Nvidia se encuentra en medio del más reciente episodio de la guerra comercial tecnológica entre Estados Unidos y China.

A lo largo de los últimos años, Nvidia se ha posicionado como una de las principales empresas productoras de chips de unidades de procesamiento gráfico (GPUs por sus siglas en inglés). Sin embargo, su investigación y desarrollo va mucho más allá. También han obtenido buena parte del mercado del hardware necesario para la utilización de interfaces de programación de aplicaciones (APIs) y el robustecimiento de inteligencias artificiales (IA).

Las APIs importan porque en buena medida se encuentran en la arquitectura digital de todo el sistema financiero actual; de alguna manera, crean puentes de comunicación en tiempo real entre todas las instituciones y usuarios de un mercado. Además, el trabajo de Nvidia en IA ha estado específicamente enfocado en la automatización de vehículos; a su vez, esa tecnología funciona para mejorar el procesamiento de información a escalas inimaginables.

No es exagerado decir que Nvidia se encuentra al centro de buena parte de las revoluciones tecnológicas más importantes del momento. Pero también está en medio de una guerra comercial que no parece cesar entre Estados Unidos y China. Misma que, desde hace años, ya lleva diferentes iteraciones.

Quizá el episodio más recordado es el de 2019, cuando Google y Huawei rompieron relaciones tras una serie de vetos y aranceles entre ambos países. No obstante lo anterior, eso explotó luego de que desde 2018 Donald Trump amenazara con imponer aranceles a China en la TOTALIDAD de las importaciones a Estados Unidos, las que en aquel momento equivalían a 500,000 millones de dólares anuales. Desde entonces, ha habido un escalamiento de la retórica entre Estados Unidos y China, con algunas acciones por parte de los países que con frecuencia terminan en más llamarada de petate que otra cosa.

¿Escalada de la guerra tecnológica?

Nvidia se encuentra en medio de la guerra comercial porque Estados Unidos decidió establecer una prohibición a la venta de dos de sus chips a China. Se trata de los productos A100 y H100. Ambos están diseñados para acelerar procesos de machine learning; es decir, son componentes enfocados directamente en inteligencia artificial para la obtención y análisis de datos con miras al reconocimiento de patrones tanto de lenguaje como de imágenes.

La cosa se pone todavía más peluda porque el H100 todavía no está desarrollado por completo. Su proceso de manufactura se lleva a cabo en China y será hasta finales de año que se comercialice de manera generalizada. Y la empresa californiana espera que sea un chip de inteligencia artificial único de su ramo; supuestamente, con desempeños hasta 30 veces mayores que su competencia en algunas de sus características base.

El veto de Estados Unidos se proyecta que le hará perder a Nvidia cerca de 400 millones de dólares en este trimestre; asimismo, el valor de sus acciones en el mercado bursátil cayó 14% en cuestión de días, tras el anuncio del gobierno. La lógica de la proscripción se encabalga a un miedo de que esos chips puedan ser empleados en tecnología militar; de hecho, no sólo se prohíbe venderlos a China, sino también a Rusia en un momento que sigue su confrontación con el resto de Occidente.

El discurso no es muy distinto al de 2019, cuando lo que se decía es que los teléfonos y gadgets chinos en territorio norteamericano podrían funcionar como instrumentos de espionaje constante. De tal modo, según la lógica estadounidense, representaban un riesgo militar considerable para nuestro vecino del norte. ¿Pero qué tanto esto es así?

¿Un pleito de nunca acabar?

El veto tecnológico de Estados Unidos a China en 2019 no prosperó demasiado. Los teléfonos Huawei y ZTE siguen funcionando sin mayor problema. Y la falta de acceso a Google permitió que se explorara, con éxito, la creación de sistemas operativos propios, sin mayores complicaciones para los usuarios (que al final del día son quienes más deberían importar a las autoridades que toman este tipo de decisiones). Sin embargo, la prohibición a Nvidia puede tener consecuencias mucho más complejas en la industria de la inteligencia artificial a nivel mundial. Incluso, esto podría suceder en el corto plazo.

Nvidia se encuentra en medio del más reciente episodio de la guerra comercial tecnológica entre Estados Unidos y China.
Imagen: PIxabay

La nueva regulación permite que Nvidia siga produciendo su chip H100 en China, aunque no lo venda allá. Frente a esa decisión, rápidamente puede haber una respuesta asiática agresiva, que imponga tarifas o aranceles a esa producción, en vez del apoyo que actualmente recibe. En buena medida, hay una sinergia importante en la industria, porque se trata de un chip que ofrece marcos de seguridad enormes al mismo tiempo que eficienta procesos logísticos en cualquier tipo de empresa que desee emplearlo.

Actualmente, Nvidia está empujando a la industria automotriz en todo el mundo (sobre todo en China) de cara al futuro de la automatización. Al trimestre está generando más de 220 millones de dólares, con incrementos de 45% en relación con el año pasado. Pero el paradigma del desarrollo de tecnología es el de la colaboración y cooperación, no el de los vetos y la prohibición. Continuar la guerra comercial en estos términos ayuda poco—sino es que nada—a la industria en su conjunto. 

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