Con peras y manzanas: ¿qué tanto pasa con los hidrocarburos?

A la sacudida de los mercados de hidrocarburos todavía le faltan unos meses de suspenso. Particularmente, en un país como el nuestro en el que los aumentos de precios de las gasolinas impactan nuestras quincenas.

Por Raúl Bravo Aduna

A veces es difícil dimensionar los ajustes y movimientos de las economías globales como ciudadano de a pie… hasta que vemos esos impactos directamente en nuestros bolsillos u hogares. Algo así pasa —y ha pasado a lo largo de los últimos 13 meses— con los mercados de hidrocarburos en el mundo. Es imposible no notar cómo han variado los precios de la gasolina en nuestro día a día y algunas de sus consecuencias más directas en nuestras vidas cotidianas. Por ejemplo, en abril de 2020, el litro de Magna costaba 15.08 pesos en México. Un año después, la gasolina tiene un precio promedio aproximado de 20.06 (20.17 más o menos esta semana) en nuestro país. Es un aumento que ronda el 35%. Mi automóvil tiene un tanque de 41 litros; hace un año, se llenaba con 618 pesos; en esta semana que termina, me costó 826 pesos hacerlo.

Pero el impacto de los precios de la gasolina no termina en el combustible que se necesita para transportarnos —por supuesto, algo que no aplica nada más para vehículos privados—, va más allá y mucho más rápido de lo que nuestros ingresos mensuales a veces pueden soportar. La quincena pasada, los precios en México se aceleraron bastante para alcanzar su mayor nivel en dos años, superando el límite superior del rango objetivo de Banxico (3% +/- un punto porcentual); es decir, un incremento de inflación de 4.12% a tasa anual. Esta alzada de precios se ha visto particularmente en el gas doméstico, la tortilla de maíz y el huevo. Si nuestras quincenas no están rindiendo igual, no es porque nos las estemos botando en caguamas; más bien, es porque las cadenas de suministros (y de producción) se han visto afectadas en parte por el aumento de precio de las gasolinas.

Crisis internacional en los mercados de hidrocarburos

Tampoco hay que ser tramposo con los números. El precio de las gasolinas hace un año ya traían varias notas al pie que vale la pena considerar. En marzo de 2020, los precios del petróleo se fueron a los suelos, en gran medida, por dos factores que se conjugaron. Por un lado, el cierre de economías e industrias por la pandemia de covid-19 disminuyó la demanda en el mercado de hidrocarburos, tanto de consumo industrial como de individual. Países como China, que mueven la economía mundial, al detenerse casi completamente, redujeron su necesidad de utilizar petróleo. A una escala micro, lo mismo pasó con las personas que empezaron a quedarse en casa para guardar cuarentenas; sin la obligación de ir a trabajos y escuelas, se empezó a consumir menos gasolina. Se estima que la demanda global de petróleo cayó poco más de 20% en el primer trimestre de 2020.

Por otro lado, la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) se vio en medio de una crisis diplomática, cuando Arabia Saudita, para contrarrestar la crisis de demanda generada por el coronavirus, sugirió que se retuviera la producción de petróleo para aumentar sus precios en los mercados globales. Sin embargo, Rusia decidió hacer caso omiso. ¿La respuesta? Los saudíes empezaron a hacer descuentos a quien decidiera comprarles directamente y a ver quién podía seguirles la carrera hasta el fondo. En medio de todo eso, la mezcla mexicana andaba por los 12.50 dólares por barril; a nivel mundial, hasta noviembre de 2020 el promedio de precios apenas llegaba a los 40 dólares. Digo “apenas” porque los petroestados requieren que el promedio de precios esté por encima de los 60 dólares, entre 70 y 80 dólares de preferencia, para mantener balanceados sus presupuestos.

El repunte

Ahora bien, los precios de las gasolinas se mantuvieron bastante bajos a lo largo de 2020 por esta caída en la demanda, pero bajo cierto control de la OPEP. Hasta noviembre del año pasado, el precio de las gasolinas había bajado en 10.3%; sin embargo, en la medida que distintas economías en el mundo comenzaron a reabrir, se empezó a observar una tendencia al alza que continúa hasta el primer trimestre de 2021. La demanda por gasolinas ha aumentado de forma consistente en los últimos 4 meses; en especial, la de aquellos países asiáticos en franca recuperación económica, donde se espera que regresen a niveles prepandémicos en 2023 y concentren el 90% del consumo del mercado de hidrocarburos hasta 2025.

No obstante, la situación no es la misma en todo el planeta. En Europa, por ejemplo, con la imposición de nuevas cuarentenas la demanda de gasolinas comienza a bajar nuevamente. En Estados Unidos, la semana pasada, por primera vez se superó la demanda de combustible de 2020, pero todavía se encuentra 16% abajo de niveles prepandémicos. Y, en general, se contempla que nunca regrese al consumo de 2019, más que en picos temporales muy específicos. Sobre todo, cuando ya hay esfuerzos muy conscientes en el mundo por acelerar la transición energética global. Joe Biden planea invertir 2 billones (trillions) para descarbonizar la economía gringa. El paquete de estímulos para la recuperación de la Unión Europea frente al covid-19 contempla un 37% (de 800 mil millones de dólares) enfocado directamente a medidas de sostenibilidad climática. Y China activamente ha decidido transformarse en una electropotencia de cara al mundo post-hidrocarburos.

Vaya, no es fortuito que caímos en la broma de Volkswagen, de que ahora la empresa se llamaría Voltswagen. En estos años de cambio, parecía más que plausible.

Pero esto todavía no acaba

Los mercados de hidrocarburos saben que no pueden retener su producción demasiado tiempo. Los petroestados deben mantener los precios de las gasolinas lo suficientemente altos para mantener sus presupuestos balanceados, pero no tanto como para estorbar la recuperación de la demanda del combustible en una crisis (como se observa en Europa). Pero no por nada a la OPEP y a sus socios (OPEP+) se les conoce como un cártel. A principios de marzo, decidieron mantener un límite estricto a la producción del petróleo. Los precios, por consecuencia, se dispararon aún más; en un mercado global que ya resentía los aumentos, se esperaba que se liberara un suministro adicional para paliarlos. En ese contexto, en México, la Secretaría de Hacienda decidió reanudar los estímulos fiscales a las gasolinas Magna, Premium y diésel; sin embargo, después, se decidió retirar el estímulo a la Premium durante Semana Santa.

El jueves pasado, la OPEP+ por fin acordó un aumento gradual de la producción petrolera, entre mayo y julio de este año.  Incrementará en 350 mil barriles por día en mayo, se agregará el mismo volumen en junio y aumentará en 440 mil barriles por día en julio. Sin embargo, frente a este cambio de postura los precios aumentaron nuevamente, ya que sólo se interpretó como un movimiento conservador que va de la mano con el aumento paulatino de la demanda por gasolinas. 

Entre que son peras o manzanas, a la sacudida de los mercados de hidrocarburos todavía le faltan unos meses de suspenso. Particularmente, en un país como el nuestro, en el que el mercado negro del huachicol deja un boquete fiscal de más de 20,000 millones de pesos anuales y los aumentos de precios de las gasolinas impactan muy fuertemente nuestras quincenas, que ojalá nos pudiéramos botar en 2000 pesos de caguamas.

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