Amores perros, 2020. / Altavista Films

El México del 2000, ‘Amores perros’ y la película que cambió al cine mexicano

Este 16 de junio de 2020, se celebran los 20 años de estreno de 'Amores perros', la ópera prima de Alejandro González Iñárritu.

¡¿Qué hiciste, cabrón?! Puta, qué fue lo que hiciste… Puta madre, se está desangrando un chingo“, le dice Jorge a Octavio mientras van en un Grand Marquis negro huyendo de una camioneta. Los van persiguiendo después de que el Jarocho le disparó al Coffee, un rottweiler, en una supuesta pelea clandestina.

Cuando creen haber perdido la camioneta con gente del Jarocho que va armada, el Grand Marquis choca contra un Sentra entre Juan Escutia y Atlixco, en la colonia Condesa, el cual es conducido por Valeria, una famosa modelo española que se va a mudar al nuevo departamento que su amante compró.

La gente se acerca para ayudar a Valeria, Octavio y Jorge. De repente se aparece el Chivo, un indigente que se da cuenta que Octavio trae dinero y un perro herido en la parte de atrás. Decide llevarse el dinero y el perro para curarlo y que forme parte de su jauría en una casa abandonada de la Ciudad de México.

La escena de la persecución y el accidente, es la que abre Amores perros. Nunca se había visto nada así y difícilmente se podría volver a repetir.

La llegada de Amores perros

El 13 de mayo del 2000, Alejandro González Iñárritu llegaba al Festival de Cannes con su primera película titulada Amores perros, la cual fue traducida para el mercado internacional como Dog’s Love para transformarse después en Love’s a Bitch, un título que se ajustaba más a lo que se veía en pantalla. Iñárritu se llevó el premio de la Semana de la crítica además de una ovación tras su primera proyección.

Menos de un mes después, el 16 de junio del 2000, Amores perros llegó a las salas de cine mexicanas. A pesar de sus dos horas y media, y los vestigios de violencia animal y humana (es justo decirlo), además de servir como un crudo espejo de la realidad urbana, la película fue todo un éxito y le dio a México su primera nominación al Oscar en la categoría de Mejor Película Extranjera después de más de 20 años.

'Amores perros' cumple 20 años y se proyectará restaurada en el Zócalo de la CDMX

Gael García Bernal y Vanessa Bauche como Octavio y Susana en ‘Amores perros’. / Altavista Films

Amores perros cambió la idea del Nuevo Cine Mexicano, una corriente que se mantuvo apacible, en cuanto a la narrativa, salvo sus excepciones como El callejón de los milagros de Jorge Fons de 1995. La ópera prima de Iñárritu fue una bestialidad en todos los sentidos:

La historia de Guillermo Arriaga es tan perturbadora como orgánica (lo cual potencia la ansiedad que provoca el filme); la narrativa del tiempo y espacio del famoso Negro, permanece intacta con una fórmula que pocos saben emplear y que fue pionera del cine coral; la fotografía de Rodrigo Prieto apuntó a los más “natural”, y por eso mismo degradante, de una ciudad que continuamente se rompe; Lynn Fainchtein como supervisora musical, ayudó a Iñárritu a encontrar la canción perfecta para escenas que siempre negamos en la realidad; el score de Gustavo Santaolalla se mantiene vigente y melancólico, casi sutil; y las actuaciones de todo el elenco son memorables por realistas.

Marco Pérez como Ramiro en ‘Amores perros’. / Altavista Films

Amores perros es una tragedia mexicana que se repite en sí misma. México siempre ha sido un país de distintas reales, tan diversas y tan potentes, que cada una siempre ha encontrado la manera de contarse en comedias, sátiras, dramas y películas que no tiene una descripción como tal. Y ese es el caso de Amores perros, la cual constantemente coquetea con un thriller, el suspenso y el horror del gore de lo que sucede en el país desde hace 20 años y en una ciudad que que coexiste en espacios separados.

Amores perros describía una realidad cruda e inevitable, y hacía que las audiencias mexicanas se sumieran, se sintiera fascinadas por sus personajes, sus historias de amor, redención, muerte, a pesar de que los estaba presentando ahí mismo.

¿Cuál fue el México que vio Amores perros

El 2 y 3 de julio de 2000, los titulares de las noticias se leían históricos para la vida política de México cuando el PRI, después de 71 años en el poder, fue vencido por el PAN, el partido catalogado como conservador y que se impuso como la única oposición con la imagen torpe de Vicente Fox.

El toque del nuevo milenio, el fin de una era, le dio un aire más impresionante  (o quizá romántico) a esas elecciones. Sin embargo, la idea de un cambio estructural para México nunca llegó a materializarse.

El país venía de un sexenio confuso en el que el presidente en turno, Ernesto Zedillo, rompió relación con el exmandatario Carlos Salinas de Gortari, quien parecía tener más poder de decisión del que se veía en la televisión.

Simpatizantes de Vicente Fox, / FOTO: Pedro Mera / CUARTOSCURO.COM

El nuevo PRI que nace esta noche se aleja del camino de Salinas. Este nuevo PRI recupera los ideales de Colosio“, dijo Francisco Labastida un 7 de noviembre de 1999 cuando se planteó como el candidato del PRI para la presidencia. 

México también venía del levantamiento zapatista y el asesinato de Luis Donaldo Colosio de 1994, un error de diciembre en 1995, el rescate bancario a través del Fondo Bancario de Protección al Ahorro (Fobaproa), la detención de Raúl Salinas por un asesinato que quedó pendiente, la llegada del PRD al gobierno del antiguo Distrito Federal, la masacre de Aguas Blancas, hasta la ruptura dentro del PRI para ver quién competiría por la presidencia.

Todo esto, en seis años, sólo se acumuló a un paisaje ya de por sí desolador para la sociedad mexicana, la cual comenzaban a leer noticias de políticos y sus nexos con el narcotráfico, el cual modificaba sus líneas desde años atrás. Para ser más específicos, desde 1985 con la detención de Rafael Caro Quintero y Enrique Fonseca, seguido en 1989 del líder Miguel Ángel Félix Gallardo. Esto sólo dividió al cártel de Guadalajara en otros tres grupos: el cártel de Sinaloa, de Juárez y de Tijuana.

FOTO: YAOTL SILVA /CUARTOSCURO.COM

La disputa por el control de las fronteras y las tierras apenas empezaba. Desde la década de los 70, con apenas dos cárteles, comenzó una historia de violencia marcada por el negocio de las drogas. Ninguna estrategia desde Portillo hasta la actual gestión, ha logrado frenar el avance y crecimiento de los grupos delictivos, sino todo lo contrario. De tener presencia en 10 estados, ahora están presentes en 25 entidades…

Y luego la pobreza. México llegaba al 2000 sin ver resultados claros del programa social Solidaridad de Salinas, que pretendía erradicar la pobreza. La cosa empeoró con la devaluación del peso y la crisis de 1994 en la que el dólar casi de duplicó (pasó de 5.3 a 10 pesos). A pesar de la creación del programa Progresa por parte de Zedillo, los mexicanos seguían siendo pobres. Y después de 20 años, más de 50 millones de personas están en pobreza.

La música y la ciudad de Amores perros

Octavio, en casa del sujeto que organiza las peleas clandestinas de perros, le pide un favor: mandar a golpear a su hermano Ramiro. La escena de cómo suben a un auto a Ramiro para golpearlo, se intercala con la de Octavio teniendo sexo con Susana, esposa de su hermano y madre de su hijo. Estos dos planean escapar y tener una vida juntos. No lo logran.

Esta secuencia está musicalizada por “Lucha de gigantes” escrita por Antonio Vega y grabada a finales de los 80 por su grupo Nacha Pop. Es una de las escenas más memorables de la cinta, y la música potencia el mensaje detrás de cada una de las historias presentes: la tragedia derivada no sólo de la pobreza, sino de un concepto moral mucho más elevado como las consecuencias del adulterio o el abandono.

Gael García Bernal y Vanessa Bauche como Octavio y Susana en ‘Amores perros’. / Altavista Films

Todavía no se tenía completa la historia de Amores perros, cuando Iñárritu ya había pensado en algunas escenas y la música que iría de fondo. Fue Lynn Fainchtein la que ayudó al director a encontrar las canciones ideales para una historia fracturada.

El soundtrack está conformado por rolas y artistas como “Sí, señor” de Control Machete, “Coolo” de Illya Kuryaki & The Valderramas, “Corazón”, un cover de Titán, hasta “Long Cool Woman” de The Hollies, sin olvidar las aportaciones exclusivas para la película de Café Tacvba, Julieta Venegas, Zurdok, Ely Guerra y la canción principal, “De perros amores”.

La musicalización de Amores perros acompaña distintos espacios que reflejan la desigualdad social, económica, pero no moral, entre los protagonistas de los tres episodios, Octavio y Susana, Valeria y Daniel, y Chivo y Maru. Iñárritu filmó la película en Ecatepec en el Estado de México, en la Guerrero, la Condesa, Circuito Interior y Bosques de las Lomas en la Ciudad de México.

Algunas anécdotas cuentan que en un scouting, fueron asaltados por una pandilla de adolescentes que luego formaron parte de los extras durante las peleas de perros que se ven a lo  largo del primer episodio o capítulo.

¿Por qué Amores perros es una película orgánica? 

Amores perros es una radiografía de un espacio urbano de clase media baja y baja, aquel que todos reconocemos porque es el que pinta la mayor parte de la ciudad. Y finalmente, para presentar la clase alta, sólo es un departamento roto que muestra una fragilidad interrumpida por la violencia y que al mismo tiempo, se anticipa en el filme con el score de Gustavo Santaolalla, el cual es tan sutil como violenta es la trama.

No es una película política, no tiene ninguna postura. Tampoco funciona como un filme de denuncia social. La cinta es un melodrama que se actualiza y que utiliza como pretexto la descomposición social, la cual no es propia del mexicano, sino de las sociedades que buscan apropiarse de la libertad de los demás como es el caso de cada uno de los protagonistas.

La historia de Octavio gira en torno al amor (o deseo) que siente por Susana, la novia de su hermano que es maltratada por él. La de Valeria gira en torno a la fragilidad con la que la perfección se rompe, sobre todo cuando pensamos que un amorío es sólo la idealización de la pareja. Daniel, su amante, abandona a su esposa e hijas por Valeria. Pero cuando esta tiene un accidente y se deprime, todo se viene abajo para ambos.

La del Chivo es aún más interesante. En la década de los 70, abandona a su familia para unirse a un grupo de guerrilleros. Después de 20 años en la cárcel, sale y se convierte en un indigente, la fachada perfecta para un matón de la policía que cobra cientos de miles de pesos por deshacerse de personas. El Chivo vaga por la ciudad con un grupo de perros callejeros, los cuales representan su única compañía y lo único que le da un sentido de humanidad a un personaje que se ha separado de lo social de tal manera, que prefiere rescatar a un perro herido que a un humano.

Coffee, el perro de pelea de Octavio en ‘Amores perros’. / Altavista Films

La metáfora perfecta se da cuando Chivo llega a su casa y descubre que el Coffee ha matado a Flor, Frijol y todos sus perros. Le apunta en la cabeza, y el perro con el hocico lleno de sangre, se hace para atrás con temor, y después de unas sacudidas, chilla y se sale de la casa.

La naturaleza del perro no es matar. Pero cambia cuando un humano, el dueño de su libertad, lo convierte en un objeto de consumo y lo obliga a defenderse en una pelea en la que uno sale perdiendo, y perder significa morir. Esa es la realidad constante de los individuos, o al menos esa creemos que es cuando pensamos que nos debemos poner encima de alguien más.

Infografía de ‘Amores perros’ por sus 20 años. / sopitas.com

Después de encontrar a sus perros muertos, el Chivo decide no terminar su último trabajo, y se pone como mediador o juez de un dilema entre medios hermanos: uno manda a matar al otro por estarle jugando chueco en un negocio. El Chivo los obliga a enfrentarse a muerte como dos perros de pelea, y eventualmente, uno saldrá perdiendo frente al otro.

Octavio es igual, pero él pierde contra la figura de su hermano. Después de que muere Ramiro por un asalto fallido a un banco, intenta acercarse de nueva cuenta a Susana, pero esta lo rechaza. Valeria, después de perder la pierna, es como un perro herido y perdido que no se halla en la enorme ciudad a la que ni siquiera pertenece. Todos son como perros, animales fieles que se adiestran, pero que si los provocas, se van a defender a muerte.

Acá les dejamos la pieza documental que armamos sobre el 20 aniversario de Amores perros para #SopitasXAireLibre: