Solemos explotar la frase “vivió para contarlo” cuando alguien supera una adversidad, accidente o tragedia. A veces hablamos de milagros, de situaciones inexplicables donde entra en juego otra frase, la de “por algo pasan las cosas”. Sin embargo, el único hombre que realmente representa el valor de esas dos frases, es Tsutomu Yamaguchi, el hombre que sobrevivió a dos bombardeos atómicos…

El 6 de septiembre de 1945 a las 8:15 am, el coronel Paul W. Tibbets a bordo del Enola Gay (bombardero B-29), lanzó la primera bomba atómica en la historia (bautizada como Little Boy) en la ciudad de Hiroshima (población civil). Japón y Estados Unidos se encontraban en la última etapa de la Segunda Guerra Mundial, y con este acto, comenzó (lamentablemente) una nueva era que no sólo cambiaría el rumbo de las guerras y las disputas internacionales, sino de la humanidad misma como centro de su propia existencia y, por ende, exterminio. 

Hiroshima después del ataque nuclear del 6 de agosto de 1945. /Getty Images

Little Boy pesaba más de 4 mil kilogramos y medía tres metros. Dentro de ella cargaba una potencia equivalente a mil 600 toneladas de dinamita que detonó en una ciudad, y trajo como resultado la muerte inmediata de 80 mil personas (el número ascendió a 140 mil) y cientos de miles de heridos (sobre todo víctimas de quemaduras). 

Hace 74 años, estaba en Hiroshima el ingeniero naval Tsutomu Yamaguchi. El hombre de 29 años, se encontraba en la ciudad por cuestiones de trabajo. Llevaba tres meses en Hiroshima por órdenes de Mitsubishi Heavy Industries dentro de un proyecto de diseño, y cuando se preparaba para regresar a su casa en Nagasaki junto a su esposa e hijo (el 6 de agosto era su último día), detonó la bomba… 

Víctimas de quemaduras de Hiroshima / Getty Images

Tsutomu caminaba cuando escuchó un fuerte sonido aéreo y vio como este soltaba un objeto atado a un paracaídas. Era Little Boy. Se iluminó el cielo, y Tsutomu logró meterse a una zanja para protegerse, pero el impacto de la bomba lo levantó en el aire. 

Cuando abrí los ojos”, dijo en entrevista para The Times. “Todo estaba oscuro, no podía ver muy bien. Fue como cuando estás en el cine antes de que empiece la película”. Tsutomu Yamaguchi tenía quemaduras en brazos y rostro además de los tímpanos reventados, y lo único que podía ver era una ciudad en ruinas, nublada por las cenizas y una enorme columna de humo que apuntaba al cielo. 

Nube de humo en forma de hongo en Hiroshima. / Getty Images

Al día siguiente, el 7 de agosto, Tsutomu fue a la estación de trenes que seguía activa, y partió hacia su casa en Nagasaki sin saber que dos días después, detonaría una segunda bomba atómica en la ciudad, ubicada a casi 400 kilómetros de Hiroshima. 

Del “otro lado del mundo”, Estados Unidos esperaba que Japón se rindiera para poner fin a la Segunda Guerra Mundial, y en caso de no hacerlo, como lo dijo el presidente, caería “una lluvia de ruinas” nunca antes vista. Y las amenazas se convirtieron en realidad cuando el 9 de agosto de 1945, cayó otra bomba en Nagasaki. 

El 8 de agosto, el ingeniero llegó a casa con su esposa Hisako y su hijo Katsutoshi y fue atendido en un hospital de la ciudad. El 9 de agosto, acudió a las oficinas de Mitsubishi para ofrecer un reporte completo de lo sucedido el día de la tragedia. Algunos medios indican que mientras intentaba explicar cómo una bomba fue capaz de destruir una ciudad completa, Tsutomu vio un destello idéntico al de Hiroshima. 

Fue la segunda bomba lanzada por Estados Unidos, pero ahora más potente que Little Boy. Fat Man, como fue bautizada la bomba, era más grande y su potencia era de 2 mil 500 toneladas de dinamita (Little Boy era de mil 600). No había marcha atrás, ni para Japón ni para Tsutomu Yamaguchi, quien sobrevivió a los dos únicos ataques nucleares que impactaron una población civil. 

Sobrevivientes de Nagasaki. / Getty Images

¿Qué sucedió con su esposa e hijo? Sobrevivieron. Tiempo después de los ataques, el daño estaba hecho en el cuerpo de Tsutomu, pues la explosión emitió altos niveles de radiación que siguen pasando factura en algunos pobladores de ambas ciudades. El ingeniero comenzó a ver cómo su cabello caía y sus heridas empeoraron sin olvidar los efectos de la radiación como vómitos, enrojecimiento, dolores agudos, entre otros. 

Los niveles de radiactividad en varias ciudades eran alarmantes, y ahora, habitan miles de personas en una rutina relativamente normal (a diferencia de Chernóbil). Actualmente, todavía se registran niveles de radiación que aumentan conforme se acercan a la zona cero, pero a diferencia de la zona ucraniana, la reacción en Japón fue menor por varios factores.

Príapat, ciudad cercana a Chernobyl que fue evacuada un día después del accidente. / Getty Images

Por ejemplo, las bombas detonaron en el aire, y los compuestos de las mismas: 0,90 kilogramos de uranio en Hiroshima y 0,90 kilogramos plutonio en Nagasaki hicieron reacción. En Chernóbil hablamos de toneladas de combustible que se disiparon en el aire y viajaron en una nube producida por el incendio del reactor. 

Con el tiempo, y de forma sorpresiva, Tsutomu Yamaguchi se recuperó y se convirtió en un detractor de la producción de armamento nuclear. Era su destino, dijo en 2006 cuando publicó un libro de memorias de los eventos de 1945. El único sobreviviente del que se tiene registro de los dos ataques nucleares, murió en Nagasaki en 2010. 

Tsutomu Yamaguchi a los 90 años. / Getty Images

Los bombardeos a las ciudades japonesas terminaron con la Segunda Guerra Mundial cuando el emperador Hirohito se rindió de forma oficial. Pero al mismo tiempo dieron paso al nacimiento de un orden mundial nuevo y un conflicto que, para ser justos, sigue sin terminar, y que conocemos como la Guerra Fría, marcada por la carrera espacial y el poderío tecnológico de Estados Unidos y Rusia.