guardianas de las semillas Aquí nos tocó vivir

Guardianas de las semillas

Conservar, sembrar, intercambiar y vender las semillas es una de las prácticas que realizan las mujeres del campo e indígenas, para el cuidado de sus familias y comunidades.

Por Beatriz Acevedo
Resguardando el futuro de la humanidad en sus manos

Conservar, sembrar, intercambiar y vender las semillas es una de las prácticas que realizan las mujeres del campo e indígenas, para el cuidado de sus familias y comunidades, preservando la biodiversidad y riqueza misma biocultural de los pueblos originarios.

Ante los retos actuales, la FAO ha reconocido que las mujeres indígenas pueden jugar un rol clave en la adaptación de la agricultura y la dieta para hacer frente al cambio climático.  En gran medida, porque se estima que cuentan con el 22% del territorio mundial y el 80% de su biodiversidad (FAO, 2018).

Como guardianas de las semillas, las mujeres del sector rural tienen un papel fundamental en el ámbito social y familiar, dados sus conocimientos ancestrales, heredados de una generación a otra. Pese a sus conocimientos y trabajo de la tierra, las compensaciones salariales para la mujer indígena en las zonas rurales puede a veces ser menos de la mitad de lo que gana un hombre en dichas zonas en América Latina (Ibidem, 2018).


La mujer en la lucha por las semillas

Históricamente las semillas han ocupado un espacio de lucha, reflejo de una larga lista de conflictos sociales en los que diversos actores han buscado imponer su propio sistema de ideas como verdad única. La importancia de las semillas recae en su directa relación con la soberanía alimentaria, en defensa de una herencia histórica, para un presente que garantice un futuro sostenible.

Lo más valioso para la humanidad

El intercambio de las semillas permite a las comunidades diversificar la producción de alimentos y proteger los suelos. Una milpa, donde se cultiven simultáneamente diversas especies vegetales, garantiza la preservación de los nutrientes del suelo, ya que cada especie posee requerimientos agroecológicos distintos. Contrario a ello, en un espacio de monocultivos industriales todas las especies compiten por los mismos nutrientes, desgastando mucho más los suelos.

En cada semilla se resguarda el tipo de alimento que se consume, es por ello que quien controla las semillas controla el derecho a la alimentación, la soberanía alimentaria y la soberanía política de los territorios (Cazorla, Orlan & Gartor, Miriam, 2014).

Cierto es que específicamente en América Latina las mujeres se han encargado durante siglos, incluso antes de la Conquista, de seleccionar, conservar y administrar una gran variedad de semillas. Algunos investigadores latinoamericanos aseguran que su imagen está asociada a la reproducción en el campo y seguridad alimentaria de sus pueblos, la mujer tiene la valiosa capacidad de dar vida, en todas las múltiples formas que se puede dar vida en este mundo (Fundación 3Colibrís, 2018).

Como guardianas de semillas muchas mujeres valientes, trabajadoras y consientes de la importancia de su entorno, al dedicarse a conservar las semillas nativas, han alentado la creación de bancos de semillas y creado reservorios para el resguardo de hortalizas y plantas medicinales.

Por citar sólo un ejemplo, encontramos en la comunidad de Piedra Parada, cerca de Coatepec y de Xalapa, en tierras veracruzanas, un grupo de mujeres guardianas de semillas, que trabajan de la mano de la comunidad en un esquema organizativo que incluye grupos de ahorro y crédito, apicultura, producción y comercialización de café orgánico a través de Femcafé, una valiosa iniciativa que empodera a las mujeres campesinas del territorio y el cultivo de plantas medicinales.

Por si fuera poco, estas mujeres y sus familias preservan una diversidad ancestral que durante años ha contribuido al cuidado de la zona de montaña de este sector de Veracruz.

Amenazas a la agricultura campesina que afectan a las mujeres guardianas

La expansión de los monocultivos para la exportación, el control de la cadena alimenticia por un grupo cada vez más reducido de empresas agroindustriales trasnacionales, la introducción de cultivos transgénicos y el cambio climático son algunas de las mayores amenazas que enfrenta hoy la agricultura campesina.

La FAO calcula que durante el último siglo se perdió el 75% de la diversidad agrícola mundial. Esta realidad no es ajena a las guardianas de las semillas; pese a ello, las mujeres campesinas siguen realizando este ejercicio de conservar, proteger y resguardar las semillas con la certeza de que beneficia tanto a la alimentación de sus familias como a la del resto de la sociedad.

Reflexión para llevar a casa

Del campo a la mesa existen innumerables actores intermedios que participan en el proceso de producción, distribución y comercialización de los alimentos que se disfrutan en las ciudades y zonas urbano-industriales en general.

En torno a ello, estamos obligados a tener una reflexión y curiosidad permanente por conocer cuánto de lo que consumimos proviene de las manos de una mujer guardiana de semillas y cuánto es el monto de la ganancia económica que retorna a sus manos.

Las ciudades son espacios que crecen como aglomeraciones improductivas desde el punto de vista agroalimentario, ya que son en sí mismas meramente espacios de consumo.

Tantas son las demandas del empoderamiento de las mujeres que pareciera se pierde de vista que en ese conocimiento ancestral está la solución a la preservación de la biodiversidad y combate al hambre, la pobreza y la desigualdad.

La insuficiente atención de la salud, desnutrición y analfabetismo son otros problemas que enfrentan las mujeres indígenas que generalmente tienen poco acceso a la política, como medio para enfrentar esta problemática.

Resta a nosotros mismos, como consumidores, seleccionar inteligentemente en nuestra dieta diaria productos que vengan directo de las manos de las comunidades productoras, donde laboran con desigualdades salariales, las valientes y sabias mujeres guardianas de las semillas.

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Beatriz Acevedo es geógrafa, especialista ambiental, promotora de la cultura ambiental, a través del arte, la cultura y el cine documental.

Twitter: @ConSentidoVerde

Foto principal:  Mujer indígena  de San Juan Chamula – Chiapas, con hongo comestible (tok, cuitlacoche, Ustilago maydis). Foto de Felipe Ruan Soto

Referencias
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