Lo que necesitas saber:
Inspirada por Oliver Sack, Björk creó el disco 'Biophilia', en el que habla de la unión de la música, la naturaleza y la técnología. Un ejemplo de la importancia del trabajo del neurólogo británico.
¿Qué es la música?, ¿qué es lo que tiene ella que nos mueve y emociona, que nos lleva a estados de euforia absoluta, así como a trances dolorosos? Preguntas que no tienen respuestas absolutas y que llevaron al neurólogo Oliver Sacks a desarrollar el concepto de musicofilia.

La afinidad musical, algo arraigado en el ser humano
Bueno, en realidad “Musicofilia” es el nombre del libro del afamado científico en el cual, por medio de relatos, abordó la increíble relación del cerebro humano con la música, la cual –según sus análisis– resulta inherente a toda persona: basta con poseer un sistema nervioso funcional (e incluso afectado), para que, desde la infancia, se desarrolle esa fascinante apreciación y reacción a la música.
Para Oliver Sacks, entonces, la música no es sólo un fenómeno estético, sino algo que el ser humano lleva arraigado desde el comienzo de la especie. Algo parecido a nuestra afinidad con las cosas vivas y la naturaleza (biofilia), de ahí el término de Sacks. Musicofilia: afinidad a la música, llegando a considerarse ésta como una necesidad para el bienestar.

La música como terapia de recuperación… y de descubrimiento
Para demostrar lo anterior, en sus llamado “neuro-relatos” Oliver Hacks cuenta historias de pacientes con los que trata de ejemplificar la importancia de la música en nuestras vidas y en el desarrollo de las sociedades y culturas. Hasta el punto de, en el caso del individuo, perdurar a pesar de afectaciones en ciertas áreas del cerebro. La responsable de la memoria, por ejemplo.
Lo anterior lo hemos visto en diversas ocasiones en pacientes con Alzheimer a quienes se les da a escuchar música, obteniendo lapsos de “reminiscencia”, incluso llegando a lo corporal. Muy viral se hizo hace unos años el video de la bailarina Marta Cinta González, quien “despertó” de la enfermedad al escuchar “El Lago de los Cisnes” de Chaikovski.
La música como terapia, entonces también. Y no sólo de recuperación, sino de descubrimiento. En Musicofilia, Oliver Sacks narra el caso de Tony Cicoria, un hombre que luego de recibir una descarga eléctrica que le provocó fuertes quemaduras (además de una falla cardiaca), se recuperó para encontrarse con una inusual afición por la música (en especial, por el piano).
El gusto casi obsesivo no quedó ahí. Rápidamente Tony desarrolló un talento para el piano, llegando incluso a componer piezas (previo estudio).
Para Tony Cicoria, el talento musical desarrollado tuvo que ve más algo de índole espiritual, luego de verse a las puertas de la muerte… para Oliver Sacks, fue el despertar de la musicofilia pura, algo que va más allá de esos “gusanos auditivos” que hacen que no podamos sacarnos la tonadilla de “Baby Shark” de la cabeza. La música como obsesión.
En fin, la música es, desde distintas panorámicas, un elemento importante de la vida. No sólo un hobbie o un pasatiempo. Es un lenguaje todavía no descifrado por completo, con sus propias reglas y significados... y que llega al cerebro (y corazón también, por qué no) de maneras enigmáticas. O no tanto, pero sí variadas y, en algunos casos, poco explicables. De forma asombrosa. Todo esto engloba la musicofilia.

