Reseña y Fotos: MUSE

Martes, 17 de noviembre
Palacio de los Deportes
México, DF

EL CONCIERTO

Dos años después de su última visita a México, Muse se presentó anoche en el Palacio para ofrecer a sus fieles fanáticos mexicanos la primera de cuatro fechas en la capital de nuestro país. La banda británica se encuentra de gira tras el lanzamiento de su más reciente álbum, Drones. De izquierda a dere… o mejor dicho, de circunferencia a núcleo en el escenario: Matt Bellamy en vocales, guitarra, y piano; Chris Wolstenholme en el bajo, y voces; Dominic Howard en la batería. Morgan Nicholls apoyaba en teclados, sintetizadores, y guitarra. Su primera fecha en México también es la primera fecha de su nueva gira mundial en la que sacaron a relucir el escenario que vimos.  De hecho, “escenario” se queda corto, ya que le cambiaron la cara a todo el foro. Prácticamente necesito todo un párrafo para describir sus características más evidentes, cosa que haré más abajo.

SETLIST

1. Reapers
2. Psycho
3. Dead Inside
4. Plug In Baby
5. The 2nd Law: Isolated System
6. The Handler
7. Interlude
8. Hysteria
9. Supermassive Black Hole
10. Prelude
11. Starlight
12. Apocalypse Please
13. Munich Jam
14. Madness
15. Undisclosed Desires
16. Revolt
17. Time Is Running Out
18. Uprising
19. The Globalist

ENCORE:

20. Mercy
21. Knights of Cydonia

INVITADO ESPECIAL

The New Regime fue agregado hace un par de semanas para abrir los conciertos de Muse en México, lo cual fue bienvenido. Su estilo de rock electrónico encajaba bien con lo que la gente iba a escuchar más adelante, y nunca es mala idea tener la oportunidad de ver a una banda extranjera por primera vez en México. Ahora bien, como músico, Ilan Rubin merece el respeto de quien sea, pero su propuesta carece de riesgo. Es un estilo que quizás en los 90 hubiera llamado la atención, pero en la actualidad pasa por genérico e inofensivo, demasiado ruido y agresividad pero poca musicalidad. Y claro, no ayudó en nada en que su banda le estuviera dando la espalda a mitad del foro (incluyéndome). Pero si eres fan de Rubin no te preocupes, The New Regime suena mucho mejor en disco.

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OPINIÓN

Desde hace ya algunos años, Muse forma parte de un selecto grupo de artistas de pop/rock que más que dar un concierto -ya sabes, la típica banda que hace lo suyo sobre un escenario- lo que ofrecen más bien es UNA EXPERIENCIA. Desde los Chemical Brothers hasta Metallica, pasando por Roger Waters, estos artistas invierten toneladas de dinero para producir un espectáculo de escala hollywoodense. Muchos puristas dirán que a final de cuentas, lo único que importa es la música y todo lo demás es ajeno, una mera distracción pues. Pero a decir verdad, el espectáculo visual también genera un impacto notable sobre el espectador, y no me atrevo a restarle ningún mérito al artista por escoger este camino para entretener a su público. Después de todo, se vale ser un showman para ganarse la vida, y si cuentas con un presupuesto y un equipo que sabe aprovechar las nuevas tecnologías, mejor aun.

Los que fueron al concierto de Muse anoche tuvieron el cuestionable privilegio de ser los primeros en presenciar su nuevo espectáculo de luz y sonido. “Cuestionable” porque -aunque es cierto que uno se siente muy especial por recibir dicho honor- también uno se siente como conejillo de indias, ya que es la primera vez que prueban todos sus juguetes súper caros para una audiencia. Por ejemplo, las grandes telas que caían del techo producían un efecto tridimensional sublime, y el escenario giratorio con la jaula de pájaros y el jumbotron por encima de todo daban la sensación de que Dominic era el eje sobre el cual el mundo giraba. El escenario con forma de manubrio gigante no parece ser de lo más práctico, pero es de asombrarse cómo todo estaba magistralmente planeado, sin que ningún micrófono tuviera fallas notables, por ejemplo. Donde si les falló un poco fue con los drones envueltos en esferas blancas -quizás su experimento más arriesgado pero sin duda el más impresionante- ya que en “Supermmasive Black Hole” perdieron a dos de ellos y por nada caen sobre el público. El otro problema, y éste sí no pasó ignorado, fue el sonido.

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Por varios momentos tuvimos flashbacks de cuando este foro tenía el apodo de “Palacio de los Rebotes”. Este formato, en el que el escenario se encuentra montado en el centro de la pista, nos daba unas vistas impresionantes desde las gradas, pero el sonido se perdía peor que un niño de ocho años en el súper. Cuando una banda se encuentra sobre un escenario estándar, la mayor parte de las bocinas y los amps muestran sus caras hacia la audiencia. Pero en el caso de una escenario que presume una “experiencia audiovisual de 360 grados”, nuestro humilde domo de cobre no parece estar equipado para ofrecer lo equivalente a un sistema de surround sound. Aunque esta falla técnica -quizás inevitable- se fue corrigiendo luego de las desconcertantes primeras canciones, la verdad es que el defecto de audio siempre estuvo presente, como cuando un riff se iba de un lado a otro del estadio, pero no a donde uno estaba sentado.

El concierto en sí estuvo palomero. Muy poperón. Los que compraron su boleto en pista seguro salieron satisfechos, sin duda por todo lo que uno podía ver. Claro, la banda trae un nuevo álbum por lo que le van a poner mayor énfasis a esos temas, incluyendo las primeras interpretaciones en vivo de “Revolt” y “The Globalist” (ésta última quizás lo más cercano que nos toca escuchar “Unintended”). Entre sus selecciones de antaño, pues ya sabes, muy lo de siempre: “Hysteria”, “Starlight”, “Time Is Running Out”, y el mismo cierre que vienen manejando desde que lanzaron Black Holes… con “Knights of Cydonia”; ahí puedes ver el setlist arriba. La única sorpresa en realidad fue “Apocalypse Please”, un breve recordatorio de lo que Muse era capaz de hacer cuando canalizaba a Queen sin la intención de venderse como el nuevo Queen. Mención aparte merece la dedicatoria en el encore de Matt Bellamy a las víctimas de París, algo que fue recibido extrañamente por el público. Incluso se escucharon varios abucheos antes de que sonaran las primeras notas de “Mercy”. Un momento raro.

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DURACIÓN: 1 hora y 50 minutos
FOTOS: Diego Figueroa (@halofive)
RESEÑA: Origin of Shymmetry (@ShyTurista)

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