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¿Qué pasa con los plásticos en Jalisco?

El Gobierno de la Ciudad de México anunció la segunda etapa de prohibición de plásticos de un solo uso en la CDMX. ¿Y qué pasa en Jalisco?

Por Estefanía Ayala

Comenzando el 2021, recibimos la noticia de que la Secretaría de Medio Ambiente y el Gobierno de la Ciudad de México anunciaban la segunda etapa de prohibición de plásticos de un solo uso en la CDMX. Esta medida es parte de la Ley de Residuos Sólidos de la CDMX y contempla la prohibición de comercialización y distribución de múltiples insumos de plástico de uso único, como: cubiertos, mezcladores para bebidas, popotes, cotonetes, vasos, charolas para alimentos, entre otros. Previamente, en 2020 habían sido vedadas las bolsas de plástico desechable

Aunque la medida resultó irritante para productores de plástico, comercios y empresas que distribuyen alimentos o bienes acompañados o envueltos en plástico de uso único, ciertamente esta clase de medidas en las ciudades y las localidades del país son indispensables y urgentes.

¿Por qué prohibir y no apostar por el reciclaje?

Recordemos que para el año 2019, se estimaba que México producía alrededor de 7 millones de toneladas de plásticos, mientras que nuestra capacidad real de reciclaje apenas alcanza el 6.07%. Es así que la alternativa de reciclaje exhibe sus límites con creces. A este ritmo de producción-reciclaje, jamás alcanzaremos a recuperar los plásticos que actualmente encuentran su destino contaminando ecosistemas terrestres y acuáticos a nivel internacional. 

¿Y qué ocurre en Jalisco?

Pues bien, nuestras medidas han sido mucho más moderadas, —por no decir algo tibias— con respecto a la regulación de producción, distribución y uso de plásticos en el estado. En 2019 se publicó en el Periódico Oficial del Estado de Jalisco la Norma Ambiental Estatal (NAE) que estableció cuáles serían las características que debían tener las bolsas de plástico y los popotes dentro de nuestro estado. Esta medida no prohibió su producción y distribución, ni integró otros objetos plásticos de un solo uso, incluso dio marcha atrás a las iniciativas del Ayuntamiento de Zapopan que promovían una agenda más exigente para la reducción de plásticos de uso único dentro del municipio

La Secretaría de Medio Ambiente y Desarrollo Territorial (SEMADET) de Jalisco ha ratificado estrategias graduales y regulatorias, mas no prohibitivas. Por eso, sus apuestas son las capacitaciones paulatinas para desarrollar materiales alternativos al plástico y, mientras tanto, permitir que se sigan produciendo elementos plásticos de un solo uso, siempre y cuando tengan un cierto porcentaje de material reciclado en su composición. 

No obstante, las personas que habitamos el estado y que lo reconocemos como uno de los principales productores de plástico a nivel nacional seguimos preguntándonos, francamente, si esto es suficiente. Si bien la industria del plástico en nuestro estado permanece contenta con estas decisiones, seguramente los colectivos ecologistas, las comunidades que sufren el problema de mal manejo de residuos y las personas que buscan construir modos de relación que privilegien a la naturaleza y el bienestar de la vida humana y no humana no estaremos de acuerdo con la forma en que hasta ahora se ha desarrollado el curso de acción en materia de reducción de la contaminación por plásticos. La lentitud y mesura de las medidas en Jalisco no han estado a la altura de la celeridad con la que el problema se intensifica

Concluyo esta nota retomando algunas ideas de Annie Leonard —activista, investigadora y autora del libro Historia de las cosas—. Leonard nos invita a pensar que toda alternativa que pueda hacer contrapeso y plantear soluciones al problema de nuestro sistema de producción y consumo debe apoyarse en tres pilares: 1. la esfera gubernamental (que debe encargarse de crear leyes y normativas que protejan el ambiente y el derecho de las personas a un ambiente sano y libre de contaminación); 2. el sistema económico y las empresas (que deben acatar las regulaciones y transformar sus prácticas de producción, distribución y manejo de residuos en aras de la conservación de la naturaleza y la protección de la ciudadanía); 3. las personas y las comunidades haciendo ejercicio de participación política (pues somos nosotras quienes tenemos el derecho y la obligación de exigir, tanto a los gobernantes como al sector empresarial, que realicen justamente sus tareas para no ver perjudicado el equilibrio vital de la Tierra).

El trabajo aislado de cualquiera de estos pilares resultará insuficiente para atender las dimensiones de nuestra emergencia ambiental. Es por eso que, en este momento, cuando podemos ver que en Jalisco el pilar gubernamental y el sector empresarial se resisten a adoptar medidas imprescindibles para limitar la contaminación plástica, somos nosotras, las personas, los colectivos de protección natural y las comunidades vulneradas por los rellenos de residuos, quienes tenemos que alzar la voz y solicitar de manera incansable rutas de acción con un impacto inminente y de mayor calado en la preservación de la naturaleza. Otros países ya promueven políticas públicas que apuesten por la prohibición del plástico de un solo uso, han entendido que únicamente un cese de su fabricación nos llevará a transformar nuestras prácticas cotidianas y apremiará al sector económico a procurar un modelo de producción-consumo regulado no hacia el principio de mayores ganancias para los socios, sino al de menores impactos nocivos al planeta y respeto al derecho humano básico a un ambiente sano que permita el florecimiento de la vida.

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Estefanía Ayala es licenciada en Filosofía, Maestra en Investigación Educativa, defensora de la naturaleza y depositaria de esperanza en el poder de la palabra y la educación. Militante en Futuro Jalisco.

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