El amor y el arte son uno mismo. La contemplación de la belleza, el límite de los sentidos y el cuerpo, la trascendencia de una experiencia y la espiritualidad, son temas recurrentes en el arte que se viven a través del amor. Para entendernos, no estamos hablando de un límite construído únicamente en dos amantes que sufren y triunfan para vivir juntos y proyectar sus sentimientos uno frente a otro. Sino de la capacidad de fusionarse con un amante, sí, pero también con la Naturaleza y el concepto de hombre en sí mismo.

Grandes obras creadas hace siglos siguen vigentes por ser capaces de proyectar esa Idea, por dejar la vanidad del cuerpo para trascender más allá de su muerte o fecha de caducidad. Sin embargo, es justo reconocer que también hay algo mucho más genérico (no necesariamente bajo un concepto negativo), expresado infinidad de veces en expresiones artísticas como el cine por tratarse de algo “humano, demasiado humano”. Hablamos de ese amor de pareja, el romance construido en Hollywood y en el que dos personas se unen primero a través del cuerpo, para llegar a un vínculo espiritual.

Son varias las películas que abordan ese tema, lo caricaturizan, lo hacen trágico y sobre todo, lo humanizan. Y no es que haya un error en ello, pero ha formado una idea de sentimiento que no es real y, por ende, de forma irónica, no puede ser del hombre para el hombre. Sin embargo, hay pocas cintas que sobresalen por encima de las demás gracias a la cualidad máxima: presenta esos dos tipos de amor que conocemos, el de la contemplación y la elevación, y el del romance mundano que nosotros mismos provocamos.

In the Mood for Love de Wong Kar-wai de 2000 es uno de los mejores ejemplos. Se trata de la séptima cinta del icónico director con una historia desgarradora y trágica, pero a la vez sublime y bella. In the Mood for Love (Deseando amar) nos presenta un Hong Kong de 1962 donde residen Chow Mo-wan y Su Li-zhen, conocidos como el señor Chau y la señora Chan, respectivamente. El mismo día, ambos personajes con sus respectivas parejas, se mudan a uno de los famosos edificios compartidos de Hong Kong en los que se renta un cuarto.

Se conocen, coinciden en sus llegadas y terminan interpretando un romance. Y cuando decimos “interpretar”, es en el sentido literal de la palabra. Entre viajes y ausencias, descubren que sus parejas le son infieles el uno con el otro. Es decir, el señor Chan tiene un romance con la señora Chau. La respuesta de los protagonistas no es encarar a sus parejas, sino aislarse en la soledad hasta encontrarse.

Chow Mo-wan y Su Li-zhen comienzan a verse afuera de la vivienda o en el lugar donde venden tallarines. Luego, dan un paso y salen a cenar, pero siempre imaginando que son amantes. Así, intentan entender cómo sucedió, cómo empezó. La fantasía no es obvia: actúan en el papel de sus esposos para entender el romance. De este modo, ellos son dueños de esa fantasía y la controlan a su antojo, retrasando el momento de consumar su amor.

Nunca seremos como ellos”, dice la señora Chan con tristeza cuando entiende que lo ama, pero que nunca podrá estar con él. In the Mood for Love, gracias a la destreza fílmica de Wong Kar-wai, se construye en un momento masoquista, tortuoso y poco comprensible para quien lo ve de fuera como el espectador. Sin embargo, con la narrativa y la confusa línea de tiempo que el director plantea, comprendemos la universalidad de la historia y las razones por las cuales prefieren actuar una fantasía que vivirla.

Cada escena de In the Mood for Love tiene una escena dentro. Está filmada de tal manera, que siempre se mantenga la sensación de que los están mirando, y eso lo logra Wong Kar-wai con marcos de puertas, espejos, pasillos y pocas locaciones. Estas, al final, resultan conocidas para las audiencias. Sabemos, de alguna forma, su agenda, cuándo y dónde compran comida, llegan del trabajo, se ven antes de entrar. Esta ausencia de escenarios grandes da la sensación de que el tiempo pasa más lento: entiendes la monotonía y su rutina.

Esta película tiene los elementos de un romance al estilo Hollywood: dos amantes que no pueden estar juntos con una historia más común de los que parece al crear una fantasía perversa para dos partes. En toda la cinta, nunca vemos las caras de los esposos infieles, son como fantasmas. Son protagonistas, pero nunca resulta necesario darles un rostro. El suyo es el de la infidelidad y resultaría grosero para los protagonistas darles un motivo a los espectadores para que los recuerden. Además, también nos darían un pretexto para asimilar una infidelidad, tan común y natural entre las parejas. Pero este no es el caso, pues ellos son sólo capaces de amar la idea, pero no a la persona en la realidad…

Es bien conocida la forma en que Wong Kar-wai trabaja y que lo hace sobre la marcha. In the Mood for Love no fue la excepción y durante los 15 meses de producción, el director cambió la historia sin importar el guió. Esos cambios los hizo junto a sus actores, quienes asumieron el personaje e interpretaron sus acciones. de acuerdo con el mismo cineasta, sólo dos actores como Tony Leung y Maggie Cheung, bellos, pudieron lograr un nivel de intimidad como el que se presenta en la cinta y que resulta tan desgarrador.

A esto se debe sumar la espectacular fotografía de Christopher Doyle y de Li Ping-Bing, quienes capturan momentos en cámara lenta que se definen por su carga visual. Para muchos críticos de la época, la belleza visual de In the Mood for Love es tan penetrante, que distrae. Pero es todo lo contrario: una historia de amor amerita esa carga para acompañar la trama y los personajes. Las escenas caminando en una calle oscura en cámara lenta, sustentan la soledad de los dos protagonistas, la intensifican y la justifican para decir que el tiempo es relativo, y que se alenta cuando hay soledad y tristeza de por medio.

Hay un tipo de belleza de ensueño en su narrativa visual con colores rojos, verdes y azules. Ni qué decir de la música marcada por “Yumeji’s Theme” de Shigeru Umebayashi con un cello que acentúa constantemente ese sentimiento devastador, y para rematar, la sorpresiva presencia de Nat King Cole con sus versiones en español de “Quizás, quizás, quizás”, “Aquellos ojos verdes” y “Te quiero, dijiste”.

In the Mood for Love es una película de amor construída con base en sí mismo. Wong Kar-wai saltó a la fama en los noventa con una serie de cintas de carga emocional similar como Days of Being Wild, Chungking Express y Happy Together, pero ninguna tan expresiva y tan de amor puro como con la que entró al nuevo milenio, y lamentablemente con la que rompió su racha de buenos filmes, pues de esta siguieron grandes interrogantes con My Blueberry Nights o 2046.

Chow Mo-wan, quien era periodista en una ciudad caótica como Hong Kong (e irónicamente sola), le dice a su amigo Ah Ping:

En épocas antiguas, si alguien tenía un secreto que quería guardar por siempre, ¿sabes qué hacían?”, le pregunta.No, ni idea”, le responde su colega.Subían a una montaña, encontraban un árbol, le hacían un agujero y susurraban el secreto ahí. Luego lo cubrían con lodo y dejaban su secreto guardado para siempre”. Y así, después de años separado de la señora Chan (por miedo a vivir su amor), Chow Mo-wan viaja al templo Angkor Wat de Camboya y susurra su secreto en una de las grietas…

Cuadro-por-Cuadro-banner