Galería: Fotografías de Pedro Meyer del 12 de diciembre

Dicen que el mexicano es guadalupano, no estamos de acuerdo, los mexicanos somos todos los individuos que nos identificamos con este país y nos preocupamos por él y queremos que le vaya mejor seamos católicos, musulmanes, judíos, hindúes, budistas, santeros, protestantes o ateos, no deberíamos seguir con ese arcaico y dañino programa de tratar de definir al mexicano. Aún así, un fenómeno enorme y muy interesante es el del sector de la población que es guadalupano.

El gudalupanismo es un fenómeno relevante, no sólo por lo masivo (este año, por ejemplo, ya han llegado 2.6 millones de feligreses), sino por la serie de actos y expresiones de fe que sus fieles practican. En muchos lados del mundo ubican a los mexicanos con los elementos que rodean este culto particular, es un recurso que utiliza cualquiera que busca acercarse a la cultura de nuestra nación, de ahí que muchos de los elementos que portan los chicanos tengan motivos de la Virgen, por ejemplo.

Y aunque la cultura de nuestra nación no es una y no sólo tiene un tipo de expresión, un discurso dominante ha identificado a nuestro país con este tipo prácticas.

La extremada devoción y el enajenamiento de los individuos que viven extasiados con su propia fe, son algunos de los aspectos que llaman la atención tanto de extranjeros como de los mismos conciudadanos ajenos a estas prácticas culturales.

Pero no sólo es la parte externa lo llamativo, también la parte personal y la interna, la motivaciones, las distintas mandas, los dolores autoinfringidos, peticiones y cobros, responsabilidades y culpas son dignos de estudios y reflexiones.

Nosotros no creemos que la mayoría de los problemas en nuestra nación provengan del guadalupanismo en sí, sino de su utilización discursiva y los mecanismos que lo rodean, la utilización malévola que han hecho de él los grupos de poder como las televisoras, los políticos y, aún, grupos religiosos (aunque,podríamos aventurarnos a decir que, tal vez, este tipo de abusos tengan que ver con la misma formalidad intrínseca de las prácticas guadalupanas).

En fin, antes de meternos en polémicas mejor pasemos a esta galería que nos proporcionaron nuestros amigos de la Fundación Pedro Meyer  (aquí pueden meterse a su página 🙂 ). Esperamos que sea de su agrado:

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