Por Roberto Vélez Grajales

El verano es el momento de olvidarse de la escuela, de disfrutar de las vacaciones, de levantarse más temprano para aprovechar el día y de acostarse más tarde porque no hay obligaciones al siguiente. Un verano así es el que se espera puedan disfrutar todos los niños y jóvenes en edad de estudiar. Sin embargo, no siempre es así. Hay lugares, como nuestro país, donde esa posibilidad de elección no está disponible para todos. En un país como México, la educación y en general las opciones de desarrollo para las personas siguen dependiendo, en buena medida, de su condición de origen social.

En el siglo XXI, contar con opciones para alcanzar una vida plena, independientemente de la condición de origen social, depende básicamente del grado de igualdad de oportunidades existente en una sociedad. La magnitud de dicha desigualdad determinará el grado, en buena medida, de lo que conocemos como movilidad social. Así, cuando hablamos del estudio de la movilidad social, a lo que nos abocamos es a analizar en qué medida la condición de origen de las personas está determinando o condicionando su logro de vida.

En el CEEY, desde hace más de 10 años, nos hemos concentrado en el estudio de la movilidad social. Para hacerlo hemos realizado esfuerzos en el levantamiento de encuestas nacionales y regionales, elaboración de libros académicos, reportes con enfoque de política pública, seminarios, una cumbre internacional sobre el tema, becas, y hasta una exposición itinerante. Además, y desde el año 2010, organizamos de manera anual una Escuela de Verano sobre Movilidad Social.

Originalmente financiada con fondos internacionales y del propio CEEY, este año la Escuela de Verano vive su octava edición los días 7 y 8 de junio; es decir, entre ayer y hoy. La idea de la misma es que, a través de un formato de conferencias y talleres durante un par de días, seamos capaces de convencer a los participantes de la importancia de la movilidad social, tanto en la investigación científica como en el diseño de una política pública que la coloque en el centro de sus preocupaciones. Al menos por el momento, no tenemos conocimiento de la existencia de otra escuela de verano de movilidad social en el mundo.

La demanda de asistencia a la Escuela de Verano no sólo se ha mantenido, sino que ha crecido con los años. Además, aunque se realiza en la Ciudad de México, ofrecer becas para gastos de viaje y hospedaje ha permitido que haya participantes que radican en otras entidades federativas. Incluso, cuando la demanda ha sido todavía mayor, se ha decidido realizar talleres en sedes fuera de la Ciudad de México. También vale la pena mencionar que algunos de los participantes eventualmente se han convertido en beneficiarios del Programa de Becas CEEY, el cual financia a estudiantes de licenciatura, maestría y doctorado por realizar tesis en la materia de movilidad social, apoyándose en nuestras encuestas y metodologías de análisis.

En resumen, el objetivo de la Escuela de Verano de Movilidad Social del CEEY es diseminar el conocimiento sobre la materia; convencer a especialistas, estudiantes y profesionistas de la importancia para el país de construir una realidad con igualdad de oportunidades; igualmente, de invitar a todos aquellos interesados a profundizar en su estudio. Estamos convencidos de que en la medida en que más personas se involucren en el tema, ya sea a través de la investigación o la acción, mayores posibilidades tendremos de comprender el fenómeno y de diseñar mecanismos que reduzcan la desigualdad de oportunidades y amplíen las opciones de movilidad social.

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Roberto Vélez Grajales es Director de Movilidad Social del CEEY.

Twitter: @robertovelezg

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