Tú piensas que es normal y que todos lo hacen, pero no es así. Cada que sacas tu teléfono celular pasas por alto que una o más personas con las que convives ya están fastidiadas por ciertas manías que tienes al usar tu smartphone

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Quizá algún valiente (generalmente alguno de tus papás o tu pareja) te ha dicho que el comportamiento que adoptas cuando tienes tu celular en mano es desesperante. Dicho en otras palabras: antes eras chido, pero desde que te volviste dependiente de este gadget tu actitud deja mucho que desear.

Este problema está presente en todas partes del mundo. En Chongqing, China, por ejemplo, dentro de un parque temático cuentan con un carril especial para los peatones que van con celular en mano. ¡Haznos un paro Mancera y copia la idea en la ciudad!

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Ok, mejor no. Eso de que haya un carril donde las personas caminen como zombis ya es demasiado y brindaría un escenario bizarro y dantesco como éste:

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Así como está prohibido manejar y usar el teléfono celular, también debería estarlo al caminar. Podría parecer un asunto menor, pero si para comer, asistir a una reunión o hasta para usar un baño hay reglas de etiqueta, ¿por qué no las habría para usar un celular? La idea no es que dejes de usar tu amado smartphone ¡faltaba más, con lo caros que son!, sino que te moderes y evitemos ciertos comportamientos raros.

Al final todos ganaremos, y lo más importante, nos evitaremos esa molesta cantaleta de:

“Todo el día andas viendo ese teléfono y ya no le pones atención a nada más”.

Pero con estas breves reglas todo cambiará y la vida de todos será mejor:

No hagas a los demás partícipes de tu fiesta particular

Te gusta escuchar música y no te juzgaremos por ello ni por el género de tu preferencia, pero eso no quiere decir que los demás queramos unirnos a tu relajo.

Si traes ambiente festivo y quieres escuchar charangas a todo volumen está bien, pero no lo hagas cuando estás en un espacio público y de tus audífonos escapa un molesto sonido similar al de una caja de grillos infernales. A veces el volumen es tanto que la canción se distingue a metros de distancia.

Peor tantito si en lugar de audífonos, decides escuchar tus éxitos en las bocinas del teléfono.

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No mires los teléfonos ajenos

Por alguna razón sacas tu teléfono mientras vas en el transporte público y entonces descubres que alguien más va mirando la pantalla de tu smartphone. ¿Te ha pasado o tú eres quien lo hace?

Muchos caen en esta práctica por simple vocación informativa, pero otros para buscar infidelidades o enterarse de aquello que no les importa. En este mismo punto entran aquellos que aprovechan cuando el dueño de un teléfono no está para revisarlo.

¿Les gustaría que alguien se pusiera a husmear los correos que recibes, los contactos que te llaman, los mensajes que intercambias en las redes sociales o las fotos que tienes guardadas?

¿No verdad? ¡Entonces no lo hagas!

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Hacerte el ausente, pero estar presente

Ehhh… ¡¿cómo?!

Sí, sucede cuando le mandas algún mensaje de texto o WhatsApp a otra persona, o bien, le llamas y no te contesta, o si tienes suerte te responde que está muy ocupada.

En tu ingenuidad le crees, pues todos hemos tenido días ajetreados y llenos de trabajo; luego descubres que la otra persona en realidad no está tan ocupada pues ya posteó 17 tuits, dio varios likes en Facebook y subió un par de fotos a Instagram. Aunque claro, hay quien exagera:

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Si tú eres el que tiene esa actitud trata de evitarla. Si no quieres hablar con alguien mejor busca otro pretexto.

Guardar el teléfono sin bloquear y/o nunca encontrarlo

Esto le sucede principalmente a los papás y personas más grandes, quienes echan a sus bolsillos o a la bolsa de mano sus teléfonos sin fijarse si está bloqueado o no. Entonces ocurre lo clásico: por el ajetreo éste marca a un número al azar, del otro lado de la línea contestan y únicamente se escuchan sonidos ambientales, objetos moviéndose y una conversación lejana. De nada sirve que grites para que te escuchen y la llamada puede durar horas.

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Y ya que tocamos el tema de la gente no tan joven o que no están acostumbrados al uso de gadgets, otro error frecuente es tardarse en contestar una llamada. Esto ocurre porque no están muy acostumbrados a estar al pendiente del lugar donde dejaron el teléfono, o no lo escuchan porque lo traen al fondo de una bolsa o mochila, lo dejaron en el auto, etc.

Aquí la paciencia y comprensión son claves pues, aunque nos sintamos muy modernos, en un futuro seremos nosotros los que no sepamos qué onda en cuestiones tecnológicas.

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Pedir inmediatamente la clave del WiFi

Tengan tantita… ya saben qué. Probablemente lo has hecho sin detenerte a pensar en lo molesto que es llegar a la casa de otra persona y antes de saludar pedir la contraseña del WiFi “para poder estar conectado”. Si lo vemos fríamente, cuando vas a visitar a alguien es para platicar, pasar un momento compartiendo y verse cara a cara.

Si tantas ganas y necesidad tienen de checar su feis, mejor no vayan a importunar a otros a sus casas con el pretexto de querer verlo.

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Tener un tono de llamada molesto

Hace 10 años tener un tono de llamada o mensaje irritante podía ser divertido, pero los tiempos cambian y con tantas opciones que tenemos en pleno 2014 para personalizar los sonidos de nuestro teléfono, es casi un pecado traer un tono como éste:

¿Se sienten los frescos y chavos de onda con algo así? Pues quienes los rodean seguramente opinan lo contrario.

Para eso mejor pónganlo en vibrador y ahórrense (y ahórrenos) la pena.

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Por el momento lo dejamos aquí. En apariencia los seis puntos anteriores no son la gran cosa, pero seguirlos ayudan bastante a la convivencia pacífica de la sociedad actual.

Si alguno se nos pasó, pueden compartirlo con toda confianza.

*** Vía The Guardian