Uno de los estrenos internacionales del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) es Fjord, la película de Cristian Mungiu, protagonizada por Sebastian Stan y Renate Reinsve, que se llevó la Palma de Oro en Cannes 2026.

Es uno de los títulos más esperados de este año que desde su primera proyección en el FICM, ha dado mucho de qué hablar. Ese es el objetivo, casi didáctico, de la película: conversar, chocar y confundirse en el proceso… uno que replicamos a diario porque siempre tenemos una opinión sobre todo.

Sebastian Stan y Renate Reinsve en Fjord
Sebastian Stan y Renate Reinsve en Fjord / Foto: IMDb

¿De qué trata Fjord?

Fjord nos presenta a la familia Gheorghiu, que llega a un pequeño pueblo en Noruega, en medio de grandes montañas. Está conformada por el padre rumano Mihai, la madre noruega Lisbet y sus cinco hijos. Dos de ellos, Elia y Emmanuel, son adolescentes. Los dos siguientes van en la primaria y el último es un bebé que aún es amamantado por Lisbet.

Los Gheorghiu se integran a la iglesia local, en donde continúan con sus prácticas cotidianas, que incluyen el estudio de la Biblia, cantos religiosos y constantes plegarias.

También siguen reglas bastante severas como la prohibición de la música moderna, no tener acceso a internet, la defensa de valores familiares tradicionales y la idea de que todo lo que esté fuera de la norma es un pecado que amerita un castigo ejemplar, que es ir al infierno.

Ya que tenemos el contexto familiar, Mungiu nos muestra la llegada de los jóvenes a la escuela, seguida de una avalancha al fondo. Y así como cae la nieve de manera imparable, una avalancha de eventos cae sobre los Gheorghiu cuando una maestra le ve unos moretones a Elia que despiertan preocupaciones por un posible caso de abuso físico en casa.

Durante dos horas y media, Fjord nos revela una parte de la dinámica familiar y el ir y venir de Lisbet y Mihai para confrontar a las autoridades que les quitaron a sus hijos como medida de protección.

Preguntas, pero no respuestas

Ustedes saben que nosotros seguimos coincidiendo con Michael Haneke sobre la labor del cine: hacer preguntas, ofrecerle a la audiencia información para desarrollar sus propias respuestas o conclusiones y jamás manipularla hacia un pensamiento o sentimiento.

Cristian Mungiu hace muchísimas preguntas, demasiadas. Y todas son interesantes porque, en un solo caso, cubren un montón de problemáticas actuales como la migración, la xenofobia, el extremismo religioso, la discriminación, la censura y la homofobia.

Jamás desarrolla su relato hacia un resultado específico. Es decir, no busca hacernos sentir de una u otra manera, sino que hace que nos sintamos de una y otra manera.

Mihai es uno de los protagonistas de Fjord
Mihai es uno de los protagonistas de Fjord / Foto: IMDb

Racionalizar la violencia

Con Fjord, el director rumano nos muestra personajes que racionalizan un posible caso de violencia infantil. Pero, en lugar de hacerlo primero desde la empatía y el reconocimiento de la vulnerabilidad de unos adolescentes y niños, lo hacen desde sesgos religiosos, culturales y xenófobos.

Para aquellos que crean que algo como la empatía corresponde a las emociones, les diré que soy de las personas que cree, firmemente, que la empatía parte de lo que nos hace humanos: la razón; es decir, no es pasional, ni sentimental. Es pura razón.

Para ellos es muy claro que está mal golpear a un niño, incluso si se trata de una nalgada como forma de castigo. Pero el rechazo no parte únicamente del daño físico y psicológico, sino también de que quien da el golpe cree en un Dios específico, habla un idioma extranjero y sigue tradiciones que son ajenas.

Y cuando la violencia se racionaliza desde una perspectiva atravesada por otras violencias como la xenofobia y la discriminación, las víctimas dejan de estar en el centro de la conversación y se convierten en un pretexto para confirmar y restablecer juicios.

El título de este texto es “Una película que estamos obligados a terminar”. No es tan literal como para solicitar llegar al final de la cinta. No. Sino porque, cuando comienzan a salir los créditos, somos nosotros como espectadores quienes estamos obligados a llegar a una conclusión. Y la única manera de llegar a ella es platicándola con alguien más.

Imagen de la película Fjord
Imagen de la película Fjord / Foto: IMDb

Defensa de la intolerancia

Cuando terminé de ver Fjord, pensé en Slavoj Žižek y su libro En defensa de la intolerancia. El filósofo esloveno aborda las tensiones que surgen cuando distintas ideas sobre cultura, tolerancia y libertad entran en conflicto debido a las migraciones.

Nos habla de situaciones en las que una práctica que puede ser entendida como parte de una tradición cultural también puede ser interpretada, desde otra sociedad, como una forma de control o violencia.

Mi conclusión con Fjord

En Fjord, esa discusión se traslada a las infancias. En Noruega, toda forma de castigo corporal contra los niños está prohibida por ley, incluso los golpes considerados leves como las nalgadas.

La película convierte esa norma en el punto de partida de un choque enorme sobre religión, cultura y migración. Pero también sobre quién tiene la autoridad para definir lo que está bien o mal.

Mientras se acercaba el final de Fjord, pensé en mis casa y mis papás. Éramos creyentes pero sin ser practicantes. A lo que voy es que no éramos un hogar tremendamente católico y, aun así, hubo nalgadas y manotazos. Una no iba ligada con la otra.

Imagen de Fjord
Imagen de Fjord / Foto: IMDb

Las nalgadas y manotazos venían de la misma manera en la que mis papás fueron educados, y así sucesivamente. Los golpes en casa fueron una cuestión cultural asociada a la idea de autoridad y educación.

La película nunca me hizo cuestionar las nalgadas per sé. Lo que me dio vueltas en la cabeza fue cómo sería leída la situación de mi casa bajo la misma lógica con la que se observan a los personajes de Fjord.

¿Se les juzgaría por ser mexicanos, por venir de un país que no es considerado de primer mundo, una cultura menos “civilizada”? Esas son algunas de las preguntas que la película me planteó a mí. Estoy segura que todo quien la vea tendrá preguntas relacionadas a su experiencia.

Y hasta que se formulen, es que la película podrá terminar.

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En 2017 entré a Sopitas.com donde soy Coordinadora de SopitasFM. Escribo de música y me toca ir a conciertos y festivales. Pero lo que más me gusta es hablar y recomendar series y películas de todos...

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