Una historia de amor que ocurre en Juárez y otra de crímenes situada en la Ciudad de México; así de diferentes son estas novelas que fueron presentadas conjuntamante por sus dos jóvenes autores.

La Feria Internacional del Libro de Guadalajara también sirve para descubrir las obras de la nueva generación de la narrativa mexicana, en este caso el acercamiento fue a Toda la sangre, de Bernardo Esquinca, y a Juárez Whiskey, de César Silva Márquez, ambas publicadas por Editorial Almadía.

Esta doble presentación estuvo a cargo de Mariana H. quien con su característico sentido del humor guió esta divertida plática en la que saltaba de un autor a otro, permitiendo que los asistentes fueran conociendo la trama y pormenores de cada novela.

Estos son pequeños extractos de lo que cada autor nos contó sobre su novelas…

Toda la Sangre

Bernardo Esquinca vivió la mayor parte de su vida en Guadalajara, aunque no hace mucho se mudó a la Ciudad de México, metrópoli que lo ha marcano, y en la que confiesa, vive muy a gusto. Sus obras, sobre todo sus cuentos, suelen girar en torno a los crímenes y al horror. Si bien, sus historias no solían transcurrír en ningún lugar en especifico, sus últimos cuentos, así como su nueva novela se ubican en el Distrito Federal.

Todo el poder trata de un asesino serial que va arrojando corazones a las zonas arqueológicas de la Ciudad de México, esperando que esta acción resucite a los antiguos dioses aztecas.

Para Esquinca, su novela es un homenaje de amor al Centro Histórico de la Ciudad de México, además de que guarda un dejo de nostalgia por la nota roja.

“Soy un lector cotidiano de la nota roja porque soy un morboso”.

Esto último quizá explique por qué el protagonista de su historia no es un detective buscando resolver un crimen, sino Casasola, un reportero de nota roja que ya había aparecido en la novela La octava plaga, también escrita por Bernardo Esquinca.

Para escribir Toda la sangre, el autor tuvo que meterse a fondo en la investigación de rituales de sacrificios humanos. El resultado es simplemente aterrador.

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Juárez Whiskey

“Cuando comencé a escribir me daba miedo mencionar el nombre de mi ciudad”, éste fue el primer comentario que hizo Silva Márquez sobre su novela.

Contrario a lo que podríamos pensar, Juárez Whiskey no hace referencia a la inseguridad de aquella ciudad al norte del país; en realidad, la historia se centra en Carlos, un ingeniero treintón con mala suerte, sus romances que tiene con varias mujeres, y cómo estos van complicándole la vida.

Para empezar, su prometida decide abandonarlo en un restaurante de comida china por desidioso, después se enamora de su dentista pero también comienza a relacionarse con Belinda, su vecina. Aquí, César Silva aclaró lo que sospechábamos: el nombre viene de la cantante, pues ambas están “bien buenotas”.

Además, también aparece en escena Blanca, una mujer demasiado celosa que apedrea la casa de Carlos al enterarse de sus aventuras con Belinda, que como ya dijimos, está bien buenota. La cosa se complica con otras peripecias que le ocurren a Carlos y que van confirmándole su mala suerte.

Dice el autor, que uno de los problemas más recurrentes que ha tenido con esta novela, ha sido no saber explicar sobre qué trata su novela. Fue hasta que alguien la definió como “invertebrada”, cuando supo que este calificativo era el más adecuado.

¿Y el whiskey? Pues este elemento aparece recurrentemente en el personaje principal, así como el dolor de muelas, y es que para este escritor chihuahuense “Una novela en la que a nadie le duele nada, no funciona”.

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Dos novelas que se antojan desde que uno conoce la trama, y que nos confirman que los nuevos autores mexicanos están realizando cosas muy interesantes en el campo de la narrativa.