Ya está aquí nuestra sección para recordar a los grandes compositores mexicanos que han dejado huella inigualable en nuestra identidad cultural. Porque gracias a su legado nuestros sentimientos, sueños, amores y desamores han sido musicalizados a lo largo de los años y han pasado de generación en generación.

Porque hay que darnos cuenta que la música es un lenguaje mucho más complejo de lo que podemos imaginar en primer instancia. Hay que escuchar las canciones como el registro de una época en concreto, por lo tanto, a través de ellas podemos tener contextos políticos, económicos, sociales y culturales que nos explican cómo era la vida en aquellos tiempos.

Así como la historia nos ayuda a conocer nuestro pasado y ambiciones a futuro, tener noción de nuestra identidad hará que nuestra cultura que hemos cosechado a lo largo de tantos años permanezca viva ante la amenazante -y meramente comercial- industria musical que cada día parece abarcar más nuestros oídos, llevando al olvido poco a poco el quiénes fuimos años atrás.

Esta ocasión recordamos al inigualable José del Refugio Sánchez Saldaña, mayormente conocido por los amigos como Cuco Sánchez, un hombre clave en nuestra identidad y quien dejó un centenar de canciones rancheras, con un estilo revolucionario, donde logramos percibir los entrañables paisajes de un México post-revolucionario.

 

 

Es graciosa la manera en que Cuco Sánchez vino al mundo, y al mismo tiempo pareciera que esa forma tan particular es la raíz de tan inigualable genio y amor a su tierra. Según anécdotas de su propia familia, el papá de Cucho Sánchez era Capitán Primero Pagador del Ejército Mexicano, y el 3 de mayo de 1921 él junto con su esposa, Felipa Saldaña Cabello de Sánchez, caminaban hacia un regimiento a Ciudad Victoria, Tamaulipas. A mitad del camino, en la Sierra de Altamira, Felipa comenzó a sentir los dolores de parto y la obligaron a parir en medio de la nada, en donde Cuco se desplomó sobre la tierra mientras lloraba y daba su primer cantada en el mundo. Extrañamente nació ciego, y aún más extraño, con el tiempo recuperó su vista.

La familia de Cucho Sánchez deambuló de un lado a otro en sus primeros años de vida, posteriormente su papá decidió ir al norte a enlistarse con el General Álvaro Obregón. Su mamá decidió llevar a Cuco y a su hermano José a vivir a la Ciudad de México en búsqueda de una vida más estable; sin embargo, la vida fue bastante dura durante toda su infancia. Una vez establecidos en la ciudad se convirtió en pastor y guiaba a su grupo de vacas y chivos.

 

 

Fue en aquellos recorridos por el campo que fueron inspirando al joven Cuco. De pronto demostró una gran facilidad por crear frases meramente románticas o un tanto poéticas. Esto le encantaba a su madre, así que Cuco aprendió a escribir poco a poco para escribirle todas las frases bonitas que se le venían a la cabeza, con el tiempo fue perfeccionando y creó escritos mucho más extensos, tiempo después mostró una gran facilidad para desarrollar melodías que acompañaran sus frases y pensamientos.

Fue así que decidido se dirigió a la XEW con sus escritos en mano para probar suerte y que fueran leídos por los grandes interpretes del momento. Muchas veces su suerte fue en vano, hasta que un día se topó con Alonso Sordo Noriega, quien le consiguió una oportunidad para entrar a los estudios y platicar con algunos músicos, fue así que logró que le grabaran algunas de sus canciones.

 

 

Pero fue hasta que un día en el programa Radio Mil, no se presentó el artista agendado, por lo que Paco Malgesto le invitó a que cantara, lo que podría considerarse como su primer presentación con el cual logró una aceptación inmediata por los escuchas. Desde allí su carrera fue en ascenso logrando fama y reconocimiento poco a poco.

Se le atribuyen a Cuco cerca de 450 canciones, muchas de ellas bajo pedido para “la época de Oro del Cine Mexicano”, en donde logró relacionarse con estrellas como María Félix y Pedro Almendariz.

Su música retomó un estilo revolucionario, en donde a través de las letras describió los paisajes, sentimientos y lugares del México que se le ponía frente a sus ojos, porque su talento radicó en eso: en la observación. A través de sus vivencias y recorridos Cuco logró separar el elemento clave para entretejerlo con sumo cuidado entre palabras hermosamente acomodadas.

 

 

Su música ha sido reinterpretada por un sinfín de músicos como Pedro Infante, Chavela Vargas, Joaquín Sabina, Pedro Guerra, Amalia Mendoza, entre muchos más. Sus letras han pasado a la inmortalidad; muchas de sus canciones las hemos cantado y tarareado sin -quizá- estar tan seguros de su autoría, e inmortalizó frases tan comunes como “la chancla que tiro no la vuelvo a levantar”, pero sin duda cuando escuchamos su música podemos tener una noción del sentir mexicano en tan entrañables años.

 

 

 

T: @hreveh

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