Lo que necesitas saber:

Con uno de los opening más emblemáticos del rock nacional, 'El Nervio del Volcán' (1994) reúne las vertientes por las que se extiende la música de Caifanes. Así que, si aún no se ha escuchado a esta banda, éste disco es un buen comienzo.

¿En serio éste deberían escuchar las nuevas generaciones?, ¿no mejor El Diablito o el Vol. I? Bueno, quizás sí… pero dónde dejamos el reto. El Nervio del Volcán es un disco complejo y con el que quedan expuestas la mayoría de las características de Caifanes (buenas y malas).

Caifanes en Toyota Arena

Un disco sin dos de los miembros fundadores

Sin Sabo Romo ni Diego Herrera, la realización de El Nervio del Volcán (1994) corrió toda por cuenta de Saúl Hernández y Alejandro Marcovich. De hecho, éste último ha dicho que es en este disco donde mejor pudo mostrarse, adjudicándose mucho por lo que es apreciado. En él, Marcovich pudo explayarse y crear todo un discurso musical.

Por su parte, Saúl Hernández puso las ideas de las canciones y letras: la base del Nervio del Volcán, para el que fue necesario reclutar un nuevo bajista y alguien para los teclados: Federico Fong de La Barranca y Yann Zaragoza de Mano Negra, respectivamente, fueron los elegidos. La batería, como siempre, estuvo a cargo de Alfonso André. Grupazo el que se armó.

caifanes el nervio del volcan
Caifanes en etapa de ‘El Nervio del Volcán’ / Foto: facebook.com/ElRitualDeLosDiosesOcultos

El “opening” más memorable de un disco de rock mexicano

Pero no entremos en terrenos de quién hizo qué. Si tomamos al cuarto y último disco como una obra de Caifanes (así, como tal), encontramos un álbum en el que, desde el primer track, se nos presenta todo lo que llevó a la banda a subirse a los cuernos de la Luna (y no bajar de ahí, hasta la fecha).

El disco abre con “Afuera”, cuyo riff inicial es de los más emblemáticos del rock nacional. Notas que evocan al arte prehispánico pero que, al escucharlas más detenidamente, también hacen fuerte referencia a guitarras latinoamericanas. Y luego, un solo con aire ritualístico. Uno de los grandes momentos de la música en México.

“Miedo”, como muestra del new wave que manejó Caifanes en sus inicios, aquí ya completamente dominado. Una canción oscura, tenebrosa y con delicados arreglos de piano que tintinean en los oídos. Nuevamente la guitarra de Marcovich luce y cimbra en varias partes de la canción… lo mismo que la voz de Saúl Hernández, quien se lució con una letra de ésas que pueden fragmentarse en versos y seguir teniendo sentido: “Antes que muera, déjame amarte en vida… hasta que el Sol se escape con la Luna”.

Y bueno, qué decir de “Aquí no es así”. Sería repetir (para reafirmar) la poderosa fórmula que hace de El Nervio del Volcán una gran disco: Saúl con una poderosa letra cantada sobre una guitarra brillante. Poco había que hacerle en cuanto a lo demás. Y lo que se hizo, logró brillantez en las canciones.

Luego de una gloriosa triada introductoria, viene una colección de canciones que ya son –la mayoría– unos clásicos de Caifanes: “Ayer me dijo un ave”, “Aviéntame”, “Quisiera ser alcohol”, más otros que merecen más exploración por poseer una densidad abordada con menos ahínco en otros discos de la banda.

“Hasta que dejes de respirar”, por ejemplo, es una canción “pesada” que amerita varias escuchas.  Lo mismo pasa con “El año del dragón”; ambas son canciones que representan a ese Caifanes que se aleja un poco de los hits, en pos de temas con atmósferas valoradas por una buena fracción de los fans de la banda.

Para cerrar, la banda echa mano de uno de los recursos que la hicieron entrañable: retomar personajes de la cultura mexicana. En este caso, “La llorona”. Una adaptación caifanesca de las canciones de la dolida mujer, en la que lo tenebroso que siempre manejó la banda sale a relucir, tanto en la música como en la letra. Una bella forma de cerrar el disco y la historia de Caifanes.

¿Por qué deberían de escuchar El Nervio del Volcán aquellos que no lo han escuchado?

Quizás no es el disco más popular ni el mejor de Caifanes (difícil decidir cuál lo es), pero sí es el que reúne mucho de la música que la banda creó a lo largo de sus cuatro discos. Además, en éste tanto Saúl Hernández y Alejandro Marcovich parecen estar en un momento de completa maduración musical. En su “prime”, dicen por ahí.

¿Y qué de la ausencia de los miembros fundadores? Bueno, como señalan los clásicos: la ausencia remarca la importancia y parece ser éste el caso. Escuchar un disco en el que no participaron Sabo Romo y Diego Herrera lleva a valorizar sus contribuciones en los primeros discos. De la misma manera que varios años sin un disco de Caifanes hacen notar lo importante que fue para el rock de México (y cómo pocas bandas han alcanzado su nivel y relevancia).  

Todo lo que no sabías que necesitas saber lo encuentras en Sopitas.com

Hola, soy Álvaro. Estoy en sopitas.com desde hace algunos años. Todo ha sido diversión, incluso las críticas de los lectores. La mejor de todas: "Álvaro Cortés, córtate las manos".

Comentarios

Comenta con tu cuenta de Facebook