Nadie quiere moscas en su casa. Significa que algo no está bien, que huele feo, que se está pudriendo. Algunas moscas “comen” caca, o mejor dicho, vomitan en ella para poder disolver la materia y luego succionarla. Entonces, ¿por qué Fernando Eimbcke le puso Moscas a su película?
Fernando Eimbcke no hizo una película mexicana de horror ni un thriller criminal que involucre la presencia de moscas como elemento de agravio.
Al contrario. Él es el amo y señor de las coming-of-age, estas historias centradas en adolescentes y niños en un despertar hacia la vida, el amor, la realidad de las cosas. En el caso de Moscas, el despertar de un niño que descubre que los hospitales no siempre curan, que hay personas que entran, pero jamás salen.

Moscas, de Fernando Eimbcke
Moscas tiene como protagonista, primero, a Olga, una mujer que vive sola en un departamento doble del famoso CUPA, el multifamiliar que está frente al Hospital 20 de Noviembre.
Es de esas personas que no conviven con nadie, incluso hasta las evitan. Pero cuando le dicen que debe someterse a una operación simple para quitarse un hongo de la uña del pie, se preocupa. Son 3 mil pesos que no tiene a la mano.
Lo que hace, a regañadientes, es rentar un cuarto de su departamento, de preferencia a un familiar de alguien que tenga ingresado a su pariente en el hospital. Es decir, alguien que se vaya en cuestión de días, si no es que semanas. Alguien que no quiera ni pueda quedarse. Sin niños.

Así es como llega un hombre que tiene ingresada a su esposa por cáncer. Pero con él está Cristian, un niño de unos 8 o 9 años que, en la noche, entra a escondidas a casa de Olga para dormir y salirse temprano junto a su papá a deambular por los alrededores del lugar en caso de una emergencia.
La cosa es que el dinero se está acabando, y pronto se debe ir a trabajar, dejando a Cristian ante la muy probable mala voluntad de Olga. Pero la sorpresa es que ella alguna vez tuvo a alguien hospitalizado.
A través de la inocencia de Cristian y la imposibilidad para él de no volver a ver a su mamá, Olga atraviesa un duelo que tenía pendiente. Y sólo así, Olga y Cristian se hacen amigos.
Entrevista con director y elenco: nadie quiere moscas en su casa
Tuvimos oportunidad de platicar con el mismísimo Fernando Eimbcke y sus tres protagonistas: Teresita Sánchez, Hugo Ramírez y Bastian Escobar, a quien ansiamos ver pronto en otra película o serie.
Greta: Nadie quiere moscas en su casa. Yo las odio porque hacen mucho ruido y se notan más cuando hay silencio y estás solo. Entonces, mientras veía la película, pensaba que las moscas, más allá de recordarnos algo sucio o feo, nos recuerdan nuestra soledad. Como en el caso de Olga, quien elimina moscas al inicio porque las escucha, pero no al final.
Teresita: Greta, me encanta, porque creo que cada quien tiene su propia interpretación. Estas metáforas tan bellas del cine y de la percepción y concepción de los directores te van generando esta curiosidad y esta autopregunta de qué significa para ti, o qué es para ti esta presencia.
Y creo que la interpretación que das es bellísima. Un ser tan diminuto que dimensiona de esa manera tu soledad es algo muy hermoso. No lo habíamos oído y yo me quedo con esto: tu concepción y tu interpretación de la metáfora es hermosísima.
Fernando: Realmente, cuando estás solo, cuando estás más aislado, cuando estás con las ventanas cerradas, es cuando vas a escuchar a una mosca. Entonces las moscas nos hacen conscientes de eso: de que hay un vacío.

La relación padre e hijo
Greta: No sé si es válido lo que voy a decir o cómo lo voy a decir, pero estuve intentando encontrar la palabra correcta sobre la figura del padre. Sé que no es nuevo que las figuras de los padres aludan a estas nuevas masculinidades y paternidades en las que no todo tiene que ser a través de la violencia o la marginalización.
Pero me gustaría preguntarles ahora a ustedes cómo fue la construcción de la relación de padre e hijo, porque me parece que es de muchísimo valor.
Hugo Ramírez: Bastian y yo vivimos en la misma ciudad, por decirlo así, y nos conocemos allá. La fortuna que tenemos es que es grande, pero la gente te ubica. *Ambos son de Tehuantepec.
Entonces ya lo conocía. Nunca habíamos actuado juntos, pero, a partir del hecho de conocernos y de saber que él iba a interpretar a mi hijo, y yo a su papá, empezamos a trabajar a través del juego.
Porque a él le gusta jugar y a mí también. Entonces empezamos a encariñarnos, a agarrar confianza, y ahí nació la química para reflejar esto. Obviamente bajo la dirección de Fernando, y también con Tere, que estuvo ahí con nosotros.
Era muy padre esto de jugar y llevarlo a las circunstancias de la historia. Por ahí se dio esta química con Bastian, que a mí me facilitó mucho el personaje.

Una película sobre sanar a través de la inocencia
Greta: Siento que hay cosas que las infancias se permiten, y que los adultos les permitimos a las infancias, pero que entre adultos ya serían acciones peligrosas.
Por ejemplo, si no conoces a alguien y llega y te agarra la mano, sería raro. O si te agarran la espalda, también sería raro. O si te dan un beso en la frente.
Pero con las infancias no. Y esas tres acciones en la película, particularmente, me parecieron muy tiernas, muy emocionales, y me afectaron genuinamente. Quería saber cómo fue la construcción de poner esas pausas en la película a través del personaje de un niño.
Fernando: Yo creo que ahí, lo bonito de la infancia es eso: la inocencia. Cuando un niño te toca la mano, cuando un niño te toca la frente o te da un beso, es desde la inocencia.
Y eso era lo que estábamos buscando también. Es lo que el personaje de Olga había ido perdiendo, porque ella lo vivió muy de cerca. Entonces le tiene pavor a la inocencia.
Greta: También parte del personaje de Olga es que el niño le ayuda a procesar su propia pérdida. Y me gusta mucho que en la película no perdemos de cuadro cómo el niño también tiene que procesar la pérdida a través de la presencia del papá.
Entonces me gustaría hablar un poco de esta parte en la que la inocencia de un niño, que luego tomamos por sentado o con la que somos condescendientes, más bien es la que revierte algo.
Teresita: Totalmente. Yo creo que hay cosas para las que estás muy preparada o que tienes muy entendidas. En el caso de Olga, tiene una rutina a prueba de balas, dirías tú, que no cuenta con la gigantesca inocencia, espontaneidad y ternura de una criatura así.
Porque las mantiene a raya, las mantiene lejos. Entonces encontrarse eso en su propia casa, en su propia frente, como dices… Yo recuerdo el besito, lo tengo aquí clarito. Era su boquita fresca. Era una cosa que no hay para dónde hacerse.
Imposible. Tendrías que estar en otra dimensión para no captar eso.

Eimbcke, un director que dice mucho con poco
Greta: Ya para ir cerrando, siento que la película y el guion son muy mínimos. Y creo que tú eres como un maestro en decir muchísimo con poco.
Ahorita ya decías que respetas mucho el trabajo de cada uno de los actores, pero también me gustaría saber cómo fue esta parte de dirigirlos en esta clase de escenas en las que hay demasiada emoción, demasiada psicología, pero a través de solo un cuadro, blanco y negro, además.
Fernando: Me maravilla. De verdad, somos un equipo. Sin María Secco, sin su solidez, sin su colaboración, sin su complicidad en cómo poner la cámara y cómo iluminar; sin Alfredo Vigueras, el diseñador de producción; sin Francia; sin el sonidista… somos un equipo.
Yo creo que somos un engranaje. ¿Cómo los dirigimos? Pues vamos encontrando la escena juntos. De verdad, yo no la tengo clara.
Lo platicaba hace rato con Teresita: yo no puedo tener la escena. No tengo mucha imaginación al escribir un guion, la tengo muy limitada. Tengo que ir encontrando en el camino.
Y cuando lo vamos haciendo y buscando, y el departamento, y ver a Teresita, lo que me dice Teresita, lo que me dice Bastian, creo que vas encontrando.
Creo que la responsabilidad de uno es ir adaptándose. Y fue lo que me enseñó trabajar con un niño. Hay que adaptarse. Y aquí lo hicimos. Creo que también es una cosa de adaptarse.


