Como México no hay dos, eso ya es más que un hecho. Entre todas las cosas que tiene nuestro país y que lo hacen destacarse de otros, están las mamás, esos seres encantadores y extraordinarios que se distinguen por cuidarnos, amarnos y también, hacer cosas que luego uno no entiende, mismas que les ha brindado una sabiduría legendaria que no podríamos alcanzar aunque lo intentáramos.

Entre todas las cosas que destacan a las mamás mexicanas, además del típico mandil. la chanca a la hora de los castigos y su afición por curar la gripe con Vaporub, están esas costumbres que muchas de nuestras jefitas nos heredaron y que hasta la fecha no sabemos para qué sirven o por qué las seguimos practicando. Por ello, acá les dejamos 10 cosas que seguramente tu mamá hacía y hasta la fecha no sabes cómo es qué funcionan:

1.- “Limpiarte” con un huevo

Cuando te dolía un ojo o la cabeza, lo primero que tu mamá pensaba es que “tenías aíre”. Así que tomaba un huevo de la cocina y comenzaba a pasártelo en toda la cabeza mientras rezaba algunas oraciones. Después, en un vaso de vidrio con un poco de agua, tu jefita tronaba el huevo y según sus creencia, veía en la forma de la clara la “brujería” que te han realizado.

2.- Curar el “empacho” tronándote ‘el ejote’

Un día te pasaste de papitas y helado y te enfermaste del estómago horriblemente. Y si tu mamacita santa ya te había dado todos los medicamentos habidos y por haber, recurría a su último recurso que era tronarte los huesos de la espalda para curarte del “empacho”. Obviamente el procedimiento no era nada bonito, pues a eso le agregabas un final que incluía una cucharada de aceite de oliva con unos polvitos de Bismuto que sabían horrible. Increíblemente te curabas, sepa dios la razón.

Foto vía: Diario Veloz

3.- Te puso un hilito rojo para el “mal de ojo”

Las mamás tienen una creencia que dice que a los niños bonitos (si nunca te pusieron el hilito rojo, saca tus propias conclusiones) se les tiene que poner un hilito rojo o un “ojo de venado” en la muñeca, para “evitar el mal de ojo”, que es como la vibra que una persona puede depositar en los pequeñitos la cual, obvio, nunca es buena. Un hechizo simple pero inquebrantable por el que seguramente muchos pasamos.

4.- Sacarte “el aire” de las orejas con un cucurucho de papel periódico o un cigarro

El dolor de oído no es un padecimiento que la mayoría presente seguido, sin embargo, sabemos que cuando éste aparecía en nuestra infancia era más molesto que caminar con una piedrita en el zapato. Y muchas mamás en lugar de recurrir a las medicinas o una cita con el médico, preferían sacarte el aire con un cucurucho de papel periódico que te insertan en la oreja y al que después prendían fuego. Si cuando la llama que estaba consumiendo el papel lanzaba un pequeño “flamazo”, era signo de que efectivamente sí tenías aire. Algunas veces también aplicaban el del cigarro en la oreja, que igualmente servía para sacarte el aire. No vaigaser…

Foto vía: YouTube

5.- Persignar la carne antes de echarla a la cacerola

Sabemos que el sazón de las mamás, sobre todo las que usan el clásico mandil, es algo que parece fuera de este mundo. Quien sabe si se deba a los años de práctica o a el esmero que le ponen a sus platillos, pero hay una rara costumbre que sigue vigente y nos hace creer en cosas que no podemos ver. Nos referimos a esa en la que toman la carne y, en el aire, forman una cruz encima de la cacerola o sartén antes de cocinarla. Algunas jefitas afirman que esto es para que se cocine más rápido la comida y “no se chiqueé la comida” aunque hasta el momento no hay nada que demuestre ese punto, parece funcionar.

6.- Te ponía una rama de ruda o pirul cuando iban al panteón o a cualquier lugar después de bañarte

¿Para evitar que los fantasmas se metieran a mi ser?quizá esa era la explicación más lógica que encontrabas cuando eras niño, pero la realidad es que fueras a un funeral o al panteón tu mamá te obligaba a usar una ramita de los arboles antes mencionados para que no te diera dolor de cabeza o se te metieran fuerzas sobrenaturales. Bueno, al menos puedes presumir que nunca te ocurrió algo así, ¿o no?

7.- Usar un jitomate asado para bajarte la temperatura

Si de morrito te tocaba la suerte de tener fiebre en la noche, bastaba con que tu jefita corriera al refri, tomara un jitomate y lo asara en la estufa para que luego te lo pusiera en la planta de los pies. Nadie sabe cómo o por qué, pero de que se te bajaba la temperatura, se te bajaba. Eso o mojar un pedazo de algodón y meterlo en el ombligo. ¿Qué clase de brujerías eran esas?

Foto: Secretos de la Abuela

8.- Franelas y seguritos cuando hay eclipse para evitar el labio leporino en los bebés 

Cubrir la panza de una mujer embarazada con franelas rojas -sí, de esas que usan los señores que acomodan coches en la calle- y muchos seguritos encima, en una habitación cerrada, era (o es) una de las medidas que las mamás mexicanas utilizaban (o utilizan) para que sus criaturas en camino no salgan con labio leporino. Nadie sabe de dónde sacaron que esto funciona, pero ellas afirman que cuando hay eclipse y no se realiza esto, la luna se come a los bebés que están dentro de la panza de sus mamás, por lo que nacen con su labio con esa forma. 😐

9.- Ponerte saliva de mujeres embarazadas para quitarte una picadura de insecto

Todos lidiamos de pequeños -y hasta de adultos- con la picadura de algún insecto dígase araña, abeja, mosquito y similares. De acuerdo a las creencias de las mamás mexas, bastaba un poco de saliva de una mujer embarazada para que la hinchazón se fuera. Y es las creencias no escritas de la ñoras dicen que las embarazadas están más “ponzoñosas” que los propios animales, así que untarte saliva en donde te picaron vendría siendo como una rara versión de “combatir fuego con fuego”. Y así era como veías a tu jefita adorada pidiéndole a alguna señora “con encargo” que te salivara en el brazo mientras tú te morías de la pena…

10.- Curarte el espanto gritándote

Si de pronto tenías pesadillas recurrentes y te despertabas en las noches llorando, tu mamá comenzaba a sospechar que probablemente sufrías de “espanto” y para quitarlo, lo hacían asustándote una vez más. Para ello, varias utilizan desde cubetazos de agua fría en la espalda hasta tomarte de la cabeza y gritar tu nombre como si te estuvieran dando la regañiza de tu vida. ¡Qué método tan efectivo!

No cabe duda que la sabiduría de las mamás mexicanas no tiene límites. ¿Qué otra cosa recuerdan que sus jefitas hacían o hacen?