Por Luis Ángel Monroy-Gómez-Franco

En años recientes, la desigualdad de ingresos se ha colocado al centro de la discusión económica no sólo en México sino en todo el mundo. Muestra de ello es que, de alguna forma misteriosa, un libro de casi 700 páginas se convirtió en un best seller mundial, y su autor en lo más cercano que los economistas hemos tenido a una estrella de rock del gremio (me refiero al Capital en el Siglo XXI, de Thomas Piketty). Aunado a este libro, también han aparecido otros textos importantes sobre el tema, de los cuáles yo les recomiendo Desigualdad. ¿Qué hacer? de Anthony Atkinson y Global Inequality de Branko Milanovic (próximo a salir en español editado por el Fondo de Cultura Económica).

Sin embargo, un tema que dentro de la economía no ha ganado tanta tracción desde un enfoque económico, a pesar de estar estrechamente ligado al estudio de la desigualdad económica, es el tema de la desigualdad de género. Y esa culpa cae en los hombros de los así llamados desigualdólogos, que nos hemos centrado y especializado en temas de ingreso o riqueza, dejando otras dimensiones de lado.

Si bien en inglés recientemente se publicaron dos libros interesantísimos sobre el tema (Finding time de Heather Boushley y What Works de Iris Bonnet) en español la situación es francamente deprimente. Ello no implica que no haya investigación sobre el tema, pues como reseña la Dra. Eva Arceo en este excelente texto actualmente tenemos un diagnóstico, si bien no completo, sí avanzado, sobre la situación de la desigualdad de género en el mercado de trabajo, incluido el caso mexicano. Lo que implica, más bien, es que no se ha hecho un esfuerzo por generar un libro de divulgación que sirva de entrada a esos temas. O, mejor dicho, no se había hecho ese esfuerzo hasta ahora.

A finales del año pasado, fue publicado el libro Economía Feminista: Como construir una sociedad igualitaria de la Dra. Mercedes D’alessandro. El libro busca (y logra) ser una introducción a la discusión sobre la desigualdad de género. El éxito del libro en su objetivo se debe en buena medida a la claridad del lenguaje usado por la autora, así como los ejemplos más que iluminadores. Escapa de la tendencia, que ella misma identifica, que varios economistas tenemos de escribir de forma ilegible muchas veces, logrando con ello apelar al público que se está introduciendo en estos temas. 

El punto de arranque del libro es el mercado laboral, en particular la brecha salarial entre hombres y mujeres—es decir, cuánto ganan más los hombres que las mujeres de características similares. En el caso mexicano, de acuerdo a la investigación de la Dra. Eva Arceo, ésta asciende a 5 centavos en el caso de la brecha salarial y a 25 centavos en el caso de la brecha de ingreso laboral. La Dra. D’alessandro explica de forma detallada y amena las complicaciones que existen para estimar correctamente esa brecha, además de dar un comparativo internacional sobre la magnitud de la misma.

Partiendo de este resultado observado en el mercado laboral, la autora se adentra en el análisis de las instituciones formales dentro del mercado laboral, como de las instituciones informales fuera de él, y su relación con la desigualdad de género. Cuando hablamos de instituciones formales los economistas nos referimos a las leyes escritas que regulan las interacciones humanas en un espacio (por ejemplo, las prestaciones laborales disponibles en la ley, regímenes de contratación, etc.). En cambio, las instituciones informales son aquellas normas que, sin estar escritas en la constitución o en una ley, norman nuestro actuar en otros espacios (por ejemplo, la distribución de tareas al interior de nuestras casas).

Por un lado, las instituciones informales tradicionales que regulan la distribución de tareas en el hogar (es decir, que norman el trabajo doméstico en la mayoría de los hogares) dan una mayor carga de trabajo a las mujeres que a los hombres, independientemente de si la mujer trabaja o no. A la vez, las instituciones formales que regulan el mercado de trabajo no están del todo adecuadas para la participación laboral femenina, en el sentido de tener elementos que juegan en contra de la progresión laboral de las mujeres o cargándoles más costos a ellas. Se trata, pues, de un combo en contra de las mujeres.

IMAGEN: Agata Hop, UN Women

Aquí vale la pena enfatizar algo junto con la Dra. D’alessandro: la forma en que se organizó el trabajo doméstico, el trabajo no pagado realizado por las mujeres, es un engrane fundamental en el aparato de la economía en su conjunto. Esa organización “tradicional” implica un “subsidio” de parte de las mujeres trabajadoras del hogar al resto de la economía, pues absorben de forma completa el costo de realizar las labores domésticas al no recibir pago alguno por actividades como lavar, planchar, hacer la comida, tender las camas, por decir algunas. Y, como apunta la autora, los economistas hemos fallado al no integrar estas actividades que ocurren fuera del mercado (y que son la infraestructura de éste) en nuestros análisis del funcionamiento de la economía en su conjunto.

Al hacer énfasis en el carácter estructural del problema y en el rol que juegan las instituciones, la Dra D’alessandro permite ver que es posible modificar el escenario vía la modificación de los arreglos institucionales formales, y empujando por la modificación de los arreglos informales. No es un escenario iluso en donde se asume que dichos cambios ocurrirán con el paso del tiempo, sino uno que invita a la acción para construir un mundo con igualdad de oportunidades. Y es que, como la autora señala, no es posible que como humanidad tengamos ya un cronograma para llegar a Marte, pero no uno para hacer desaparecer a la desigualdad de género.

El libro se puede conseguir para Kindle o para la aplicación de Kindle aquí.

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Luis Ángel Monroy-Gómez-Franco es Maestro en Economía por El Colegio de México y consultor independiente.

Twitter: @MGF91

Imágenes: Shutterstock

 

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