que Estados Unidos asumiera de inmediato el control del Canal.
Este episodio es considerado por algunos historiadores como una de las intervenciones estadounidenses más significativas en América Latina, al definir no solo el nacimiento de un Estado, sino también el dominio estratégico de una de las rutas comerciales más importantes del mundo.
Casi nueve décadas después, Estados Unidos volvió a intervenir militarmente en Panamá para capturar al entonces presidente Manuel Noriega. Antiguo aliado de Washington y colaborador de la CIA, Noriega llegó al poder en 1983 como comandante militar, aunque ejercía influencia desde años atrás.
Con el tiempo, la relación se deterioró y la Casa Blanca lo acusó de narcotráfico. En diciembre de 1989, miles de soldados estadounidenses invadieron el país y, tras varias semanas de combates, Noriega se rindió el 3 de enero de 1990, cerrando uno de los últimos grandes episodios de intervención directa de Estados Unidos en América Latina durante el siglo XX.
Golpes de Estado y Operación Cóndor: la intervención indirecta de Estados Unidos

El intervencionismo estadounidense en América Latina no siempre se manifestó mediante invasiones militares directas, sino también a través del respaldo a golpes de Estado para impedir la llegada o permanencia en el poder de gobiernos de izquierda.
En Chile, documentos desclasificados de inteligencia confirman la implicación de Washington en la desestabilización y posterior golpe contra el presidente socialista Salvador Allende, derrocado en 1973.
Ese patrón se repitió en otros países y derivó en la Operación Cóndor, una coordinación represiva entre dictaduras de derecha con apoyo de Estados Unidos cuyo objetivo era eliminar a opositores políticos.
En Brasil, el presidente de izquierda João Goulart fue derrocado en 1964, dando paso a una dictadura militar que se mantuvo hasta la década de los ochenta. Chile, Argentina, Uruguay y Bolivia también formaron parte de esta red de persecución, que amplió la influencia estadounidense en la región y dejó miles de desaparecidos, torturados y exiliados durante las décadas de 1970 y 1980..
Aunque el contexto internacional ha cambiado desde el fin de la Guerra Fría, el historial de intervenciones de Estados Unidos en América Latina sigue influyendo en la relación entre Washington y la región.
Por ello, cada vez que se habla de posibles acciones militares, presiones políticas o “defensa de la democracia”, muchos países recuerdan este pasado y reaccionan con cautela.
Entender esa historia es clave para leer el presente y comprender por el ataque a Venezuela y la captura de Nicolás Maduro es mucho más sensible de lo que parece a primera vista.

