Futuros posibles: Hacia una revolución ecotecnológica

Las ecotecnologías pueden tener un rol esencial. Al contribuir a reforzar la autogestión y capacidades locales, permitirán construir sociedades mucho más resilientes.

Por Omar Masera y Emilio Arenas

Las ecotecnologías son dispositivos, métodos y procesos que usan de modo sustentable tanto los recursos naturales como el conocimiento y habilidades locales. Su objetivo es aportar beneficios tangibles a los usuarios y al medio ambiente, y, en este sentido, buscan resolver necesidades básicas de alimentación, energía, agua, saneamiento, vivienda y movilidad, entre otras. En las últimas décadas, cada vez más personas han comenzado a buscar este tipo de alternativas. La crisis en la que nos encontramos nos coloca en una encrucijada. De entre los futuros posibles, ¿hacia dónde queremos dirigir nuestros pasos?

Una diferencia sustancial

Hay muchos tipos de ecotecnologías: sistemas de recolección y almacenamiento de agua de lluvia, las estufas ecológicas de biomasa, calentadores solares, huertos agroecológicos, sanitarios secos, bicimáquinas, biodigestores y bicicletas. En esta página puedes encontrar más ejemplos.

A diferencia de las tecnologías convencionales, el desarrollo de una ecotecnología involucra a los usuarios y otros actores sociales mediante estrategias participativas, en las que se incorporan tanto conocimientos científicos como saberes y conocimientos locales. Así, se garantiza un impacto positivo y cotidiano en la calidad de vida de los usuarios, comenzando por los más pobres.

Por sus objetivos y por la forma en que se desarrollan, las ecotecnologías pueden aumentar libertades y capacidades individuales y colectivas, empoderar a grupos excluidos, rescatar e integrar conocimientos tradicionales, crear valor agregado y mercados locales y dignificar condiciones de vida. Éstas y otras metas sociales y éticas han sido subestimadas durante mucho tiempo por la visión moderna del “desarrollo”.

Límites de la tecnología convencional

Desde el siglo pasado se han dado grandes debates filosóficos, éticos y políticos sobre la tecnología y su papel en el futuro del planeta. Hoy enfrentamos una creciente complejización, sofisticación y globalización de la tecnología, que promete soluciones a todos los problemas, pero en la práctica el panorama no es tan halagador. En gran medida, los avances tecnológicos han estado asociados a un modelo de desarrollo consumista y depredador que está causando una creciente degradación ambiental y la enajenación de las personas. Encontramos ahora enormes extensiones de tierra contaminadas por agroquímicos y homogeneizadas mediante cultivos transgénicos, así como grandes plantas para la generación de energía fósil que tienen en jaque al planeta. La pandemia de covid-19 ha puesto en evidencia la enorme vulnerabilidad de nuestra sociedad, en términos de alimentación, energía y agua potable, pues dependemos de tecnologías centralizadas e insumos de países lejanos.

El modelo de desarrollo tecnológico convencional ha mostrado probablemente su mayor fracaso en las áreas rurales y periurbanas. En ellas, las alternativas disponibles han resultado muchas veces inadecuadas para hacer frente a las condiciones y necesidades de los pobladores locales, ya sea por su excesivo costo, por no corresponder a las realidades socioculturales y ambientales de las comunidades o por provocar graves daños ecológicos. Además, al desechar los valiosos aportes del conocimiento tradicional local, el modelo de innovación científico y tecnológico convencional, lejos de solucionar los problemas, muchas veces los ha exacerbado.

Conforme a las Naciones Unidas, 18% de la población mundial no tiene acceso a la electricidad, y 43% no cuenta con tecnologías adecuadas para la cocción de alimentos. Por otra parte, más de la mitad de la población no dispone de tecnologías de saneamiento, y 22% carece de fuentes de agua potable. En las áreas rurales los porcentajes son muchísimo más altos. Cientos de miles de comunidades no tienen acceso a tecnologías apropiadas para potenciar sus actividades productivas.

¿Qué aportan las ecotecnologías?

A diferencia de las tecnologías convencionales, las ecotecnologías priorizan la satisfacción de necesidades básicas de la población, la autogestión local, la diversidad tecnológica y el desarrollo pleno de las capacidades humanas por sobre la estandarización y el trabajo enajenado característicos de las sociedades industriales.

Las ecotecnologías brindan una extensa gama de beneficios. Hay beneficios ambientales locales, como la recuperación de suelos o la reducción de la contaminación de cuerpos de agua, y globales, como la mitigación de emisiones de gases de efecto invernadero. Existen también beneficios a la salud, como la reducción de la contaminación intramuros al remplazar fogones por estufas ecológicas o disminución de la presencia de patógenos por el uso de sanitarios ecológicos, e inclusive económicos, como la generación de empleos o ahorro por el uso eficiente de los recursos. Muchas de estas tecnologías favorecen la equidad de género, y han contribuido a superar las condiciones de pobreza rural a nivel global.

ecotecnología

Foto: https://ecotec.unam.mx/

Esto es relevante para el sector rural de nuestro país. Conforme al CONEVAL, debido al modelo de desarrollo económico que ha priorizado a las grandes industrias y centros urbanos, 96,500 localidades (40% del total nacional) presenta condiciones de marginación. De acuerdo con la CONAGUA, el CONEVAL y el INEGI, 80% de la población rural utiliza fogones de tres piedras para cocinar, 25% no tiene acceso a agua potable entubada, casi 10% no tiene electricidad, 15% no tiene excusado, y un número muy alto de familias carece de vivienda digna. Esto hace extremadamente vulnerables a las comunidades rurales frente a emergencias sanitarias como el covid.t

La situación en México

Más de 80 organizaciones, algunas con más de 30 años de experiencia, se dedican al desarrollo, implementación y seguimiento de diferentes tipos de ecotecnologías. Su madurez varía, y ha sido muy influenciada por el apoyo que han recibido de programas gubernamentales. Ha habido programas nacionales de estufas eficientes de leña y de electrificación rural, y existen experiencias regionales como los sistemas de captación, almacenamiento y saneamiento de agua de lluvia (SCALLS) o los huertos familiares. Hay también numerosas iniciativas locales, financiadas por organizaciones nacionales e internacionales.

Pese a estos esfuerzos, las ecotecnologías enfrentan aún muchos retos para brindar todo su potencial. Por un lado, existe una marginación muy extendida en las áreas rurales y periurbanas, por lo que se ha llegado a un porcentaje pequeño de la población necesitada. Por otro, históricamente los esfuerzos gubernamentales han carecido de continuidad y sustento técnico, y han partido de un enfoque asistencialista. Además, el éxito de los programas se ha medido por el número de dispositivos instalados y no por la adopción y apropiación a largo plazo de las tecnologías por parte de los usuarios. Al no ser involucrada en la creación de innovaciones, la población local se ha convertido en depositaria de dispositivos desarrollados para otras condiciones y entornos, dando lugar al abandono o mal uso de los mismos. Más aún, la creencia errónea de que construir tecnologías simples, de bajo costo o con participación de usuarios locales, no involucra un conocimiento técnico avanzado ha implicado el desinterés de las instituciones académicas.

Transformación y alternativas sustentables desde lo local

Un modelo alternativo de sociedad centrado en el desarrollo pleno de las capacidades humanas y en el cuidado del ambiente, que priorice a los más necesitados, requiere un nuevo “contrato social” entre la ciencia y la tecnología. Esto implica tomar partido y articularse con las luchas sociales que hoy reclaman un futuro más justo y menos destructivo del ambiente.

En esta transformación, las ecotecnologías pueden tener un rol esencial. Al contribuir a reforzar la autogestión y capacidades locales, permitirán construir sociedades mucho más resilientes. Estas opciones pueden contribuir a que comunidades, hoy caracterizadas por el atraso, la miseria, la violencia y la migración forzada, comiencen a revertir la situación y sean faros de un México más autogestivo, policéntrico, pacífico, multicultural y en armonía con el ambiente.

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Omar Masera y Emilio Arenas son parte del Grupo de Innovación en Ecotecnología y Bioenergía, Instituto de Investigaciones en Ecosistemas, UNAM, Campus Morelia.

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